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4 Opinión LUNES 15 8 2005 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: IGNACIO CAMACHO Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Alberto Aguirre de Cárcer (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: Héctor Casado Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil TRIUNFALISMO ANTROPOLÓGICO L informe político que se discutirá en el próximo Comité Federal del PSOE, del que hoy informamos en páginas de Nacional, supera el optimismo antropológico para hollar terrenos del triunfalismo del que venía apuntando maneras el socialismo desde su regreso al poder. Baste citar uno de los pronósticos: En el País Vasco la alternancia será socialista La capacidad de autocrítica parece una especie en extinción en Ferraz, donde tan sólo se ve mejorable la comunicación entre el partido y el Gobierno. Pero no se debe trivializar este asunto, pues revela un problema estructural hondo y que puede deberse a la improvisación con la que está gobernando Rodríguez Zapatero. Las hipotecas que ejercen los socios elegidos (ERC e IU) condicionan no sólo el programa de gobierno general, sino los asuntos coyunturales, lo que obstaculiza notablemente que los mensajes que se lanzan desde el partido terminen por compadecerse con los que salen de los ministerios. Y no será fácil revertir esta tendencia si el PSOE persiste en esas compañías, lo que quizás explique el movimiento táctico de aproximación al PNV. Un nuevo error, pues de fraguarse el pacto será una voz más en el guirigay. E COMO EN LOS VIEJOS TIEMPOS ADA de lo que sucedió ayer en San Sebastián representa una sorpresa. Pese al aviso reiterado de Batasuna de que mantenían la convocatoria de la manifestación prohibida por el consejero vasco de Interior, con el posterior aval del Tribunal Superior de Justicia, se produjeron graves incidentes de orden público con quema de contenedores y destrucción de bienes. Nada nuevo, por tanto, salvo lo que supone, por un lado, de reactivación de un frente terrorista, el de la kale borroka que estaba controlado, cuando no extinguido, y de demostración de fuerza e impunidad de Batasuna, pese a su condición de partido ilegalizado por pertenencia a una organización terrorista. Podría resultar hasta un gesto de humor- -en todo caso, humor negro- -que a los convocantes de la manifestación y a los autores de la violencia callejera se les conminara con aplicarles todo el peso de la ley pues, precisamente, si algo les ha devuelto el ánimo a estos secuaces de ETA ha sido la comprobación de que la ley no pesa si no se aplica. Jarrai, según la Audiencia Nacional, no es una organización terrorista y su violencia urbana- -planificada, financiada, dirigida por ETA- -no es terrorismo. Batasuna está haciendo lo mismo que hacía antes de ser ilegalizada, con una mejora añadida: antes tenía siete parlamentarios en Vitoria y cambió su expectativa de quedarse a cero para pasar a tener nueve, los testaferros del Partido Comunista de las Tierras Vascas. Los parabienes que ha recibido la decisión del Gobierno vasco de no autorizar la manifestación convocada por Batasuna para el día de ayer no deberían ocultar la gravedad de la situación que se refleja en la insolencia de esta formación. A fuerza de repetirlas, las cuestiones de principio están perdiendo valor político, pero no por ello pierden fuerza moral ni legal. Congratularse de que una administración pública prohíba la manifestación convocada por una organización declarada ilegal por el Tribunal Supremo por su integración en ETA demuestra hasta qué punto se ha retrocedido terreno en la política antiterrorista. Hasta el punto de poner en valor la obviedad más elemental- -que unos terroristas no puedan manifestarse- que ahora importa tanto simplemente porque Batasuna ha vuelto a recuperar la capacidad política que había per- N dido tras la aplicación sistemática de la Ley de Partidos Políticos. Cabría, además, preguntarse si este regreso de Batasuna ETA a la actividad política- -es un decir- -ha traído alguno de los beneficios que suelen anunciar aquéllos que piensan que es bueno que los terroristas tengan un hueco en las instituciones, algo así como una permanente pista de aterrizaje El balance, sin embargo, desmiente esa fórmula, ya desprestigiada suficientemente por la experiencia de dos décadas en las que la presencia de la izquierda abertzale en el Parlamento y los ayuntamientos sólo rindió beneficios a ETA. No resultaría excesivo reclamar que los que han defendido la idea- -también los que insisten en que existe un proceso de paz en marcha y que, ni más ni menos, está en manos del presidente del Gobierno- -expliquen por qué no han aparecido tales beneficios y sí se están produciendo los perjuicios de siempre. En concreto, no estaría de