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18 Nacional MARTES 16 8 2005 ABC La regularización les ha permitido reunirse con su familia años después. Tres inmigrantes nos cuentan su experiencia Los con papeles vuelven a casa por vacaciones TEXTO: MIGUEL ÁNGEL BARROSO MADRID. Cuando salieron de sus países en busca de un futuro mejor su escaso equipaje incluía el billete de ida... pero no el de vuelta. Ninguno de ellos creyó entonces que la espera fuera a ser corta, pero quizás tampoco tan larga: tres, cuatro, cinco años sin ver a sus padres, a sus hermanos, a sus hijos, sin compartir tantas cosas que el día a día va desgranando, temiendo que cuando se produjera el deseado reencuentro aquellas personas fueran unas desconocidas. Después de dar muchos tumbos, el reciente proceso de regularización les ha dado la oportunidad de regresar a sus hogares por unos días, apenas unas minivacaciones pero suficientes para sufrir una descarga de emociones. Los papeles han sido para ellos no sólo una garantía de legalidad, sino un salvoconducto para viajar fuera de España y volver sin problemas. El precio que pagan ahora es una cierta melancolía. Las compañías aéreas sacan partido Los casi 700.000 inmigrantes que accedieron al proceso de normalización del Gobierno son clientes potenciales de compañías aéreas y agencias de viaje. No todos los extranjeros han podido viajar este verano, pero es un hecho que empresas como Iberia o Air Plus Comet han aumentado durante las últimas semanas sus frecuencias a Iberoamérica. Los datos del primer trimestre de este año ya eran esperanzadores, con una subida del 25 por 100 en el tráfico hacia el Nuevo Continente. El factor inmigración fue clave, pero esto no ha hecho más que empezar. JOSÉ GARCÍA Yustyna Kliysa Inmigrante ucraniana Me presenté en mi casa por sorpresa tras un viaje de 50 horas en microbús La espera duró 4 años. Yula- -como le llaman sus familiares y amigos- -no pudo reservar un billete de avión porque no sabía cuándo conseguiría la ansiada tarjeta de residencia. Así que cuando tuvo el documento en su poder se lió la manta a la cabeza y se enroló (casi podría describirse de esta forma) en un microbús fletado por un compatriota: 50 horas de ida, y otras tantas de vuelta. Una minucia comparada con las más de 35.000 horas de espera desde que esta ucraniana, profesora de Química en su otra vida, empleada de hogar en ésta, se separó de sus dos hijos. Me presenté allí por sorpresa. Quería que fuera así. Sentí una emoción muy grande dice, y se le encienden los mofletes por el recuerdo y por el pudor de su defectuoso castellano, del que se disculpa a menudo, y no hay nada que disculpar. Mi hija tiene 20 años y estudia Enfermería, y mi hijo, de 27, no tiene nada fijo, así que quiere venirse a España. No hay mucho futuro en Ucrania. No es que falte el trabajo, pero está muy mal pagado. Mi marido tenía allí una pequeña empresa de construcción con varios obreros, y tuvo que cerrar Durante estos años hablaba por teléfono con sus hijos a menudo, pero ninguna de esas palabras, ni todas ellas juntas, pudieron superar el momento de la primera mirada silenciosa en el reencuentro. Su marido, que vino a España casi al mismo tiempo desde IvanoFrankivsk, ciudad situada al oeste de Ucrania, del tamaño de Valencia, más o menos le hace suplencias en las casas donde ella trabaja, y también consigue empleos temporales en la construcción. Aún espera que se resuelva su expediente para obtener los papeles. Queremos regresar, pero no antes de tres o cuatro años continúa Yula. Hay que esperar mejores tiempos, y necesitamos ahorrar para comprarnos una casa más grande en Ucrania Seguro que entonces algunas de las personas que disfrutan de sus guisos, en especial ese pollo dorado por fuera y tierno por dentro que le sale a las mil maravillas, la echarán de menos.