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ABC MARTES 16 8 2005 47 FIRMAS EN ABC RICARDO MANSO CASADO INGENIERO DE MINAS CONDENA A NO PROGRESAR Para que se pueda acumular población es necesario disponer de una mínima infraestructura, de la que el agua forma parte inexcusable... STAMOS en un año seco, uno más que los monótonos y acompasados ciclos climáticos nos traen a estas latitudes. Nada nuevo, como en cada ocasión repetida verbalizamos tópicos, añoramos pantanos y aguantamos resignados los embates de la naturaleza. El agua es tan importante que, incluso, se le ha dedicado una celebración o fiesta de dimensión global al año: día mundial del agua Este año recuerdo que fue en la segunda quincena de marzo. El evento es utilizado por los poderes públicos y por organizaciones sociales de diferente índole para poner de relieve, ante la sociedad, las bondades del agua y su imprescindible necesidad para la vida, así como la cada vez mayor escasez de la misma en condiciones de potabilidad adecuada para ser usada por el hombre. Todo ello acompañado de grandes proclamas que, en general, se centran a fame sitúo en la actualidad y la realidad me lleva a una resolución publicada el 7 de enero de 2005 en el Boletín Oficial del Estado. En ella el Ministerio de Medio Ambiente argumenta que la construcción de la presa de Bernardos (en el curso medio del río Eresma, afluente del Duero por la margen izquierda) es incompatible con el mantenimiento de las condiciones ecológicas actuales, a la vez que produciría impactos adversos significativos sobre el sistema socioeconómico de la población afectada. El embalse proyectado y aprobado en la anterior legislatura pasa al estado de no realizable. El argumento principal del rechazo de esta obra está en que su realización afectaría a la población de milano real, cigüeña y otras aves, a la vez que se destruirían 730 hectáreas de pinos y 44 hectáreas de fresnedas. La noticia trasciende al mero anuncio de un deseo político o de gobierno. Es algo que va más allá de la supresión del embalse. Significa el triunfo de los nuevos valores medioambientalitas, la nueva panacea sobre la permanente lucha que el hombre viene manteniendo para li- E vor de una utilización racional, del no despilfarro, la no contaminación y del máximo aprovechamiento. Algunas de las cosas repetidas en esa ocasión, así como las que se oyen en corrillos y tertulias cuando las restricciones se presienten, me aproximan a una imagen de mi niñez. En la escuela en la que aprendí las primeras letras había un cuadro con la fotografía de don Santiago Ramón y Cajal en el que se leía un mensaje que venia a decir que España tenía que sacar rendimiento de la totalidad de sus aguas fluviales antes de ser vertidas al mar. -El recuerdo sobre el que pesa más de medio siglo viene a ser España será grande cuando ninguno de sus cerebros se pierda en la ignorancia y ni una sola gota de su agua se vierta al mar sin haber sido aprovechada Pero pasado ese momento de conmemoraciones y memorias lejanas, MANUEL DÍAZ MARTÍNEZ ESCRITOR TRANCES DIABÓLICOS N los años iniciales de la revolución, yo era redactor del diario Noticias de Hoy, que se editaba en La Habana. Era la época en que sicarios batistianos que no habían podido escapar con el dictador cometían atentados y actos de vandalismo, aprovechando el desorden creado en el país por el brusco cambio de régimen. El edificio de nuestro periódico fue atacado con granadas en dos ocasiones. Para protegernos, los empleados nos constituimos en milicia. Una madrugada, estando yo de guardia en la íngrima trasera del periódico, un automóvil entró en la calle, en sentido contrario, desde una esquina próxima. Con los faros encendidos al máximo, avanzaba lentamente. Me parapeté detrás de un poste del alumbrado público y di el alto. El automóvil no se detuvo. Entonces, dando otra vez el alto, monté mi viejo Garand y apunté hacia el sitio del conductor. Como el automóvil siguió E avanzando hacia mí, apreté el gatillo. El fusil, una reliquia de la Segunda Guerra Mundial, no disparó. En ese momento, el coche se detuvo, se apagaron los faros y un individuo sacó medio cuerpo por una ventanilla agitando los brazos y gritando ¡no tire, miliciano, somos del Ejército Rebelde! Él y otros dos saltaron a la calle con las manos en alto. Eran de la