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42 LUNES 15 8 2005 ABC Toros Muere en Sevilla Manolo Vázquez, el Brujo que puso el toreo de frente Figura en los cincuenta, resucitó a principios de los ochenta con una inolvidable reaparición b Hoy se instalará la capilla ardiente en el Ayuntamiento de Sevilla y sus restos mortales serán enterrados mañana. El próximo domingo cumpliría 76 años JOSÉ LUIS SUÁREZ- GUANES GIJÓN. Ha muerto en Sevilla, a punto de cumplir 76 años, Manolo Vázquez, uno de los toreros más representativos de los cincuenta- -bautizado entonces como El Brujo del Barrio de San Bernardo- redivivo en la memoria popular gracias a su fantástica reaparición a principios de los ochenta. Hoy se instalará la capilla ardiente en el Ayuntamiento de Sevilla, por donde se espera que desfilen numerosas personalidades del mundo del toro. Sus restos mortales serán enterrados mañana en el cementerio de San Fernando. Torero de dinastía, hermano del gran Pepe Luis Vázquez y de Rafael, Antonio y Juan, su debut en Madrid, casi con veinte primaveras- -había nacido en Sevilla el 21 de agosto de 1929- fue considerado como apoteósico. Cortó una oreja con muchísima fuerza el 4 de junio de 1950 alternando con Juan de la Palma y Antonio Ordóñez en la lidia de novillos de Graciliano. Su faena al sexto, vestido de gris perla y oro, quedó en los anales. Siete días después repitió el triunfo- -esta vez con el corte de cuatro orejas un mismo día por vez primera en la historia en Las Ventas- teniendo al mismo Antonio Ordóñez y a Ramón Cervera como compañeros, ante ganado de Antonio Pérez. Era su tercera temporada como novillero con picadores y se puso en órbita, en un año en el que los festejos menores eran base de todas las ferias por la irrupción de Aparicio y Litri. También había un importante plantel de novilleros, entre los que destacaban, además de Manolo Vázquez y Ordóñez, Pablo Lozano, Juanito Posada, Jaime Malaver y Enrique Vera. Un percance en Sevilla ocho días más tarde corta por un momento su trayectoria triunfal, pero al año siguiente es una de las figuras de los novilleros, cuando Aparicio y Litri ya se habían hecho matadores de toros. Manolo Vázquez, en su histórica salida a hombros por la Puerta del Príncipe en su despedida el 12 de octubre de 1983 ABC EN LAS PLAYAS DE ROTA ZABALA DE LA SERNA Alternativa Toma la alternativa el 6 de octubre de 1950 en Sevilla de manos de su hermano Pepe Luis y en presencia de Antonio Bienvenida. Son los mismos espadas que le refrendan el doctorado, una fecha después, en Madrid, con toros de Domingo Ortega. Nadie en la historia del toreo ha confirmado la alternativa un día después de tomarla. Esa tarde madrileña Manolo sufre una grave cornada. Durante los años cincuenta no se puede hablar de la historia de la Feria de San Isidro sin hablar de Manolo Vázquez: triunfa en 1952 el 17 y el 24 de ma- as olas blancas de Rota, con Cádiz deslumbrante al fondo como una habanera lejana, se destocaban de espuma por las mañanas de verano al paso de Manolo Vázquez. La fina y húmeda arena refrescaba las nostalgias de ruedos y oles que hierven y laten en la sangre de los toreros retirados. Como en un continuo goteo de luz cenital, los rayos del sol inspiraban a Manolo la idea de reaparecer en los estíos que caben entre 1976, cuando lo conocí, y 1980. A esa edad, la mía, media docena de mendrugos en la sesera, desconocía por qué aquel hombre simpático y fibroso corría hacia atrás con las palmas de las manos sueltas L en un imaginario capote que mecía el espejismo de la Tacita de Plata como un toro dulce y juguetón. Los ochenta parieron su regreso y el de Chenel a unos años en los que enfundarse un vestido de torear- ¡y qué manera de torear! -suponía una ruptura de todos los moldes, una temeridad de cincuentón, una locura, a la postre maravillosa, que enganchó en el tren de la Fiesta a una generación de chavales que bostezábamos en las andanadas venteñas. Manolo Vázquez, recortado torero de Sevilla, cuajó en el Madrid de los cincuenta, que en aquella tierra de María Santísima no fue hasta la resurrección ochentera, con la Puerta del Príncipe abierta en una despedida volcada hacia el río de la sal y el arte, negro hoy de aguas y flores fúnebres que bajan a engrosar el mar de los recuerdos que rompe en las playas de Rota, donde algún día nos veremos, maestro. yo, ante urquijos y sánchezcobaledas. El 16 de mayo de 1954 corta una oreja a un toro de Antonio Pérez y es uno de los triunfadores del año siguiente. En 1956 tiene dos actuaciones esplendorosas en las dos tardes que actúa, sobresaliendo la del día 16 frente a ganado de Atanasio Fernández. El 14 de mayo de 1957 inmortaliza al toro Lagunillo de Juan Cobaleda, en tarde en que alterna con Julio Aparicio y Litri, también triunfantes. Esa misma temporada realiza en la Corrida de la Prensa la que- -según él- -fue la mejor faena de su vida, en mano a mano con Antonio Bienvenida. Todos estos primeros años de alternativa, en los que torea en Sevilla sin éxitos rotundos, hace entre 25 y 30 paseíllos. El último de los años llega a las cuarenta corridas, tras triunfar en San Sebastián y Bilbao, dos plazas muy propicias para el sevillano. Da fin a su temporada, voluntariamente, el 1 de septiembre en Palma de Mallorca. Un percance en Valencia, en estas primeras temporadas, es su balance cruento. En 1958 y 1959 continúa triunfando en Ma-