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ABC MARTES 16 8 2005 Internacional 25 JÜRGEN HABERMAS Filósofo. Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales 2003 El Estado debe ser muy cuidadoso con las reservas morales porque están agotándose -En estos momentos la UE carece de empuje. ¿Realmente cabe alguna posibilidad de que exista un patriotismo constitucional europeo? -En la actualidad Europa se encuentra en una situación penosa. El hecho de que Donald Rumsfeld haya sido capaz de dividir el continente en una vieja y una nueva Europa prácticamente de la noche a la mañana nos ha hecho tomar conciencia de hasta qué punto todos nosotros percibimos la realidad política presente desde la perspectiva limitada y a menudo distorsionante derivada de nuestras propias experiencias y de nuestros propios traumas históricos nacionales. Los egoísmos sociales se pueden abordar recurriendo al procedimiento clásico de la asunción de compromisos, pero los mitos nacionales, no. Éstos forman una ilusoria red salvadora en la que resulta demasiado fácil dejarnos caer cuando algo nos da miedo y perdemos el equilibrio. Lo que quiero decir con esto es que lo que alienta Europa no es ninguna modalidad de patriotismo, sino la confianza elemental en que los otros, sean cuales sean en cada caso concreto, no nos van a dar gato por liebre en cuanto surja una situación de conflicto. Y esta confianza básica no podrá existir mientras no nos concibamos a nosotros mismos como miembros integrantes de una misma comunidad. Para unos la OTAN es más digna de confianza que la UE, para otros el estado del bienestar europeo constituye un referente mucho más fiable que el liberalismo hegemónico que impone mercados y elecciones libres aunque para ello tenga que recurrir a la violencia militar. -En 2001, usted trató de reconciliar la Ilustración con el pensamiento religioso en un debate en la iglesia de San Pablo y eso le llevó a polemizar con el cardenal Ratzinger. ¿Hasta qué punto es cristiana Europa? Además, se plantea otro interrogante: ¿Qué país es más europeo, Turquía o Ucrania? -Desde el Vaticano II la Iglesia Católica ha hecho las paces con el liberalismo es decir, con el Estado de derecho y la democracia. Por lo tanto no existían grandes diferencias entre el punto de vista del entonces cardenal Ratzinger y el mío por lo que respecta a la cuestión de los fundamentos prepolíticos de la democracia Los puntos en común abarcan también ciertas cuestiones bioéticas que se plantean hoy en día como consecuencia de los avances de la medicina, la ingeniería genética o la investigación del cerebro. Mi amigo Johann Baptist Metz, que tomó parte en aquel debate a instancia mía, En vísperas de la visita de Benedicto XVI a Alemania, el filósofo Jürgen Habermas reflexiona sobre las raíces cristianas de Europa, el liberalismo y la neutralidad del Estado TEXTO ADAM KRZEMINSKI FOTO MARIO ROJAS Habermas cree que la política se está retirando de los ámbitos vitales ESTADO LAICO El precepto de neutralidad no desemboca en una política religiosa laicista CAPITALISMO Si no se frena, fomentará la implantación de una modernización exhausta y emprobrecedora BENEDICTO XVI Todo parece indicar que desea reforzar el papel de la Iglesia para hacer frente a una situación en la que los cristianos pasen a ser una minoría se mostró un tanto desconcertado por el tono apacible que imperó en el debate. Pero como no católico no quise inmiscuirme en la polémica teológica y político- eclesiástica. Lo cual no quiere decir que ya no existan opiniones encontradas. Por ejemplo, no considero los posibles ingresos de Turquía y Ucrania en la UE como una opción disyuntiva. El hecho incontestable de que la cultura europea esté profundamente enraizada en el cristianismo no puede comprometer la comunidad política de los ciudadanos europeos única y exclusivamente con los fundamentos de los valores cristianos. La Unión Europea, al igual que todos los estados miembros, está obligada a mantener una neutralidad ideológica frente a un número de ciudadanos no creyentes y no cristianos en vertiginoso aumento. Pero esto no debe exacerbarse hasta dar lugar a una ideología secularizada. El precepto de neutralidad frente a todas las comunidades religiosas y todas la ideologías no desemboca necesariamente en una política religiosa laicista que hoy en día es criticada incluso en Francia. Creo que el Estado liberal debe ser muy cuidadoso con las reservas que alimentan la sensibilidad moral de sus ciudadanos, porque además esto es algo que redunda en su propio interés. Estas reservas amenazan con agotarse, sobre todo teniendo en cuenta que el entorno vital cada vez está más sujeto a imperativos económicos. Siguiendo el dogma neoliberal, la política actual se retira cada vez más de ámbitos de importancia vital como la formación, la energía, los transportes públicos, la cultura y los sistemas de previsión frente a los riesgos habituales de la vida laboral, abandonando a su suerte a los denominados perdedores de la modernización. Si no refrenamos al capitalismo, éste fomentará la implantación de una modernización exhausta y empobrecedora. Como consecuencia de esta tendencia al resecamiento de todas las sensibilidades normativas, se produce una transformación de la constelación política entre Ilustración y religión. En calidad de ciudadano laico, creo que el saber y la fe deben reflexionar sobre sí mismos a fin de redefinir sus propios límites. ¿Qué importancia puede tener para Europa y Alemania la elección de Joseph Ratzinger como nuevo Papa? -Me alegra ese gesto del Papa de haber elegido Colonia como destino del primero de sus viajes. Como es natural, en Alemania también se percibe la proximidad personal con su predecesor. Pero los ciudadanos no creyentes o pertenecientes a otros credos religiosos no tienen por qué reaccionar necesariamente ante el nuevo Papa con la misma frialdad que Timothy Garton Ash. Podría ocurrir que la descristianización de Europa siga avanzando al mismo ritmo que reflejan las estadísticas de los últimos 60 años, con las únicas excepciones de Polonia e Irlanda. Pero hay toda una serie de explicaciones sociológicas convencionales que dan cuenta de este fenómeno. De lo que no cabe duda es de que la culpa no será del nuevo Papa. Por lo demás, la referencia simbólica a Benedicto de Nursia que entraña la elección del nombre de Benedicto XVI parece indicar que el propio Papa cuenta con esa posibilidad y desea reforzar a la Iglesia para hacer frente a una situación en la que los cristianos pasen a ser minoría. EDA Die Welt