Sierra Maestra y no conocían La Habana. No oyeron mis voces porque venían conversando y con la radio encendida. El chófer paró cuando me vio apuntándole desde el poste. Gracias a que mi fusil no funcionó- -luego nos dieron unas metralletas checas que al rozarles el gatillo vaciaban el cargador en un soplo- -hoy no arrastro un mal recuerdo como el que atormentará de por vida al policía que mató al joven brasileño en el metro de Londres. Y gracias a que aquellos locos eran lo que dijeron ser y no lo que, por lo que ya he dicho, pensé que eran, hoy puedo hacer el cuento. Por mal que se sienta el agente que disparó a quien no era sino un simple emigrante temeroso por tener caducados los papeles, peor, infinitamente peor se sentiría si, por incumplir las órdenes recibidas, hubiese permitido que de nuevo un terrorista kamikaze llenara de cadáveres destrozados un tren de pasajeros. Este agente no le disparó a un indocumentado inofensivo, sino a un hombre- bomba que no era tal, como se descubrió después. Matar es un verbo severo: designa una acción definitiva, sin marcha atrás, sin posibilidad de rectificación. Evitemos matar. Pero también evitemos que nos maten. Si tenemos, como el policía de Londres, la misión de proteger a los pasajeros de un metro que ha sufrido y puede seguir sufriendo atentados mortíferos, no nos queda otra opción, en circunstancias similares, que actuar como él. El infortunado emigrante brasileño y el celoso agente británico que, por la conducta alarmante de aquél (se dio a la fuga cuando le dieron el alto) lo tomó por un terrorista suicida y lo mató son, en el momento en que concluyo este artículo, las últimas víctimas de los atentados de Londres. berarse de ataduras y, así, alcanzar cada vez mayores cotas de libertad y por ende de felicidad. Esta nueva filosofía, en su línea extrema y más descarnada, mantiene como idea básica que hombre y naturaleza son incompatibles y, en cualquier caso, la naturaleza ha de prevalecer sobre el hombre. El naciente ideario no considera al ser humano parte de la naturaleza, cuando realmente es el fruto más avanzado de la evolución y su pervivencia la ha logrado a base de usar los recursos y fuerzas de su entorno. En lo que se refiere a la zona, la no realización del embalse implica, como aspecto más relevante, la condena de esos lugares a no ser habitados por grupos significativos de personas, en beneficio de su ocupación por algunas aves y por un tipo de pinos que, hace solo unas cuantas décadas, fueron plantados allí para la explotación de la resina. Con la decisión tomada, la zona queda anulada para albergar núcleos importantes de población y por tanto excluida de cualquier progreso. Para que se pueda acumular población es necesario disponer de una mínima infraestructura, de la que el agua forma parte inexcusable. El área comprendida entre el embalse negado y más allá de los limites de las provincias de Avila y Valladolid con la de Segovia no alberga de acumulaciones superficiales de agua reseñables y las escasas subterráneas que había han sido esquilmadas, su única posibilidad es el embalse prohibido. Y todo esto justo en oposición a la segunda razón dada para la no construcción del pantano: y que llevaría a impactos adversos significativos sobre el sistema socioeconómico de la población afectada Con la ejecución de la obra que se había proyectado, la actual población no sufriría prácticamente ningún perjuicio económico, pues su actividad económica se basa en la agricultura cerealista que no es afectada, mientras sí lo son los referidos pinares y choperas que en estos momentos no tienen actividad económica. Y en lo que respecta al futuro, la zona ha de experimentar alguna transformación en su estatus económico, pues la actual realidad cerealista se extinguirá en poco tiempo. La decisión tomada es de tal gravedad que debería, en los aspectos generales, conducir a reflexionar sobre los valores que animan a nuestra sociedad. Y en cuanto a la repercusión local, lo único positivo que se puede esperar y desear es que la inversión que se ha negado a esa zona sea empleada en beneficio de actividades que repercutan positivamente en el conjunto de la Nación. Como en tiempos de don Santiago Ramón y Cajal seguimos dejando que el agua llegue al mar sin que antes haya contribuido a nuestro desarrollo y bienestar.