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ABC MARTES 16 8 2005 Opinión 5 MEDITACIONES LA CIZAÑA A HORA que- -como leerán ustedes unas páginas más allá- -el PSOE se ha puesto como meta dar la vuelta a la tortilla municipal y recuperar el liderazgo en las grandes ciudades, Madrid aparece como el bastión popular a derribar. Los socialistas dicen que les salen las cuentas y se aprestan a redoblar sus esfuerzos en la tarea, lo que al parecer incluye el explotar el filón de la ausencia de feeling (eufemismo a sustituir por tirria entre Aguirre y RuizGallardón. Desde Génova ya se ha hecho el aviso a los dos navegantes: No dejarse cizañar Tras el último desencuentro sobre el culpable del olímpico fiasco que se trajeron de Singapur, no aparecen en el horizonte cercano puntos de colisión entre la presidenta y el alcalde. No es que vayan a quererse con locura, pero no tienen intención de acogerse a la hispánica manía de tocarse las narices. MARCO AURELIO LEER Y PENSAR LOS ESPAÑOLES Y LA BOMBA IRANÍ ¿DÓNDE SE ENCUENTRA LA SABIDURÍA? DE HAROLD BLOOM Taurus Madrid, 2005 260 páginas 20 euros U Literatura y sabiduría El autor busca en las grandes obras literarias, ante todo, la sabiduría. En este libro sigue su rastro a través del Eclesiastés y del Libro de Job, de Homero y la querella platónica contra él, de Cervantes y Shakespeare, Montaigne y Bacon, Johnson y Goethe, Emerson y Nietzsche, Freud y Proust. Y concluye con una indagación acerca de la sabiduría cristiana a través del Evangelio de Tomás y de san Agustín. Una nueva exhibición de la sagacidad de su pasión de lector. Y, sin embargo, asaltan dudas y reservas. Es natural, dada su dedicación, su preferencia por la literatura sobre la filosofía, pero la Universidad y la tradición de la enseñanza de los libros sabios debe más al platonismo y a la filosofía que a Homero y a la literatura. También es cuestionable la coherencia de sus tesis con su adhesión al aforismo nietzscheano de que los más grandes acontecimientos son ideas. Buena parte de la sabiduría de las grandes obras literarias puede ser formulada como tesis filosófica. No hay sabiduría sin (búsqueda de la) verdad. ¿Puede un gran libro estar, en general, equivocado? IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA NA cierta invertebración de la opinión pública española no es invento de un viejo malhumor regeneracionista. Ostentamos una gran volatilidad, una notable capacidad de olvidar hoy lo que pasó ayer y, sobre todas las cosas, una indiferencia monumental ante lo que ocurre en el mundo. Según datos recientes del CIS, un 50.5 por ciento no tiene ningún interés por los acontecimientos que sucedan en otros países y un 46.1 por ciento se declara poco o nada ligado a la Unión Europea. Son datos posteriores al sí español al Tratado Constitucional Europeo. Es un estado de opinión propio de otras épocas y escasamente idóneo para un mundo en el que la defensa de los intereses nacionales requiere de una inmersión constante en la interdependencia, europea y mundial. Dicho de otro modo: el ciudadano debe estar lo suficientemente informado para hacerse una opinión sobre lo VALENTÍ que es mejor para su país. O mejor PUIG dicho: tenemos que poder entender qué es lo menos malo para España. Ahora Irán quiere tener su bomba atómica y su nuevo presidente, el radical Mahmud Ahmadineyad, ha formado un gobierno más o menos ultrafundamentalista. Triunfan el inmovilismo y el empeño de arsenal nuclear. Ganan terreno la censura y el acoso a la disidencia. Las cosas como son, resulta que en conjunto la sociedad iraní- -según no pocos analistas- -se identifica con la ambición nuclear de los herederos de Jomeini. Quienes en Occidente se alegraron de la caída del sha Reza Pahlevi- -en parte autoritario y del todo kemalista- -quizás algún día se disculpen por haber aclamado el acceso al poder de un Jomeini totalitario. Si hace meses dábamos por caducado el fundamentalismo en Irán, ahora la revolución de los ayatollás reemprende el vuelo, con ganas de disponer de la bomba atómica. Hasta ahora, los Estados Unidos- -en términos diplomáti- cos- -estaba haciendo de policía malo y la Unión Europea ejercía de policía bueno Todo ha sido bastante inútil, como puede serlo llevar las cosas al Consejo de Seguridad de la ONU, donde Teherán contaría con la complicidad de Rusia y China, porque ya sabemos la importancia que tiene el petróleo. De todos modos, China y Rusia han respaldado la resolución de la Agencia Internacional de la Energía Atómica pidiendo a Irán el cese de la conversión de combustible nuclear. El historiador Niall Ferguson recordaba en The Sunday Telegraph lo que dijo Henry Kissinger cuando estalló la guerra entre Irak e Irán: Es una lástima que no la pierdan los dos Pero ahí estaba otra vez, procaz y cínico, el dilema del menor de los males, como estaba en el apoyo a la resistencia islamista a la invasión soviética de Afganistán. Sea como sea, la preponderancia actual de Irán en la zona es enorme, hasta el punto de que- -como sugiere Ferguson- -pudiera reducir Irak o por lo menos el sur iraquí a la condición de país satélite. Es el largo brazo chiíta. Es un mundo inhóspito y embrollado que turba la mente del ciudadano que bastante tiene con buscar el sustento para su familia, pero no excusa al conjunto de la opinión pública: su deber es asomarse todos los días al mundo exterior aunque la salpique el barro. Ser un país sin armamento atómico obliga incluso más a analizar los avances y retrocesos del sistema de no proliferación, sus perspectivas y todo lo que anda en juego. Al fin y al cabo, todo está interrelacionado. Aun con fisuras y discrepancias en la estrategia diplomática, Occidente reconoce manifiestamente el riesgo de un régimen iraní reingresado en el fervor ultrafundamentalista y dispuesto a acelerar el proceso de obtención de su bomba atómica. Para la opinión pública española, estos asuntos son de una naturaleza muy remota aunque apenas hayamos salido de la conmemoración acongojada de Hiroshima y Nagasaki. vpuig abc. es