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74 Los Veranos LUNES 15 8 2005 ABC ESCENARIOS Gustav Kuhn Festival de Mérida Inaugura el Festival de Santander con El oro del Rhin de Wagner Una de las mejores producciones del Teatro Nacional de Polonia, la ópera Salomé se presentará hoy en Perelada con la actuación de la soprano Eliana Lappalaien en el papel principal. El montaje celebra el centenario del nacimiento de esta obra de Richard Strauss, estrenada en Dresde en 1905. La ópera cuenta con la dirección musical de Jacek Kaspszyk y la dirección escénica de Martín Otava. Hansel Cereza considera necesario un revulsivo en las artes El director teatral Hansel Cereza considera que es necesario que haya un revulsivo en las artes, es necesario que pase algo aunque reconoce que es imprevisible determinar cómo hacerlo porque no se puede decir ahora toca y ahora lo hago Cereza, creador de La Fura dels Baus, y que actualmente colabora con el Circo del Sol, ha dirigido en Mérida La sangre de Edipo con Antonio Canales. CLÁSICA Festival de Innsbruck Don Quijote en los Alpes JUAN ANTONIO LLORENTE INNSBRUCK (AUSTRIA) El peso del romanticismo hizo que la única ópera familiar inspirada en Don Quijote para los aficionados al género fuese la de Massenet, estrenada en 1910. Pero, medio siglo después de su edición en 1605, la novela cervantina sirvió de inspiración para compositores que recurrieron al idealismo y o la locura del héroe manchego para sus músicas. Mención especial merece el florentino Francesco Conti, autor de Don Chisciotte in Sierra Morena estrenada en Viena en 1719, recuperada en Hamburgo tres años después y, desde entonces, olvidada hasta que, en 1987, Anthony Hose la resucitase en el Festival de Buxton. René Jacobs, que la presentó hace quince años aquí en Innsbruck, ha recuperado ahora la partitura, rindiendo tributo a los 400 años del Quijote, y ha eliminado arias menores y algún recitativo. Calificando quijotescamente, son cuatro horas de festín musical digno de las Bodas de Camacho en un inteligente montaje de Stephen Lawless. Lawless recurre a la complicidad del espectador, proponiendo a cada personaje del Quijote un paralelo en la novelística. Así, Cardenio- -Robinsón Crusoe- -llora su abandono por Lucinda, perseguida por Fernando- -híbrido de Laclos y el Marqués de Sade- -que, olvidando a Dorotea, identifica sucesivamente a la amada de su amigo con la Alicia de Carroll y la Lolita de Nabokov. La gallarda Maritorne, con un toque de castañuelas precediendo su aria- seguidilla, será Carmen, y Rigo, Escamillo. El embrollo lo solucionarán Lope y su fiel Ordoño, que Lawless identifica- -elemental- -con Holmes y Watson. Hasta Y Pantafilando será Harry Potter cuando baje de su nube al protagonista y diga: No sé cuál ha sido mi fallo en el aria del brillante epílogo en un frenopático donde tiene oportunidad de lucimiento todo el extraordinario reparto encabezado por el barítono Nicolas Rivenq (Don Quijote) Vale. La soprano estadounidense Renée Fleming, durante su recital en Santander EFE Glamour Fleming El Festival de Santander acogió su más sobresaliente cita de esta edición: el recital de la soprano estadounidense Renée Fleming, que conquistó al público cántabro COSME MARINA SANTANDER. Una nutrida legión de peregrinos operísticos de media España se unió el sábado al público cántabro hasta llenar la Sala Argenta del Palacio de Festivales con el fin de asistir en Santander a uno de los platos fuertes del LIV Festival. El menú era, ni más ni menos, una exigente gala lírica con una de las grandes sacerdotisas de la lírica mundial, la soprano norteamericana Renée Fleming. Se trataba de uno de esos espectáculos en los que los tiempos muertos- -el entra y sale de escena para cambiar la plantilla orquestal y demás- -ocupan casi tanto como el minutaje del concierto propiamente dicho. Pero esto importa poco. Lo que los aficionados buscan es la relación cercana y directa con el divo en una liturgia inserta en la tradición de la lírica, porque la adoración al cantante es una de las formas de aproximación al sugerente misterio de la voz humana. Fleming es sabedora y dosifica de todo y para todos. Eso sí, se aparta del concepto bolo con el que la mayoría de sus colegas afronta este tipo de compromisos. Ella canta y encanta con una profesionalidad y perfección que la han llevado y mantienen en la cumbre a la que muchos escalan con esfuerzo y a la que pocos llegan. Tras una descafeinada obertura de Rodelinda de Haendel, a cargo de una imprecisa Orquesta Filarmónica 900 del teatro Regio de Turín, Renée Fleming tomó el escenario y, nada más salir, se metió al público en el bolsillo. Dosificó la soprano su glamour- -espectacular vestido de plata deshilachada envuelto en tul- -y lo fue desgranando a través de múltiples ámbitos líricos y diferenciados repertorios: desde el barroco al verismo pasando por el bel canto romántico. Fue el suyo, en este sentido, un alarde que le permitió lucir una vocalidad asombrosamente versátil. El timbre brillante, el sobreagudo con una flexibilidad que hoy cuesta trabajo escuchar, la dicción impecable, el fraseo exquisito y los diferentes recursos técni-