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20 Nacional CASO ROQUETAS LA INVESTIGACIÓN DOMINGO 14 8 2005 ABC Tres semanas después del suceso de Roquetas, aún quedan muchos puntos oscuros cuya resolución está en manos de la juez. Incluido saber de qué murió Juan Martínez Galdeano El triple juicio público de Roquetas CRUZ MORCILLO MADRID. El cuartel de Roquetas de Mar vive, de forma convulsa pero de puertas adentro, pendiente de un triple proceso: el judicial, el único que nos importa el administrativo, las medidas cautelares impuestas a nueve de sus miembros y el político, bochornoso y falaz según los agentes. La tormenta se desencadenó por hechos de sobra conocidos hace ya tres semanas. Un vecino acudió el 24 de julio a pedir ayuda tras un altercado de tráfico y salió muerto. Todo pasó en una hora y cuarto que ha cambiado la imagen de los funcionarios de la ley, llamados asesinos y torturadores y ha desatado una crisis política contenida al agravar las desavenencias entre el ministro del Interior, José Antonio Alonso, y el director general de la Guardia Civil, Carlos Gómez Arruche. En el entreacto está la decisión de la juez de dejar en libertad a los imputados, pese a que el fiscal solicitó prisión para el teniente al mando y otro agente. El auto de libertad fue recurrido por la Fiscalía. La muerte y las armas prohibidas. Los forenses aún no han determinado de qué murió Juan Martínez Galdeano. La autopsia reveló que sufrió cincuenta heridas en todo el cuerpo, pero de ellas la única que podría ser mortal es la fractura del esternón y no se ha concluido si se produjo antes o después de fallecer. Existen grabaciones de los he- chos aunque no la secuencia entera, pues una parte sucede dentro del cuartel y otra fuera del ángulo de visión de las cámaras exteriores. Está documentado que el teniente al mando y al menos otro agente utilizaron dos armas prohibidas por la Benemérita: una defensa eléctrica y otra extensible, de ahí que el primero fuera cesado el 26 de julio y se le abriera un expediente disciplinario por falta muy grave. El ministro del Interior asegura que el oficial intentó ocultar parte de la grabación en la que se aprecia el uso de las porras, después de no haber informado a su superior de que las había empleado contra el detenido. El entorno del teniente niega esta versión y considera que se vulnera por segunda vez la presunción de inocencia La juez, pese al auto de libertad, advierte indicios de criminalidad en las actuaciones. La declaración de los imputados. Los días 3, 4 y 8 de agosto declararon ante la juez los nueve imputados. En esencia sus testimonios coinciden en el relato de hechos en quién utilizó las armas prohibidas y quién dio las órdenes tras el forcejeo inicial. No son exhaustivas, en cambio, en la descripción de qué ocurrió dentro del cuartel y difieren en cuanto a los motivos por los que el detenido iba a ser trasladado en un coche policial. Unos afirman que se dirigían a la Policía Local porque el Imagen del cuartel de Roquetas con las cámaras que captaron algunas agresiones cuartel carece de calabozos, otros que era para hacerle la prueba de alcoholemia y el guardia que le practicó la reanimación asegura que el fin era llevarlo al centro de salud. Ninguno considera que se extralimitó en sus funciones, como ha concluido el fiscal. Tras conocerse la autopsia todos fueron suspendidos de sus funciones por el máximo que permite la Ley de Régimen de Personal de la Guardia Civil (seis meses) excepto el guardia alumno, cuya medida cautelar es de tres meses. Interior y Defensa esperaron diez días para abrir el expediente, pese a que conocían el contenido de las grabaciones y el supuesto ocultamiento de pruebas. La asistencia médica. No se ha abierto una investigación sobre el tiempo que tardaron los médicos en llegar al cuartel tras ser requeridos por el estado de agitación de Martínez Galdeano, quien reconoció el consumo de drogas. Según las llamadas registradas en el 061 hay una espera de al menos 15 minutos- -el centro de salud está a 200 metros del cuartel- si bien la Junta de Andalucía deja constancia Alonso eludió hablar sobre gran parte de los hechos alegando que competían al ámbito judicial Esnifó cocaína justo antes de entrar al cuartel, la última dosis tras consumir durante 24 horas C. M. MADRID. Los niveles de droga detectados en el cuerpo de Juan Martínez por Toxicología no dejan resquicio de duda para los forenses: Con 0,20 miligramos por litro de cocaína en sangre y sin que medie ninguna otra causa, cualquier médico atribuiría la muerte a la droga y así está descrito en la bibliografía porque es muy difícil encontrar la presencia directa de cocaína en las autopsias Dos expertos, sin relación con el caso, han interpretado para ABC los resultados de los análisis de Galdeano. El detenido consumió cocaína durante las 24 horas que precedieron a su muerte y la última raya la esnifó justo antes de entrar al cuartel, de ahí que presentara un cuadro de intoxicación importante Ambos forenses coinciden en que la presencia directa de cocaína en sangre y estómago (5,16 miligramos por litro) revelan que como máximo tomó esta droga 90 minutos antes de la hora de la muerte, de lo contrario no deja restos directos en sangre, sino que lo que encontramos son sus metabolitos y éstos aparecen en un orden, según la absorción La benzoilecgonina, hallada junto a otros dos metabolitos, en una dosis importante significa que Juan Martínez estuvo ingiriendo droga a distintas horas desde el día anterior Pese a que la analítica para determinar la alcoholemia dio negativo, el tercer metabolito encontrado, etilbenzoilecgoni- na, señala que hubo consumo simultáneo de cocaína y alcohol etílico según los resultados toxicológicos, es decir, bebió pero no lo hizo en sus últimas 12 horas de vida. La cocaína es el mayor estimulante que se conoce y su efecto directo es la agitación psicomotriz. Una persona bajo los efectos de esta droga con una sobreexcitación muscular tiene cien veces más probabilidades de sufrir un infarto que otra que no haya consumido aclara José Cabrera, forense, experto en Toxicología y Criminología. Pero si a la cocaína le sumamos el alcohol, tenemos el cóctel más peligroso posible Con ese rango de cocaína, más una situación de estrés, un individuo está abocado a una vasoconstrucción generalizada explica el segundo forense consultado. No obstante, ni las pruebas toxicológicas ni el análisis de la fractura del esternón que sufrió el detenido han sido suficientes para concluir de qué murió. Tiene una explicación, tal y como recogen las publicaciones especia- lizadas. La autopsia de una persona que muere en privación de libertad (MPL) es, en general, la más problemática que se puede plantear a un patólogo forense reza en un artículo publicado en los Cuadernos de Medicina Forense en enero de 2004. En el mismo se detallan algunos de los métodos de reducción y contención que pueden relacionarse con este tipo de muertes: porras, puntos de presión que no causan grave daño estrangulación antebraquial (compresión del cuello) sprays irritantes y pistolas o armas para aturdir (defensas eléctricas) que tienen la consideración de arma no letal por la poca intesidad de la descarga En el apartado sobre muertes relacionadas con alcohol y drogas los autores describen que una de las situaciones más comprometidas se da cuando el detenido presenta delirium agitado diferente a una persona violenta. La anormal tolerancia al dolor y a los sprays irritantes, así como su piel muy caliente deberían