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6 Opinión LUNES 15 8 2005 ABC VADE MECUM TRIBUNA ABIERTA CARLOS MALAMUD INVESTIGADOR PRINCIPAL PARA AMÉRICA LATINA DEL REAL INSTITUTO ELCANO LA ESPAÑA INCÓMODA UANDO Zapatero llegó al poder aseguró que todos iban a sentirse cómodos y no como antes, cuando sólo se sentían bien unos pocos (sic) Es cierto que, en su análisis, el recién llegado se olvidaba de la mayoría absoluta que había obtenido Aznar en 2000, pero eso era ya anecdótico pues la calle había demostrado lo que quería el pueblo que sentenció a los populares el 14 de marzo de 2004 por su responsabilidad en el asesinato de 200 personas en Madrid. ¡Aznar era culpable y Zapatero iba a hacer posible el milagro! se anunció. Todos en España, iban a volver a sentirse cómodos. Pero como desconfiábamos de tanta dicha, enseguida nos preguntamos quiénes iban a ser esos toJORGE TRIAS dos Y muy pronto obtuSAGNIER vimos la respuesta. Serían los que Aznar había arrinconado a lo largo de sus ocho años de gobierno: los nacionalistas radicales de Herri Batasuna y de la Esquerra Republicana de Catalunya, ambos grupos apoyados directamente por el terrorismo, que volvieron a respirar después del ahogo legal a que habían sido sometidos; los nacionalistas no menos radicales del PNV y de Convergencia que tienen otra vez un papel, y a enarbolar sus planes secesionistas; los socialistas catalanes de Maragall que amarraron la frágil gobernabilidad de ese engendro de gobierno tripartito que tan cómodo comenzó a sentirse; Izquierda Unida, que pudo resucitar y volver a existir; y, en fin, cualquier grupo, grupito o grupúsculo, por absurdo que fuese- ¿conoce alguien algo más tonto, por ejemplo, que el nacionalismo gallego? -a los que se les dio carta de naturaleza. En la simpleza del razonamiento, se argumentó del siguiente modo: como eran muchos los partidos y grupos postergados por Aznar de la tarta del poder, aunque representasen a muy pocos, a ellos había que favorecer. Ahora ha llegado la hora de la verdad, la hora de las preguntas. ¿Es esa la España cómoda que se nos brinda, una España fragmentada y débil? ¿Es la España de los nacionalistas fanfarrones que ayer infectaron de odio y miseria moral, una vez más, las calles de San Sebastián la que ha renacido? ¿Es una España con la oposición alelada, como la que quiere Alberto Oliart, a lo máximo que podemos aspirar? César Alonso de los Ríos puso el dedo, una vez más, en la llaga de pus al retratar al ex ministro centrista hace unos días. Al gobierno y a sus corifeos mediáticos les gustaría que hubiese una oposición inane. Lógico. Personajes broncos y astutos como el diputado del PP por Guadalajara Rafael Hernando, capaces de pararle los pies a los excesos impunes de un Rubalcaba, por ejemplo, les son incómodos a estos exquisitos que no toleran la discrepancia. España, no lo dudemos, es hoy una nación incómoda porque Zapatero, en lugar de pactar cuestiones que son fundamentales porque afectan a la Constitución o a los derechos de los ciudadanos, pretende imponer su criterio sectario. Si esta es la España cómoda que se nos viene encima, auguro un futuro negro y violento. C CHÁVEZ Y LAS URNAS, UNA VEZ MÁS Tras las elecciones locales en Venezuela, el autor cree que no es con ensoñaciones ni con fórmulas del pasado como cambiará el Gobierno de ese país. La democracia requiere trabajo, imaginación e ideas, y esto es lo que debemos exigirles- -continúa el autor- -a los actores políticos venezolanos I hay algo incontestable en la historia reciente de Venezuela, desde que en 1998 el comandante Hugo Chávez ganó sus primeras elecciones presidenciales, es su capacidad para imponerse una y otra vez en las urnas frente a una oposición claramente desnortada. Es esto lo que otorga a todos sus gobiernos una indudable legitimidad de origen, que no de ejercicio, que muy pocos se atreven a discutir. Sin embargo, hay que ser muy osado para escribir que el Gobierno venezolano ha sido reelecto ocho veces consecutivas como ha hecho recientemente un diplomático bolivariano en la prensa española. De esta manera se confunde cualquier elección (sea local o parlamentaria) con un plebiscito sobre la figura presidencial. Más allá de este error conceptual, lo preocupante es la valoración que los funcionarios del régimen bolivariano suelen hacer de la democracia representativa que, ya se sabe, es formal, podrida, corrupta y está al borde de la desaparición, según la interpretación de Hugo Chávez. En las recientes elecciones locales, las autoridades venezolanas, en este caso el Consejo Nacional Electoral (CNE) han demostrado una vez más su desprecio por las reglas de juego al alargar en dos oportunidades, y durante tres horas, la jornada de votación ante la escasa concurrencia a las urnas. ¿Por qué la prórroga? Ésta no se produjo, como marca la ley, para permitir que las multitudes agolpadas ante las puertas de los colegios electorales pudieran S ejercer el sacrosanto derecho al voto, sino para movilizar a algunos de los simpatizantes más tímidos, que habían elegido quedarse en casa ante la falta de incentivos para ir a votar. Según la mayor parte de los relatos de la prensa venezolana y de los corresponsales internacionales, la soledad de las mesas electorales era todo un símbolo de la alta abstención que caracterizó a estos comicios. Y eso que se trata de un sistema político que se jacta de contar con una democracia participativa y protagónica donde la gente se moviliza (o debería hacerlo) en defensa de su gobierno y sus reivindicaciones. En este sentido, el bajo nivel de participación, que la CNE cifra en el 31,82 por ciento (68,18 por ciento de abstención) sería un clamoroso fracaso gubernamental, en la línea de lo que señalan las últimas encuestas, que marcan un claro descenso del respaldo popular al comandante Chávez. Por eso, el Gobierno buscaba por todos los medios que la abstención fuera inferior al 70 por ciento (la cifra de las anteriores elecciones locales) y eso fue lo que pasó. Según los guarismos oficiales, si la votación se hubiera cerrado como debía haber ocurrido a las cuatro de la tarde (y no a las siete, como pasó) hubiera votado medio millón de personas menos y la participación se hubiera ubicado en el 26,6 por ciento (73,4 por ciento de abstención) Por eso se alargó la jornada electoral, para permitir una mayor movili- -Todos los veranos el mismo dilema: ¿debo acudir a cenar a la casa de mis amigos en pantalón corto y mis piernas aún blancas o, por respeto a ellos, las llevo bronceadas?