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20 MARTES 16 8 2005 ABC Internacional Los colonos de Gush Katif plantan cara al Ejército y rechazan las órdenes de evacuación Sharón reconoce que su plan provoca profundas cicatrices en el rostro de Israel b Brotes de violencia entre poli- cías y militares israelíes contra la mitad de los colonos de los asentamientos, que se quedarán hasta que sean evacuados por la fuerza JUAN CIERCO. CORRESPONSAL GUSH KATIF. Dos ejércitos frente a frente. Los soldados de las Fuerzas Armadas más poderosas de Oriente Próximo, eso sí desarmados, frente a los soldados de Dios, que así se han bautizado los colonos de Gush Katif que rechazan la orden de evacuación dictada por Ariel Sharón. Dos ejércitos frente a frente, con soldados judíos en ambos bandos, con brotes de violencia durante las primeras 24 horas de un día histórico en el que quedó claro que costará sudor y lágrimas, muchos temen que también corra la sangre, vaciar la Franja después de 38 años de ocupación. La tensión se corta con un cuchillo por mal afilado que esté. Salvo en las tres colonias del norte y en algunas de las más pequeñas y menos religiosas y nacionalistas de Gush Katif, los demás asentamientos de Gaza se encuentran en estado de alerta máxima. Los soldados y policías israelíes que llegan hasta allí con la buena intención de entregar la carta de la evacuación a cada una de las más de 1.500 familias aquí censadas se encuentran con una enorme puerta metálica, pintada de naranja, con pancartas alusivas a su falta de consideración judía, que les impide el paso y cumplir con su misión. Sara Dodan, adiós en 150 palabras J. C. NETZR HAZANI. Madre. De cinco hijos. Abuela. De dos nietos. Tunecina de origen. Judía. Divorciada. Serena. Elegante. Rota. Por dentro. Por fuera. Ojeras. Lágrimas. Una vida. Treinta años aquí. Netzer Hazani. Empujada, invitada, llevada de la mano de la Agencia Judía. El pasado. Partos. Barmitzva (comuniones) Su futuro. Una incógnita. Una casa demolida. Escombros. Fotos familiares. Recuerdos. De niños. Luego adolescentes. Más tarde hombres. Mujeres. El último shabat. Palabras sentidas. Detalles cariñosos. De los hijos. De los nietos. Una mudanza resignada. Atada a la tele. Milagro imposible. Cada vez menos días. Cada vez menos horas. Cada vez menos tiempo. Un sofá. Una nevera. Y la tele. Unos colchones por los suelos. Unos bienes empaquetados. Una lenta espera a la espera de la llamada a la puerta. Un golpe seco. Una carta de despedida. Una orden inquebrantable. Una salida inevitable. Un adiós, que no un hasta luego. Un colono judío llora junto con dos soldados al evacuar ayer una sinagoga en Gaza rante décadas a cualquier precio. Nunca se irán por cuenta propia. Sólo lo harán a rastras, con los pies por delante, encerradas en jaulas de gruesos barrotes de hierro. ción compartida de evacuados y evacuadores. El suministro de alimentos ha sido cortado. No circulan más vehículos por el paso fronterizo de Kissufim que los militares o los camiones de mudanza. También algunos autobuses con contados periodistas. Uno de ellos, ape- Movilización militar El cerco se estrecha poco a poco. El Ejército y la Policía ya han movilizado tanquetas blindadas, cañones de agua, agentes a caballo. Por ahora miran y lloran, como les sucedió a algunos efectivos durante la jornada de ayer al no poder resistir la presión de los colonos o asistir, por ejemplo, al desmantelamiento de la sinagoga de Nisanit, retirando los rollos de la Torá entre la emo- Los soldados y policías israelíes se encuentran con pancartas alusivas a su falta de consideración judía Sin prisas El Ejército y las autoridades políticas no quieren por el momento pisar mucho más el acelerador. Hasta esta medianoche no expira el período de gracia concedido a los colonos para una salida de la Franja por voluntad propia, y el Estado Mayor del Tsahal confía en que se supere el éxodo previsto de unas 800 familias, un exiguo 50 por ciento del total. De hecho, según ha reconocido el propio Gobierno de Israel, unas 400 familias han rechazado las compensaciones ofrecidas para hacer la salida de Gaza mucho menos dramática, mucho más llevadera. Están decididas a quedarse en las que han sido sus casas du- Dos soldados canadienses, heridas en un atentado en Egipto junto a la frontera de Gaza L. L. CARO CIUDAD DE GAZA. Dos mujeres militares de nacionalidad canadiense, pertenecientes a la Fuerza Multinacional de Observadores de la ONU que asiste la retirada de los asentamientos judíos, resultaron ayer heridas leves al estallar un artefacto explosivo en las proximidades del aeropuerto de El Gorah, situado al noreste del Sinaí egipcio, a 15 kilómetros de la frontera con la Franja de Gaza. La explosión, provocada por una bomba o una mina, se produjo a las ocho de la mañana y afectó muy gravemente al autobús que salía del aeródromo, donde la FMO tiene instalada la sede de su Estado Mayor, y en el que viajaban las dos mujeres. El gobernador de la provincia del norte del Sinaí, Ahmad Abdel Hamid, informó que en el lugar de los hechos se halló un artefacto casero construido con una bombona de gas conectada por un cable a un temporizador si bien no pudo precisar cuál fue el origen de la explosión. El incidente coincide con el inicio de la retirada de los colonos israelíes de los territorios ocupados, y pocos días después de que Egipto anunciara que muy pronto firmará un acuerdo con Israel para reemplazar al Ejército de Ariel Sharón en el control la frontera con Gaza, por la que se filtran armas de contrabando que van a parar a las milicias palestinas. Según este pacto- -primero que alcanzan ambos países tras el fin de sus hostilidades en 1979- -el Cairo desplegará 750 policías en el corredor, aunque, no obstante, ha avanzado su intención de no ejercer la responsabilidad de vigilancia en solitario.