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26 MARTES 16 8 2005 ABC Madrid Miles de madrileños vencen el fuerte calor y se unen a los bomberos en la fiesta de la Paloma El alcalde refuerza con su presencia un año más la tradición más castiza del verano de la capital la polémica suscitada el año pasado en la celebración por el enfrentamiento laboral entre el Cuerpo de Bomberos y el Ayuntamiento CARLOS HIDALGO MADRID. Un año más se cumplió la tradición y Nuestra Señora de la Paloma fue la protagonista del ecuador de agosto. El terrible calor que azotó ayer Madrid no impidió que miles de fieles de los de siempre- -acompañados de más rostros jóvenes que en ocasiones anteriores- -se echaran a la calle en una jornada que arrancó con la solemne misa y posterior bajada del lienzo de la Virgen de manos de una representación de los Bomberos del Ayuntamiento, y la ofrenda floral, en la que también participó el alcalde de la capital, Alberto Ruiz- Gallardón. Ya por la tarde, la procesión de la Virgen de la Paloma recorrió el Madrid más castizo. En ella, además de al alcalde, pudo verse al vicepresidente segundo y consejero de Justicia e Interior, Alfredo Prada, que acudió en representación de la presidenta de la Comunidad, Esperanza Aguirre. Las inmediaciones de la calle de la Paloma, desde la gran vía de San Francisco, amanecieron a media mañana. Al mediodía comenzaba una misa en el Santuario de Nuestra Señora de la Paloma que fue la antesala de lo allí habría de ocurrir después. Muchos de los presentes hicieron doblete y se quedaron a la segunda celebración eucarística, que comenzó a la una de la tarde, y en la que participaron el alcalde; la presidenta del distrito de Arganzuela, Eva Durán; su homónimo de Centro, Luis Asúa, y la portavoz municipal del PSOE, Trinidad Jiménez. La entrada del primer edil en el templo fue acompañada de una cerrada ovación y aplausos, que Ruiz- Gallardón agradeció con un leve gesto. Y lo mismo ocurrió cuando llegó la representación del Cuerpo de Bomberos del Ayuntamiento- -del que es patrona la Virgen de la Paloma- compuesta por diez efectivos y otros tantos oficiales, que lucían sus uniformes de gala para la solemne ocasión. Lejos quedaba, por tanto, la polémica en que se vieron envueltas las celebraciones del año pasado, con las prob Lejos quedó Una vinculación casi centenaria llena de historia La vinculación del Cuerpo de Bomberos del Ayuntamiento de Madrid con Nuestra Señora de la Paloma comenzó hace casi un siglo, cuando varios feligreses pidieron ayuda a algunos efectivos municipales que hacían maniobras cerca de la carrera de San Francisco para que bajaran el cuadro de La Paloma y llevarlo en procesión. El lienzo con la efigie de la Virgen de la Soledad fue hallada en el año 1787, en un corral que había en el número 21 de la calle de la Paloma. Era propiedad de las monjas de San Juan de la Penitencia de Alcalá de Henares. Una de las feligresas, llamada Andrea Isabel Tintero, recogió una efigie de la Virgen que unos niños estaban arrastrando por el suelo. El hecho llevó a la mujer a colocar el cuadro en la puerta de su propia casa, en la calle de la Paloma, y encendió una lámpara para rendirle culto. Y de esa manera comenzó la devoción por esta Virgen. Los Bomberos, en el momento en que bajaban la imagen de la Virgen Tras la misa, el Piquete de Gala de los Bomberos procedió al descenso de la Virgen de la Paloma El alcalde de la capital, Alberto Ruiz- Gallardón, como un devoto más, besó la Santa Imagen Se hicieron entrega de las palomas que concede la Hermandad de Bomberos a personas y colectivos destacados Ruiz- Gallardón realiza la tradicional ofrenda floral a Nuestra Señora de la Paloma testas de los Bomberos por mejoras laborales. Tras la misa, el Piquete de Gala de los Bomberos procedió al descenso de la imagen de la Virgen, que preside el retablo de San Pedro el Real. El momento estuvo cargado de emoción, con vítores a la Madre de Dios, pero también los funcionarios municipales encargados de realizar el descenso. Hubo, incluso, alguna despistada que gritó: ¡Viva La Macarena! Los aplausos no sólo provenían de los cientos de madrileños que se agolpaban en el santuario, donde el calor era extremo y el batir de abanicos se convertía en la banda sonora improvisada de la jornada. La alegría y la devoción también se dejaban oír a las afueras del templo. Al final de la bajada, primero los presbíteros que la oficiaron y después