Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
8 Opinión DOMINGO 14 8 2005 ABC LA BURBUJA YA SABEMOS POR QUÉ CRECEN LAS FLORES ¿C ÓMO saben las plantas cuándo tienen que florecer? ¿Cómo deciden dónde deben aparecer las flores? Todos nos hemos hecho alguna vez esas preguntas sorprendidos de que aparezcan prímulas en enero, florezcan los almendros en febrero, broten las orquídeas en agosto; que noviembre se llene de crisantemos. Menos Rubén Darío- -que preguntó una vez qué brotes eran los que tapizaban un estanque y tuvieron que decirle: Son nenúfares, esas flores de las que usted tanto habla en sus poemas -todos los vates han cantado a las rosas, las amapolas, los liLUIS IGNACIO rios y cualquier otra flor PARADA que tuviera una fácil rima en consonante. Pero sólo se han preocupado de la metafísica de la floración. Unos investigadores alemanes, japoneses y suecos han logrado desvelar el mecanismo que permite a las plantas florecer en el momento oportuno y, al mismo tiempo, que sus flores salgan en el sitio adecuado. Lo publica en su último número la revista Science Los alemanes han descubierto una proteína que denominan florígeno, cuya existencia se había predicho hace ya 50 años, pero que nadie había encontrado hasta ahora. Dicen que tiene como misión percibir la duración de los días y la temperatura para saber cuándo tienen que viajar desde las hojas hasta las puntas de los tallos para dar las instrucciones que hagan posible la floración. Los japoneses aseguran que una proteína que llaman FT, que se sintetiza en las hojas, interacciona físicamente con otra, la FD, que sólo se produce en el ápice. La primera le dice a la planta cuándo debe florecer, y la segunda le señala dónde tienen que aparecer las flores. Los suecos han divulgado que lo que se mueve desde la hoja hasta el ápice no es la proteína FT, sino el ácido ribonucléico mensajero de FT. Y para demostrarlo han construido unas plantas transgénicas que producen el ARN cuando se aplica calor sobre una hoja. A ver, Juan Ramón Jiménez, dígale usted a estos señores otra vez: No la toquéis ya más, que así es la rosa -Hay que cambiar de estrategia. Ya me dirás con qué fuerza iba a defender la lucha armada un hombre al que le pusimos de nombre Pakito CARTAS AL DIRECTOR Pueden dirigir sus cartas a ABC: Por correo: C Juan Ignacio Luca de Tena, 7. 28027 Madrid Por fax: 913.203.356. Por correo electrónico: cartas abc. es ABC se reserva el derecho de extractar o reducir los textos de las cartas cuyas dimensiones sobrepasen el espacio destinado a ellas. La calle es de todos El coordinador general de Ezker Batua Berdeak, Javier Madrazo, ha defendido la marcha convocada por Batasuna en San Sebastián como el derecho a manifestarse de todas las fuerzas políticas vascas, y pide que se garantice que no haya incidentes ni una confrontación en las calles Coincide su planteamiento con la declaración de Otegi, que ha condicionado la ausencia de inci- dentes a que la Ertzaintza no haga acto de presencia. Quienes representan a una organización ilegalizada se introducen automáticamente en la criminalidad. Sí, la calle es para todos, pero para manifestarse pacíficamente, como dio ejemplo de civismo y corrección el Foro Español de la Familia el 18 de junio. La calle no es para los que no cumplen las leyes, especialmente las de lo penal; ni para los condenados por criminalidad, y por supuesto no es para los que los representan indubitativamente. Confunde Madrazo en su preocupación por la renovación de consejero vasco lo que es el derecho a manifestarse. La calle es de todos, de todos excepto de los que rechazan que la calle es sólo suya y no del resto. Esos están excluidos de la libertad a manifestarse, ya que impiden la libertad de los que no coinciden con sus ideas. Menos aún, los que públicamente amenazan y coaccionan, ante la pasividad de los dos pilares funda- mentales de la defensa ciudadana, como son los Ministerios Fiscal y del Interior. ¿Qué es eso de tolerancia cero señor Alonso? José Carlos Navarro Muñoz. Mérida (Badajoz) El miedo es libre, pero... Para mis desplazamientos a Madrid, habitualmente, uso el transporte público. Me resulta más rápido y barato que el coche, ya que vivo en Fuenlabrada. Un día de la pasada semana, me dirigía a la DGT y decidí ir en Metro. En la estación de Pradillo se subió al vagón- -y se sentó a mi lado- -un hombre joven, de unos 30 años. Era un magrebí y portaba una voluminosa mochila que dejó caer ruidosamente en el suelo. Hasta ahí todo normal, pero, nada más cerrarse las puertas, este hombre comenzó a mirar nerviosamente el reloj. Le aseguro que pude ver el miedo en las caras de los otros viajeros del vagón. Uno por uno, incluido yo, nos fuimos levantando -algunos imaginando una excusa o una explicación que nadie nos pedía, otros sin disimulo alguno- -hasta dejar a ese hombre completamente sólo. Y entonces no vi miedo en su cara, sino tristeza. Parecía pedirnos perdón por el miedo que nos estaba haciendo pasar. Todo esto es así porque, aunque digamos aquello de que la vida sigue y que no vamos a cambiar nuestro hábitos por los atentados (pasados y posibles) el miedo es libre. Seguimos teniendo miedo; no deberíamos sospechar de cualquier hombre con cara de magrebí con una mochila y un poco de prisa, pero lo hacemos. Nos sentimos indefensos y no vemos que nuestros gobernantes hagan nada para evitarlo. Se bajó, como casi todos, en Puerta del Sur. Entró sólo por la puerta del vagón e intuyo, porque yo me fui tres más atrás, que de nuevo empezaría la historia. Más miedo y más tristeza. Francisco Julián Conesa. Madrid.