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ABC DOMINGO 14 8 2005 Los domingos 51 PERFIL EN LA ACERA ESCRIBÍ TU NOMBRE FERNANDO IWASAKI JEANINE PIRRO Competidora de Hillary Clinton al Senado por Nueva York En un tribunal también se hubieran enfrentado- -Pirro fiscal, Clinton abogada- pero lo que se dirime es un escaño del Senado y el combate promete ser interesante NINOTCHKA Y NINETTE El otro platillo de la balanza duelo femenino ha llegado a la política estadounidense en la escena neoyorquina. Jeanine Pirro, fiscal del condado de Westchester, se ha decidido a arrebatarle a Hillary Clinton el escaño del Senado por Nueva York. La pugna se presume apasionante, en cifras, en inversión electoral y en discusión dialéctica. Pirro, de 50 años, ha abierto su campaña con ataques directos a la esposa del ex presidente Bill Clinton. Combina desparpajo, buena imagen y un discurso adaptado a todo tipo de públicos. La carrera hacia el Senado no le resultará sencilla, pero las citas electorales tampoco le son extrañas y, de momento, ha demostrado desenvolverse con soltura. Desde 1994 es fiscal de Westchester, cargo por elección, y ya va por su tercer mandato. Ahora tendrá que lidiar en las filas republicanas para salir nominada como candidata al Senado por Nueva York. En su partido es vista como toda una promesa, así que tiene a su favor cierto plus de favorita. Junto a ella competirá por la nominación Edward Cox, yerno del ex presidente Richard Nixon. Cosas de la vida, Cox ratificó su voluntad de competir con Pirro esta semana, cuando se cumplía otro aniversario del escándalo Watergate que le costó el puesto a su suegro. Jeanine Pirro insiste en su carácter independiente algo que lleva tanto a lo político como a lo personal. En lo primero, al fundir al mismo tiempo cercanía y distancia con las tesis del líder de su partido, el presidente George W. Bush. En lo segundo, para que su carrera política no se vea enturbiada por los deslices de su marido. Pagó con once meses de cárcel sus despistes con el fisco y en los años 80 reconoció haber tenido un hijo en una aventura fuera del matrimonio. A Pirro esto no le inquieta demasiado, aunque los diseñadores de su campaña se han guardado de que no aparezca con su marido en ninguna de las fotografías de su página web. Ella insiste en que espera ser juzgada por su programa y por su trayectoria, no por la de su marido. Y, por otra parte, las andanzas de Bill Clinton tampoco le permiten a su contrincante hurgar en ese terreno. La aspirante republicana por El POR ROBERTO PÉREZ H Nueva York acerca esa imagen de aires nuevos en su partido. Apoya sin fisuras la política contra el terrorismo de George W. Bush y también su gestión económica, sobre la que dice que ella profundizará para reducir la presión fiscal. Pero al mismo tiempo marca distancias y busca ese centro tan preciado para cualquier candidato en las sociedades definidas por los catch- all party (partido acaparador) Así que no se muestra inflexible con permitir ciertos supuestos para el aborto y para la utilización de las células madre. Eso sí, sin demasiadas aventuras. Su sello propio en estos aspectos procura medirlo tanto que algunos han criticado ya la escasa definición de sus posturas respecto a estos asuntos cuando se le ha pedido que sea más concreta. Intenta acercarse al electorado múltiple y diverso de Nueva York. Desde el acomodo flamante de la Gran Manzana a las áreas suburbiales. Y en sus discursos ataca a su contrincante femenina refiriéndose a ella con un habitual Hillary sin más. Es un tú a tú que va más allá y que trata de empequeñecer a la actual senadora, a la que también critica por sus ambiciones de convertirse en candidata a la Casa Blanca en las presidenciales de 2008 y descuidar los intereses de Nueva York. Pirro explota una imagen de firme y honesta aplicadora de la ley. Presume de haber estado al frente, en 1978, de una de las cuatro únicas oficinas que había en todo Estados Unidos contra la violencia