más que explicaran qué hay de bueno en que ETA tenga nueve parlamentarios en la Cámara de Vitoria; en que Ibarretxe sea otra vez lendakari gracias al apoyo de los terroristas con un programa soberanista, sin más cambios que los que imaginan algunos socialistas; en que la kale borroka campe a sus anchas y cientos de concejales- -incluidos algunos nacionalistas- -sientan en la nuca la presión terrorista corregida y aumentada; en que los fantoches de dos etarras presos sean nombrados reina y dama de honor de las fiestas en Amurrio; en que el Estado haya abdicado la Ley de Partidos y en que el PSOE cambie al PP por Carod- Rovira como socio de una nueva e inescrutable política sobre ETA, que habrá de llevar a un final dialogado de la violencia. La concatenación de los cambios producidos en el País Vasco se explica por la terrible razón de que el Estado vuelve a ir por detrás de los acontecimientos y es ETA, con Batasuna reforzada, la que tiene en su mano el éxito- -con todo el relativismo de este término cuando se aplica a una negociación con terroristas- -o el fracaso de la apuesta personal del presidente del Gobierno. Por eso es una lamentable buena noticia que la Consejería vasca de Interior prohibiera la manifestación de Batasuna y la Ertzaintza tuviera que enfrentarse en las calles de San Sebastián con los cachorros de ETA. Como en los viejos tiempos. Jalal Talabani, presidente iraquí POOL IRAK, CUESTIÓN DE PRIORIDADES undía de queconcluya el plazo, permanece encallado el acuerdo sobre el texto constitucional iraquí. De nuevo, las divergencias entre chiíes y suníes vienen a poner al día lo difícil que sigue siendo el puzle social y religioso en el Irak post Sadam. Alcanzar el consenso en torno a la Carta Magna es tenido como una de las claves para la normalización del proceso político. Por eso, ni el Gobierno provisional ni EE. UU. desean un aplazamiento del acuerdo constitucional, pues delataría la debilidad de las instituciones. La celebración de elecciones supuso un éxito histórico. Desde entonces, poco se ha progresado en los terrenos políticos y de la conciliación nacional. Pero todas las facciones han de comprender que el acuerdo (para el que es imprescindible que todas las partes cedan) esel único camino posible. Yaes demasiado dura la lucha contra el terrorismo de la disidencia como para que la gran mayoría del país- -que ha demostrado su esperanza en el proceso- -se enrede ahora en la intransigencia. Es cuestión de prioridades y la primera es hacer viable el futuro. EL PAPA Y LOS JÓVENES A L AS Jornadas Mundiales de la Juventud que se van a celebrar en Colonia a lo largo de los próximos días supondrán la primera salida de Benedicto XVI fuera del territorio italiano. Organizado por su antecesor, este encuentro tiene la peculiaridad de llevar al Papa actual a su tierra alemana, a la vez que le sitúa ante un evento de repercusión mediática universal, con un fuerte protagonismo de los jóvenes. Quedan así unidas dos de las señas de identidad del Pontificado de Juan Pablo II: actos de masas y atención muy singular a las generaciones que representan el futuro de la Iglesia. El Papa Wojtyla se encontraba, como es bien sabido, particularmente a gusto en este tipo de acontecimientos multitudinarios. A su vez, Ratzinger ha dedicado los primeros meses a una reflexión sosegada, lo cual- -a la vista de su reconocida capacidad intelectual- -dará sin duda frutos relevantes en el terreno doctrinal. En todo caso, la prudencia, la mesura y la solidez en los argumentos, unidos al perfil bondadoso que muestra en sus apariciones públicas, han echado por tierra en poco tiempo esa falacia interesada acerca de un Papa dogmático e intolerante, que se puso en circulación con tanta dosis de ignorancia como de mala fe. Jóvenes del mundo entero van a viajar estos días a Alemania. Se habla a veces de forma irreflexiva del carácter materialista y escéptico de este grupo social. Pero esta generalización- -como muchas otras- -no se corresponde con la realidad. Otra cosa es que muchos jóvenes expresen su insatisfacción con el funcionamiento de determinadas instituciones a las que no sienten como propias. Está demostrado, sin embargo, que la gran mayoría de ellos acude a cualquier llamada ilusionante a la generosidad y a la solidaridad, y que los valores morales y religiosos, cuando se transmiten de forma veraz y atractiva, llegan a lo más hondo de su sensibilidad. Juan Pablo II y Benedicto XVI son ciertamente personalidades muy distintas. Pero uno y otro comparten, como no podía ser de otro modo, esa idea sustancial sobre la primacía de los valores del espíritu que los jóvenes de todo el mundo están deseando escuchar. Se espera mucho del encuentro de Colonia, una prueba más de la vitalidad de la Iglesia y de su papel en el mundo contemporáneo.