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100 Los Veranos DOMINGO 14 8 2005 ABC TRATAMIENTOS DE CHOQUE Estrechas, muy estrechas, son las relaciones familiares en pleno verano y los hijos pueden ser una fuente inagotable de conflictos. Para evitar, en la medida de lo posible, que su casa se convierta en un campo de batalla, hay que tomarse las cosas con mucha calma. Y pedirle al Santo Job que nos inunde de paciencia Los niños bien, gracias TEXTO: MARTA BARROSO Una vez resueltas- -eso espero- -las pequeñas diferencias que surgen en las parejas en verano por culpa del exceso de convivencia- -de las que hablábamos la semana pasada- hoy le toca el turno a los hijos. Ya saben, estrechas, muy estrechas, son las relaciones familiares en pleno verano y los hijos- -qué monada, ¿verdad? -pueden ser una fuente inagotable de conflictos. Para evitar, en la medida de lo posible, que su casa se convierta en un campo de batalla, hay que tomarse las cosas con mucha, mucha calma. Y pedirle al Santo Job que nos inunde de paciencia. Máster en autocontrol Mamá, no te rayes ¿Perdona? dice la madre, mientras no da crédito a lo que acaba de oir. Sí, que no te rayes, que te relajes contesta el angelito. ¿Que me qué? Que te bajes de la parra, que estás un poquito subida de tono Y en ese momento, mientras una voz en off te dice que no, que no es posible que ese sea tu hijo, tus instintos maternales mueren fulminados. Realmente, quieres estrellar a tu propio descendiente. En el mejor sentido de la palabra, claro. Exagerada o no, esta escena puede repetirse, una Una escena que se repite vez y otra también, a es el eterno lo largo del problema de verano. los horarios o ¿Los motivos? Múltiel reguero ples. Desde permanente el eterno de arena problema de los horarios, hasta el saqueo permanente de dinero, pasando por la tan típica, y enervante, frase de me aburro (y resulta que el angelito ha estado en la playa, ha jugado al tenis, ha montado en bicicleta, va a ir al cine por la noche, etcétera) el reguero permanente de arena por la casa o las innumerables contestaciones que te dan, con esa forma de hablar tan peculiar que tienen ahora. Visto lo visto no hay imagen más amenazadora que la de nuestros niños en plenas vacaciones. Pero no hay que sacar las cosas de quicio. Lo primero que hay que hacer es procurar ponerse en la piel de los más pequeños y entender que desde que se levantan hasta que se acuestan deben aprender a vivir. Tengan la edad que tengan, no paran de recibir órdenes sal de la cama, recoge el desayuno, no dejes las zapatillas tiradas, tienes que volver a las 10, no contestes... lo cual, francamente, tiene que ser pesadísimo. Lo segundo, pensar que este verano seguro que es un verano único. El tiempo vuela, aunque sea un topicazo, los hijos crecen, y llegará un momento en que ya no quieran estar con nosotros. Y, lo tercero, procurar que, aunque único este verano no se convierta en catastrófico. Y para ello, empezar a realizar algún que otro ejercicio de autocontrol. No sé si me entienden. Discusión: atracción fatal Ante la evidencia hay que coger el toro por los cuernos. Una vez asumidas las bases y reafirmada nuestra convicción de que vamos a poder con todo- -desde luego no hay nada como tener la autoestima por las nubes- -hay que marcar las pautas. Queramos o no los horarios desaparecen, cambia la rutina, se hace más ejercicio (lo que ago La vida está ta a los niconstituida de ños) y la conviven- muchas cosas, y una de ellas cia es mucho más eses la discutrecha. Vasión, pero no mos, que hay que drabasta con matizar no estar de acuerdo en alguna tontería para que salten chispas. Pero ante todo, no hay que dramatizar indica el psiquiatra Celso Arango, Jefe de Sección de la Unidad de Adolescentes del Hospital General Universitario Gregorio Marañón de Madrid. Es normal discutir, máxime en esta época en la que pasas más tiempo con tu familia y, por lo tanto, tienes más posibilidades de chocar con ellos. Pero no hay que darle más importancia de la que tiene. La vida está constituida de muchas cosas, y una de ellas es la discusión. Y uno discute con quien está; Pamela Anderson muestra una cara menos amable que la habitual en su papel de madre