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ABC LUNES 15 8 2005 Toros 43 El concepto de un clásico Torero de dinastía, hijo del novillero José Vázquez, hermano del gran Pepe Luis y de Rafael, Antonio y Juan- -Antonio fue matador y Rafael y Juan, novilleros y después banderilleros- Artífice del capote, supo torear de forma extraordinaria a la verónica a pies juntos y cargando la suerte. Sus chicuelinas de frente fueron base para las que luego ejecutó Paco Camino. Al igual que las de su hermano Pepe Luis, el brazo ejecutor tapaba al contrario a la hora de dar el lance. Faenas justas y medidas. Volvió a traer el toreo de frente cuando estaba de perfil. Fue un artífice del toreo al natural. Hondas y profundas eran sus faenas, con peculiares adornos sevillanos, después de la pureza más auténtica. Gran cartel en Madrid. Fue el torero que tuvo más cartel en los 50, después de Antonio Bienvenida. Su verdad, la profundidad de su toreo, el sentido de las distancias, la manera de combinar las zapatillas juntas con el cargar la suerte, dejaron un recuerdo perenne. Fue el primero en cortar cuatro orejas una misma tarde en Las Ventas (11 de junio de 1950) Madurez y Sevilla. Manolo Vázquez no entró en su tierra natal de Sevilla hasta su reaparición a principios de los años ochenta. Inolvidable fue la lección dictada en su despedida de la Maestranza, mano a mano con Antonio Chenel Antoñete el 12 de octubre de 1983. La Puerta del Príncipe se abrió de par en par al tiempo que Sevilla le abría por fin su corazón. drid, aunque en la segunda de las campañas sólo actúa en 17 festejos. En los sesenta las continuas cogidas le hacen no sólo que mermen sus contratos, sino que muchos años deje de torear por decisión propia después de éstas: así en 1960 es corneado en Madrid en la Corrida de Beneficencia, en la que torea con Ordóñez y Gregorio Sánchez toros de Samuel Flores; el 20 de mayo de 1962 sufre otra cornada en Madrid, inferida por un toro de Carlos Núñez, teniendo al mexicano Alfredo Leal y a Curro Romero como compañeros. Decide no torear en 1963, lo hace en el 64, con grandes éxitos en el coso carabanchelero de Vistalegre, especialmente el 18 de mayo, cuando actúa junto a Bienvenida y Ostos. Tras torear dos corridas en San Isidro de 1965, se retira por primera vez el 23 de mayo para estoquear una corrida de Manuel Arranz, con José María Montilla y El Pireo, aunque el último toro que mata es un sobrero de mucho peligro de Higinio Luis Severino. Vuelve en 1968 a los ruedos, pero una cogida en Tenerife, en febrero, le hace sólo torear cuatro corridas ese año. El 29 de septiembre se vuelve a retirar en Sevilla. UN SEVILLANO SERIO ANDRÉS AMORÓS Autor de El toreo de frente N Torera estampa de Manolo Vázquez, citando de frente y con la muleta planchada ABC Arropado por su familia, en el homenaje que le tributaron en Las Ventas ba, decide volverse a enfundar el vestido de torear el 19 de abril de 1981 para darle en Sevilla la alternativa a su sobrino Pepe Luis en presencia de Curro Romero. Su buena actuación le hace proseguir y actúa en Madrid un mes después para confirmarle la alternativa al nuevo Pepe Luis. Tiene un gran éxito en la Maes- JORDI ROMEU Medalla de Oro de las Bellas Artes En esta etapa tuvo mucho cartel en México, sobre todo en la plaza de El Toreo. También actuó en diversas repúblicas sudamericanas. Una vez apartado de los ruedos, se dedicó al apoderamiento de Rafael Torres. Cuando nadie lo espera- Fue el primero que cortó cuatro orejas en Madrid. Su verdad y su sentido de las distancias enamoraron en una plaza en la que gozó de gran cartel tranza el día del Corpus y conquista así una plaza que, en su primera etapa, no le había sido tan favorable como otras. Con su regreso vuelve el clasicismo y su toreo de frente- -él y Antoñete traen las viejas esencias- por lo que continúa toreando dos temporadas más con triunfos importantes en Ciudad Real, en 1982, y siempre en Sevilla. La temporada de su despedida son históricas sus actuaciones en Barcelona, Bilbao y Logroño. Torea por última vez en la Feria de Otoño madrileña con Curro Vázquez y Luis Francisco Esplá. Se despide definitivamente del toreo el 12 de octubre en Sevilla, mano a mano con Antoñete, con una actuación gloriosa en la que abre la Puerta del Príncipe. En 2003 recibió la Medalla de Oro de las Bellas Artes. o le gustaba a Manolo Vázquez que le encasillaran en una presunta escuela sevillana, caracterizada por el oropel, el adorno y la postura estética. Lo suyo ha sido otra cosa: la verdad del toreo clásico, eterno, con todo su riesgo- -de ahí las numerosas cornadas- -y toda su trágica belleza. A la vez, él amaba profundamente su Sevilla natal y se consideraba un embajador de los valores del arte sevillano en el mundo. Más de una vez le comenté- -y me consta que no le disgustó- -que yo le veía como un sevillano serio, sin chuflas ni alharacas. Igual que lo fueron, salvando todas las distancias, Diego Velázquez, Gustavo Adolfo Bécquer, Manuel Machado, tantos grandísimos artistas. Tuve la fortuna de emocionarme viéndole, ya de novillero: un chiquillo, una figurilla frágil que recuperaba los valores del toreo más clásico. (Detrás estaba, no lo olvidemos, Marcial, el más grande Esa pureza, esa autenticidad se concretaba simbólicamente en lo que tanto impacto causó: poner de frente el toreo que estaba de perfil. Años después, he tenido la satisfacción de ser su amigo. He podido comprobar que, en la vida cotidiana, Manolo Vázquez también ha ido siempre de frente, por derecho, con la hombría de bien de un hombre recto y cabal; además, con un equilibrio personal y una felicidad familiar- -la figura de Remedín es decisiva- -que no son frecuentes en artistas de su categoría. Ha sido Manolo Vázquez un torero de época y un enamorado del toreo: hasta el final, seguir la actualidad taurina era su principal consuelo. Preparando el libro que escribí sobre él, hablábamos de toros, una y otra vez, como tantas tardes, sin cansarnos nunca. Hace muy poco, todavía se puso delante de una vaca, en el campo. El vídeo y las fotografías son impresionantes: la postura perfecta, la naturalidad, la armonía... Yo le decía: A ver cuándo se repite eso, maestro Y él replicaba, con toda sinceridad: ¡Qué más quisiera yo! Ha vivido hasta el final, hasta ayer mismo, como un torero. Y como un hombre bueno, inteligente, amigo de sus amigos, los que hoy le lloramos. Nos queda sólo lo mismo que a Jorge Manrique: Nos dejó harto consuelo su memoria