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ABC MARTES 16 8 2005 21 Desacuerdo en Irak entre suníes, chiíes y kurdos en torno al borrador de la futura Constitución El avión chipriota era un ataúd volante antes de estrellarse el domingo cerca de Atenas Jóvenes poseídos que rezan de manera compulsiva; familias enteras con sus cochecitos de bebé; adolescentes de acné fresco forman una barrera humana que hace imposible la entrada de los soldados en Netzer Hazani El cartero nunca llama dos veces J. CIERCO REUTERS dreado en la playa de Shiram Hayam, donde acampan centenares de adolescentes con el acné fresco a flor de piel. También a flor de piel están los ánimos entre los residentes en las colonias de Gush Katif y los infiltrados de extrema derecha llegados de Cisjordania y otras partes de Israel. Los unos quieren llevar hasta sus últimas consecuencias su resistencia, no les importa que de pacífica pase a violenta, algo en lo que la mayor parte de los colonos judíos de la Franja no están de acuerdo. NETZER HAZANI (GUSH KATIF) Netzer Hazani vivió ayer su noche más corta. Casi nadie quiso acostarse después de que, en la medianoche, el Ejército cerrara, 38 años más tarde, la puerta de acceso a Gaza. Casi nadie quiso meterse en una cama a punto de ser embalada. Varios retenes de jóvenes, de adolescentes que se informan los unos a los otros a través del teléfono móvil, vigilan la puerta de acceso al asentamiento, a la espera de la llegada, en cualquier momento, incluso antes del amanecer, de los soldados israelíes dispuestos a entregar las cartas de evacuación. Los más rebeldes siembran la carretera de cristales y clavos, y despliegan una enorme pancarta en la puerta de hierro naranja, manejada por control remoto: Un judío no expulsa a otro judío La llegada de un autobús, envuelto en la oscuridad de una noche a punto de pasar el testigo a otro amanecer naranja en la Franja, revoluciona el ambiente. Decenas de jóvenes se arremolinan en torno a la puerta cerrada a cal y canto. La intención, impedir el paso del autobús, aunque no viajen en el vehículo policías de fronteras ni soldados del Tsahal sino periodistas extran- jeros devueltos a la que ha sido su casa durante la última semana. Por obra de magia, más bien por obra de la mujer más mediática de la Intifada de los colonos, Anita Tucker, el portón metálico se abre a ritmo de cantos religiosos, de salmos, de rezos compulsivos de unos adolescentes con cara de pocos amigos. La estampa, que se repetirá varias veces a lo largo del día, no tiene desperdicio. Además de los jóvenes y adultos, todos de sexo masculino, reunidos con sus Torás en la mano junto a la puerta de Netzer Hazani, una grúa y varios coches bloquean el paso en segunda fila. Más allá, una barrera humana compuesta por cochecitos de bebés, mujeres embarazadas que llevan a sus otros hijos en brazos, familias enteras con sus retoños a cuestas... una barrera infranqueable para cualquier Ejército que reparte cartas sin fuerza; que, a diferencia de lo que su- cede con las manifestaciones de protesta en Cisjordania, con palestinos como primeros espadas, no sólo no es disuelta con contundencia sino que empuja a los agentes de seguridad a dar marcha atrás. Ya entregarán las cartas de expulsión más tarde, o mañana, o nunca, puesto que no tienen el imperativo legal de hacerlo, sino que pretenden realizarlo por respeto. ¡Antisemitas! ¡Los judíos no expulsan a los judíos! ¡Antisemitas! les gritan los más exaltados mientras el shofar el cuerno de la liturgia judía, apaga el eco de sus palabras fuera de tono. Los ánimos se calman, bajo un calor insoportable, hasta que comienza a caer la noche, hasta que en medio de una tensión que se dispara a medida que pasan las horas, aparece en la distancia otro vehículo militar con más carteros a bordo. Pero esta vez no se atreven siquiera a llamar de nuevo. Se dan la vuelta antes de golpear la puerta por segunda ocasión consecutiva. Su marcha levanta pasiones. Hoy, más. Mañana, de no entrar en razón los iluminados de Netzer Hazani, jaulas con gruesos barrotes de hierro oxidado para todos. ¡Los judíos no expulsan a los judíos! ¡Antisemitas! gritan los más exaltados a los soldados israelíes Al borde del desastre No lo están por muchas razones (incluidas las compensaciones económicas) pero, sobre todo, porque temen que un solo disparo en la dirección equivocada, que alcance a un soldado o a un colono, pueda desatar una crisis interna de niveles desproporcionados. Para intentar calmar los ánimos, no está claro que lo consiguiera, se dirigió a la nación en un mensaje de apenas 5 minutos el padre de la colonización de la Franja y Cisjordania (donde ayer se desmantelaron dos enclaves) y el arquitecto de la descolonización de Gaza, el primer ministro de Israel. Ariel Sharón no pidió perdón a los colonos; reconoció que su plan provocará profundas cicatrices en la sociedad hebrea; amenazó a los palestinos con un ataque en toda regla si la retirada se llevaba a cabo bajo el fuego; instó a Mahmud Abbas a una respuesta de paz para el futuro y lanzó un mensaje de ánimo a los soldados, de los que su nación está orgullosa Un soldado israelí entrega la carta de evacuación a una familia de colonos en Nisanit, en el norte de la Franja REUTERS