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ABC DOMINGO 14 8 2005 Los domingos 47 VIAJEROS IMPENITENTES La odisea del Colón chino China celebra el sexto centenario de los viajes de Zheng He, protagonista de los hitos más significativos de la historia naval del coloso oriental al comandar, durante tres décadas, una flota de 300 barcos y 30.000 hombres. Con ellos llegó a 30 países de Asia, Oriente Próximo e incluso África POR PABLO M. DÍEZ CORRESPONSAL EN PEKÍN Africanos de ojos rasgados A pesar de que fue castrado a los once años, es posible que el almirante Zheng He sea el eunuco con más descendientes de la Historia. Y es que así es como se denominan todos aquellos que cuentan entre sus antepasados a los miembros que componían la flota del marinero chino. En las siete expediciones que dicha armada realizó durante tres décadas por 30 países de medio mundo, muchos de ellos confraternizaron hasta tal punto con la población local que, hoy día, se puede encontrar su prole en numerosos lugares de Vietnam, Tailandia, Java y hasta África. Es el caso de Mwamaka Shariff, una joven nacida en Kenia hace 19 años que, a pesar del color de su piel, tiene los ojos ligeramente rasgados. Apodada la china entre sus compañeras de clase de la Isla de Pate, en la costa oriental africana, Shariff se encuentra estos días de visita en el gigante asiático. Mi abuela me dijo que mi familia desciende de los marineros chinos que llegaron a África hace ya muchísimo tiempo, por lo que estoy orgullosa de poder estar aquí para reencontrarme con mis raíces se emocionó la joven esta semana junto a la tumba de Zheng He, enclavada en el monte Niushou y muy cerca de la antigua capital imperial de Nanjing. Un visitante mira en Pekín la maqueta de uno de los barcos con los que el almirante Zhen He recorrió medio mundo P. M. DÍEZ S esenta años antes de que Cristóbal Colón descubriera América en 1492, un marinero chino, el almirante Zheng He, ya había surcado los mares de medio mundo y dado la vuelta al planeta siete veces y media. El primero de sus heroicos viajes comenzó el 11 de julio de 1405, por lo que se conmemora este verano el sexto centenario de sus travesías con exposiciones en Pekín, Shangai y Nanjing. En dichas muestras, los visitantes pueden descubrir la extraordinaria gesta de Zheng He, quien desde 1405 hasta 1433 dirigió siete expediciones marítimas que llegaron hasta 30 países del sureste asiático, el Océano Índico, el Golfo Pérsico, el Mar Rojo e incluso la costa oriental de África. Aunque no hay pruebas, algunos historiadores sostienen que su flota- -300 navíos y casi 30.000 marineros- podría haber alcanzado América varias décadas antes que la Pinta, la Niña y la Santa María. Al margen de esta controversia, no cabe duda alguna de que los viajes de Zheng He marcan uno de los hitos más significativos de la historia marítima de China, un país tradicionalmente cerrado al exterior que se lanzó a la conquista del mundo en el siglo XV. Dicho cambio coincidió con uno de los momentos más esplendorosos de la Dinastía Ming (1368- 1644) cuando el emperador Yongle se propuso mostrar al mundo la fortaleza y desarrollo del país. Para ello, contó con la inestimable ayuda de Zheng He, un hombre de la corte que le había demostrado su lealtad apoyándole en el golpe de estado que acabó sentando a Yongle en el trono imperial. De eunuco a almirante Nacido en 1371 en Kunyang, en la provincia de Yunnan, este ilustre marino pertenecía a la etnia musulmana y su nombre original era He Ma. Con once años, entró a formar parte del servicio imperial de eunucos, por lo que fue castrado antes de ingresar en el séquito del príncipe Zhu Di, a quien posteriormente ayudaría a convertirse en emperador. Como agradecimiento por sus servicios, y ya bajo el nombre de Zheng He, fue promovido primero como Gran Eunuco Imperial y luego designado almirante de la flota de los mares occidentales. Durante estos primeros años de la dinastía Ming, China pretendía desarrollar aún más su economía y fortalecer las relaciones con sus veci- Zhen He representa uno de los periodos más brillantes de la historia de China nos de ultramar, por lo que impulsó la construcción de barcos para conformar una potente armada que destacaba por sus innovaciones técnicas. En este sentido, el navío que comandaba Zheng He tenía nueve mástiles y medía 130 metros de eslora, cinco veces más que las carabelas con las que Colón se embarcó hacia el Nuevo Mundo. Dicha nave era la mayor de la flota, compuesta en cada expedición por más de un centenar de barcos cuya tripulación estaba integrada por soldados, médicos, astrólogos y comerciantes. Todos ellos tenían como misión exportar al resto del mundo valiosas riquezas de China como la seda y la porcelana, que intercambiaban por los regalos más exóticos de los países en los que recalaba esta descomunal armada. No en vano, Zheng He arribó a numerosos puertos de Vietnam, Tailandia, Sumatra, Java, Singapur, Bangladesh, la India, Sri Lanka, Yemen, Omán, las Maldivas, Kenia y Tanzania. A pesar de la trascendencia de sus hazañas y de instaurar la hegemonía naval de China en Asia, Zheng He no contó con el favor del nuevo emperador, Xuande, quien renunció al expansionismo marí- timo. Así, y tras haber sobrevivido a tifones, mareas y huracanes, el almirante más insigne del coloso oriental falleció en 1433 durante su última travesía, por lo que su nombre cayó en el olvido. Seis siglos después, y coincidiendo con otro momento histórico en el que China aspira a convertirse en una potencia internacional, Pekín intenta recuperar su memoria para que Zheng He pilote a la nación más poblada del planeta hacia una nueva época de esplendor similar a la que alcanzó cuando sus barcos navegaban por los mares de medio mundo.