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10 La Entrevista DOMINGO 14 8 2005 ABC LUIS ARAGONÉS Seleccionador nacional El poco arraigo de la selección no es cuestión de regímenes El jueves cumplirá un año como seleccionador. Nunca se podía imaginar que la ilusión de su vida se pudiera convertir en una pesadilla por culpa de una frase mal dicha y sobre todo mal interpretada. Prefiere aparcar el caso, ahora está en juego el Mundial. Palabras mayores TEXTO ENRIQUE ORTEGO FOTOS SIGEFREDO MADRID. En el fútbol los años no son años, son temporadas. Y no nacen en enero y mueren en diciembre como manda el calendario. La temporada comienza en septiembre y se agota en junio, con la propina de la Eurocopa o el Mundial cada dos años. Estamos en víspera de uno de ellos. Con los 67 recién cumplidos (28- VII- 38) Luis Aragonés ha vivido uno de los años más intensos de su vida, con una desagradable polémica en la que fue acusado de racista y se defendió con la vehemencia del que se siente inocente. Ahora se dispone a vivir la experiencia más deseada. El Mundial de Alemania está a la vista y este veterano técnico está empeñado en que de una vez por todas la selección sea protagonista de la cita, no una simple comparsa, que se vuelve a casa en los cuartos de final, si no antes. Acude a la cita en plan veraniego... y con su inseparable agenda en la mano izquierda. El miércoles vuelve la selección al trabajo y el jueves cumple un año en el cargo. ¿Se imagina la vida sin fútbol? -No, no la veo. En mi caso sería complicado, difícil. Creo que mi familia se inventaría o compraría un equipo para que pudiera entrenarlo. Es mi vida, todo lo que he hecho. Quien siente el fútbol no se va, lo tienen que echar. ¿Tan pesado se pone cuando no trabaja? -Insoportable. No he estado nunca un año parado obligatoriamente. Cuando estuve un tiempo sin entrenar fue porque quería ver cosas, estudiar. Después, como mucho, unos meses cuando he salido de algún club. Mi familia lo sabe y prefiere que tenga equipo. ¿Pero qué le pasa? -No sé, es difícil de explicar. Me levanto ya mal, no estoy nunca contento, no sé qué hacer y eso que tengo mis negocios y nunca paro quieto. -Ahora que es abuelo puede jugar con los nietos. -Ya lo hago, tengo diez. Dos de cada hijo, casi un equipo. Son nueve niños y una niña. El fútbol actual, y más de seleccionador, ya te deja tiempo para jugar con ellos. Afortunadamente mis hijos están orientados todos y no necesitan que su padre trabaje o no. En este caso trabajo por mí, porque me gusta, no por necesidades familiares. -No se ve yendo al cine, al teatro, llevando a los nietos al parque... -Pues la verdad es que no. Me veo en ESPAÑA Más que un problema político, es cuestión de que nos falta el plus de haber ganado algo que tienen Brasil, Argentina, Italia... CASO HENRY Acusarme a mí de racismo sí que fue todo una cuestión política. Estuve tocado, lo superé porque mi conciencia siempre estuvo tranquila FILOSOFÍA En el fútbol y en la vida, quien duda, muere. Tengo 67 años y no puedo vivir sin trabajar. Si me falta el fútbol me pongo insoportable, ni mi familia me aguanta el fútbol hasta que me fallen las fuerzas mentales y físicas. -Como Errol Flynn, quiere morir con las botas puestas, con perdón. -Sin perdón, quiero estar hasta que no pueda más. Aunque suene duro. -Por su experiencia, puede hablarnos del fútbol del siglo XXI, comparado con el suyo, el del XX. ¿Es de los que cree que en este sentido cual- quier tiempo pasado fue mejor? -Más que cambiar el fútbol o los futbolistas, cambia la vida. Mi juventud no fue la misma que la que tiene un jugador actual. Que nadie crea que antes éramos más profesionales y ahora menos. Lo que existen son distintas formas de actuar. Pero la juventud es así. Ahora se llevan otras cosas que no se llevaban entonces. Los futbolistas en general, los de antes y los de ahora, y aunque la gente no lo crea, hacen grandes sacrificios para dedicarse al fútbol. Un futbolista durante unos cuantos años de su vida no puede hacer lo que hacen todos los que le rodean. Su suerte es que gana en diez años lo que los demás no ganan en toda su vida. Esta es su compensación al sacrificio. ¿Ya ha superado totalmente la polémica del racismo? -La superé desde el principio porque mi conciencia siempre ha estado tranquila, pero no lo olvido, no lo puedo olvidar, lo tengo ahí grabado. No puedo consentir que se politizara el asunto como se hizo. Me molesta que me encasillen en una cuestión en la que soy totalmente respetuoso y lo saben los amigos negros y de otras razas que tengo. -Estuvo muy tocado. Recuerdo una conversación con usted en aquellas fechas en la que reconocía que estuvo a punto de dejarlo todo. -Estuve tocado y sigo tocado. Mi familia quería que abandonara. Me veía sufrir, pero yo no podía dejar tirado a mi país. No había aceptado para abandonar por algo tan injusto. Lo que se hizo conmigo fue una injusticia tremenda. Fue una frase para motivar a un jugador, para que se sintiera mejor, más fuerte. Además, una frase en mi puesto de trabajo. Un entrenamiento no se hace en el aula de una universidad... Por eso nunca entenderé que se me llamase lo que se me llamó. Yo puedo ser cualquier cosa menos racista. Y la gente lo sabe. No he tenido en todos estos meses ni un solo reproche de la gente por la calle. El 28 fue mi cumpleaños y me llamaron amigos negros. Me hace gracia que se diga gente de color. ¡Coño, son negros, como nosotros blancos! Parece un pecado decir negros. ¿Es consciente de que según vaya la clasificación, el Mundial, puede ser el último año de su carrera? -En ningún momento pienso que puede ser mi último año. Estoy convencido de que vamos a estar en Alemania y una vez allí quiero hacer el mejor campeonato de la historia de la selección. Si no nos clasificamos, ya he dicho que me voy... ¿Significaría su adiós al fútbol? -No, ¿por qué? Seguiré seguro. Si tengo la fuerza mental y física que tengo ahora trabajaré donde me quieran. No me importaría volver a un club. Soy consciente de que se me va acabando mi vida deportiva, pero en el mundo hay otros entrenadores mayores que yo que siguen ahí. La edad no está en el carné de identidad, está en la cabeza. Me gusta el fútbol, es difícil que pueda hacer otra cosa. ¿Y a los 67 años se ve con fuerzas para volver a un banquillo diario? -Por supuesto. Me siento entrenador y ser entrenador es eso, entrenar todos los días. Por eso al seleccionador no se le llama entrenador. Sólo pensaré en la jubilación si veo que no puedo, pero me parece casi imposible porque la ilusión que tengo, la dependencia que tengo del fútbol, no se me va a ir en un año, ni aunque acabara mal aquí. ¿Y no le da miedo pensar que el puesto de seleccionador está gafado? Santamaría, Suárez, Clemente, Camacho... Después la vida ha sido distinta para ellos. -Miedo a nada, pero sí que se sale tocado. Es un puesto de una gran responsabilidad. A lo peor yo salgo más tocado que los demás y nadie me quiere ver después, pero es algo que tengo asumido desde que dije sí al cargo. ¿Por qué aquí los aficionados no dicen que son de España, todos son del Madrid, del Barça, del Atlético... En España la selección no tie-