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ABC DOMINGO 14 8 2005 Opinión 7 MEDITACIONES EN RACHA E L currículum es para echarse a temblar y como para que a uno no le queden ganas de que te acompañe a sacar un décimo de Lotería. Apostó por Kerry, ganó Bush; se fue a Renania a apoyar a los socialdemócratas, que perdieron su último y tradicional feudo, donde llevaban cuarenta años sin palmar; marchó a París a echar una mano a monamí Chirac en el referéndum por el sí francés a la Constitución europea, salió no; y hasta dio un salto continental hasta Singapur, con el resultado conocido. Desde luego, está en racha. Lo próximo, al parecer, es acercarse de nuevo a Alemania para dar el espaldarazo definitivo a Schröder, que anda buscando tréboles de cuatro hojas y patas de conejo por la Selva Negra para contrarrestar su ayuda MARCO AURELIO LEER Y PENSAR LA MARATÓN DE AEROPUERTO EL MUERTO EN EL BÚNKER DE MARTÍN POLLACK El Tercer Nombre Madrid, 2005 240 páginas 17 euros Un asesino en casa No debería asombrarnos tanto la súbita conversión de encantadores profesores, amables deportistas o adolescentes ricos y brillantes en terroristas suicidas. Por el contrario, sería útil que nos esforzáramos en discernir lo que fue esencial y oculto en ellos de lo que parecía tan normal y corriente, desvelar que antes de la muerte genocida practicaron con sus vecinos y familiares esa otra forma de asesinato civil que es el engaño. De ahí que este libro valiente, incómodo y rencoroso cobre en estas fechas trágicas especial relieve. En él su autor narra su propio viaje en busca de la verdad, que le llevó en el verano de 2003 a un búnker en la antigua frontera entre Austria e Italia. Allí donde apareció en 1947 el cadáver de un hombre, Gerhard Bast, nacido en Eslovenia en 1911 y más tarde nazi fanático, agente de la Gestapo, feroz comandante de las SS y responsable de deportaciones masivas, fusilamientos y una variada gama de delitos. Un criminal que fue también su padre, la prueba- -como si hiciera alguna falta- -de que un hombre cualquiera, a impulsos de una ideología totalitaria o los dictados de una religión o secta iluminada, puede convertirse en un monstruo. MANUEL LUCENA GIRALDO O me da miedo el avión. Ninguno. Lo que me da pánico es el aeropuerto. Un enlace en un aeropuerto, de terminal nacional a terminal internacional o viceversa. ¿No se acuerdan de aquello que decían en el año 2000, los terrores del milenio? Ya han llegado. Están en los enlaces de los aeropuertos. Mentes perversas de arquitectos, como un tal Pere Nicolau en Palma de Mallorca, diseñan tormentos crueles para la Humanidad. Los suplicios chinos son caricias al lado de lo que los viajeros han de sufrir en los enlaces de aeropuertos. Con la complicidad de la chica que te extendió el billete en la agencia, y te dijo que había tiempo sobrado para el enlace. Tres cuartos de hora es tiempo sobrado para enlazar de un tren a otro en Atocha. Pero 45 minutos son un suplicio si tienes que ir en Barcelona desde tu avión de línea interior, que siempre te deja en la ultima puerta, a tu vuelo internacional, que, mire usted ANTONIO por dónde, siempre sale en la puerta BURGOS que está justo al lado de la Diagonal. Corre que te corre, con la impedimenta de mano, has de recorrer yo calculo que 20 ó 25 kilómetros desde tu vuelo nacional a tu enlace internacional. ¡Y en diez minutos! Y mientras, esa megafonía dando por saco: Último aviso para los viajeros gordos, sofocados y adiposos que vienen de Málaga y tienen que coger el vuelo de Hamburgo Y los viajeros, con la lengua fuera, cayéndoseles la paquetería de mano, por aquellos pasillos, inmensamente largos, bulliciosos, hasta que llegan al tapiz rodante donde, ¡siempre, siempre! hay un tío con un maletón apalancado en el suelo que te cierra el paso, con la prisa que llevas, que el embarque era a las 13,20 y son ya las 13,55... Lo de Barcelona es un agradable paseo al lado del terror de Palma de Mallorca. Palma, ciudad de la luz, del Mediterráneo, de la claridad balear, tiene el aeropuerto más oscuro del mundo, siempre con la luz eléctrica encendida. Como a Rafael Moneo, que hizo igual N en el aeropuerto de la luminosa Sevilla, yo condenaba a estos arquitectos tenebristas a que pagasen de su bolsillo un mes de luz eléctrica de su obra. Que en el caso de Palma es como una larga mazmorra aeroportuaria, mal señalizada, donde, tras jardinera, te bajan del avión nacional por una mangada de embarque del ganado y has de ir a tomar el vuelo nacional aproximadamente al otro lado de la isla, al que llegas por unos largos pasillos repetidos, donde nunca sabes si es el mismo que atravesaste antes y con el que te confundiste, o es otro nuevo. Y con rampas. Para dar mayor interés al tormento chino de llegar en diez minutos de un lado a otro de un laberinto de cinco kilómetros, en Palma han puesto rampas. Divertidísimas. Porque siempre coges hacia arriba y a la derecha la rampa por donde tenías que haber ido hacia abajo y a la izquierda. Error del que te das cuenta siete u ocho kilómetros más adelante, cuando preguntas por la puerta E- 46: ¿La puerta E- 46? Uf, eso está allí, al otro lado... Y te señalan a través de los cristales como para Formentera o Cabrera. Y todo esto, a pie. En aeropuertos extranjeros, de una terminal a otra, yo he ido en monorraíles elevados en Miami, en un metro simpatiquísimo en Zurich, en jardineras de diseño que actúan como escalerilla del avión. En España, no. Como fomento del deporte, han inventado la Maratón Aeroportuaria. Yo ya tenía medalla de oro en la Maratón del aeropuerto del Prat y en la Media Maratón de Barajas. Ahora la he ganado en Palma, gracias a Air Berlín. La próxima vez digo que soy un cojo autonómico de Paco Mira. Porque iba acalambrado, con la lengua fuera, a punto de perder mi enlace, por esos pasillos de Palma, y pasaban en sus carritos de golf unos tíos sentados, repanchigados, mirándonos con curiosidad y desprecio. Ni cojos ni nada. Seguro que dicen que son cojos para no tener que correr la Maratón de aeropuerto. Que es lo que haré la próxima vez. ¡Las cojetadas de ojaneta que voy a pegar bajándome del avión de Sevilla, para que me monten en el carrito de golf y me lleven en volandas hasta el vuelo de Zurich!