doméstica. Y en su haber en la Fiscalía de Westchester incluye desde la persecución de los pedófilos a los maltratadores, desde la detención de un centenar de mafiosos a luchar contra la corrupción institucional. Y, por si sirviera para contrarrestar los deslices de su marido con el fisco, también presume de gestión económica. Dice que, durante sus años al frente de la oficina de la Fiscalía, con sólo el 2 por ciento del presupuesto del condado le ha ahorrado a Westchester 1,8 millones de dólares. Limpia, fija y da esplendor. ablar del cine de Garci supone hablar de un cine irónico, inteligente, respetuoso de las adaptaciones, original en los diálogos y romántico en la factura minuciosa de cada uno de sus planos, escenas, encuadres y decorados. La melancolía del cine de Garci no tiene nada que ver con los temas o historias de sus películas, sino con esa pátina que sólo Garci consigue imprimirle después de miniar la luz o gracias a la complicidad del azogue que convierte su mirada en un juego de espejos. Ninette es un compendio de todas esas virtudes, pero hago hincapié en que además es un alarde de ironía e inteligencia. Vaya por delante que Ninette quiere ser un homenaje a Miguel Mihura, escritor preterido cuyo centenario nadie ha querido celebrar, acaso porque su figura carece del prestigio de los intelectuales exilados y porque su residencia en la España franquista se le ha antojado políticamente incorrecta a más de un comisario cultural. Vaya uno a saber. Pero aunque ni Mihura ni Jardiel fueron intelectuales orgánicos de la dictadura, la progresía cultural jamás los ha considerado uno de ellos. ¿Quién más podía rendirle este homenaje a un creador así? Y encima Garci lo hace de cine. Ninette es una sátira fina e inteligente de toda esa mojigatería republicana que se ha entronizado en la literatura, el periodismo, la memoria y el cine contemporáneo español, como presunto marchamo de calidad. ¿Cómo no troncharse ante el itinerario de aquel revolucionario desterrado que tocaba La Internacional con la gaita ante los cuadros de Lenin y Lerroux en su piso de París, y que termina jugando al ajedrez con un cura, como delegado de la Citröen en Murcia y viviendo encima de una tienda de misales y catecismos? Esa ironía corrosiva y despiadada me ha recordado a Ninotchka (1939) aquella deliciosa comedia donde entre Billy Wilder y Ernst Lubitsch se las arreglaron para poner a caer de un burro a la Rusia del camarada Stalin. Así, José Luis Garci ha hecho con la Ninette de Mihura lo mismo que Billy Wilder hizo con la Ninotchka de Melchor Lengyel: una aguda sátira de la Arcadia Republicana. Y como bien sabe Garci, para hacerle un homenaje a Ninotchka no hacía falta París, sino sólo Greta Garbo. Es decir, Elsa Pataky. Ninette es un himno a la belleza homérica de Elsa Pataky, la de los níveos brazos, la de los ojos de lechuza, la de rosáceos dedos, la de los pies ligeros, la de hermosas trenzas, risueña Afrodita. No recuerdo una película donde el esplendor de una mujer haya sido mimado tanto, y por eso convoco al ballet clásico para recordar que Perrot compuso Giselle para Carlota Grisi, que Marius Petipa le dedicó La marcha de los inocentes a Mariya Surovshchikova, y que Mikhail Fokine no encontró mejor manera de expresarle su amor a la Pavlova, que consagrándole La muerte del cisne Así, Ninette es la coreografía fraguada por Garci para coronar a Elsa Pataky, quien sin ser una reina, se le ve al andar que ha reinado muchas veces. Un señor de Murcia se traslada a París pero nunca ve París, porque se hospeda en la casa de unos exilados republicanos que sólo comen cocido, paella y fabada. Una familia republicana que deja su casa con cuadros de Lenin para instalarse en los altos de una tienda de arcángeles y crucifijos. Los altares y los cuadros son los mismos, pues Garci sólo cambia los nombres de los santos. El que no quiera ver que no vea, pero está más claro que la belleza inmarcesible de Elsa Pataky. fernandoiwasaki. com