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ABC DOMINGO 14 8 2005 Opinión 5 CARTA DEL DIRECTOR IGNACIO CAMACHO UN ASUNTO DE HONOR Alguien deberá caer para que quede a salvo lo que tiene que quedar: el honor y el prestigio moral de la Guardia Civil. Roquetas exige sanciones y ceses. Por abajo y por arriba. Los responsables, activos o pasivos, a la cárcel o a la calle. Y la Guardia Civil, en su sitio de siempre. Al servicio del Estado, de la ley y de los ciudadanos I la Guardia Civil no fuese militar se salvaría una curiosa paradoja nominal y se obtendría una notable satisfacción de ciertos sindicatos y algunos teóricos del progresismo a la violeta, pero sería imposible su presencia en varios miles de poblaciones rurales en las que su asentamiento representa una forma significativa de vertebración del Estado. Si la Guardia Civil no fuese militar no habría manera de que sus miembros esperasen fuera de hora el levantamiento de los cadáveres antes de un atestado, o de que echasen jornadas eternas en la carretera los días clave de las vacaciones, o de que se jugasen el tipo para salvar inmigrantes naufragados en las pateras que arriban por oleadas en las noches de la luna llena. Si la Guardia Civil no fuese militar sería un dignísimo cuerpo de funcionarios en el que no habría modo de lograr una disciplina de servicio y entrega más allá de los reglamentos laborales. Si la Guardia Civil no fuese militar, en suma, no sería lo que ha logrado ser en siglo y medio de existencia: una fuerza de seguridad fiable, generosa, reconocible y de una lealtad insobornable al Estado. A raíz del caso Roquetas un episodio inaceptable de extralimitación, maltrato, violencia y abuso, han vuelto a surgir las voces que aprovechan cada fallo humano de la Guardia Civil para insistir en la necesidad de su desmilitarización. Pero lo que ha fallado en Roquetas no es la condición del Instituto, sino la profesionalidad de algunos de sus El ministro del Interior, tras su última comparecencia en el Congreso miembros, la estructura del mando y la Guardia Civil esté dirigida por un militar, decisión gestión política de un incidente que tenía que haber sostenida en su momento por el ministro de Defensa, sido resuelto con firmeza y sin corporativismos. PorJosé Bono, un hombre poco popular- -por decirlo suaque el prestigio de la Guardia Civil no se salvaguarda vemente- -entre la mayoría de sus compañeros de gaprotegiendo a los indeseables, sino depurando los elebinete. Y es igualmente conocida la trasnochada tenmentos que contaminan su capital moral y humano. dencia de algunos sectores del PSOE a rescatar cíclicamente el debate sobre la integración de la BeneméPara empezar por el principio: el impresentable y brurita en la estructura de mando único de la seguridad tal apaleamiento de un detenido que ni siquiera entró del Estado. Una idea que contradice el tradicional recomo tal en el cuartelillo no puede salvarse sin tres conocimiento de los valores cívicos del Cuerpo- -adrequisitos esenciales. El primero, el apartamiento mitido históricamente incluso por los dirigentes de la cautelar, sin perjuicio de la presunción de inocencia, II República- y que aparecía incluida, por cierto, en del teniente al mando y de los guardias implicados en el programa electoral del presidente Zapatero. la paliza, acompañada la medida de las sanciones disA partir de ahí, pueden entenderse las reservas con ciplinarias a que haya lugar bajo el reglamento (milique el ministro Alonso zanjó en su comparecencia la tar) del Cuerpo. El segundo, la puesta a disposición intervención del general Gómez Arruche, un hombre judicial, sin reservas, de todos los elementos que condiscutido desde hace tiempo en el palacete del Paseo tribuyan al esclarecimiento de lo sucedido. Y el tercede la Castellana. Alonso, sencillamente, echó a los leoro, la dimisión o destitución del director general, no nes a Arruche al admitir que se enteró de los sucesos sólo por haber ocultado inicialmente los hechos include Almería por el delegado del Gobierno y no por el so al propio ministro del Interior, ni por sus desaforturesponsable de la Guardia Civil, aunque se negó a ennadas declaraciones en defensa del oficial imputado, tregar (por ahora) su cabeza a una oposición clarasino, simplemente, porque este desagradable episomente engallada por la claridad del escándalo. dio ha ocurrido bajo su guardia y constituye, por ello, un caso de indeclinable responsabilidad moral. Al Gobierno socialista le incomoda de forma visible el Dicho esto, conviene aclarar que el caso Roquehecho de que durante los ocho años de mandato del tas se ha convertido en una herramienta de debate PP- -con un civil, por cierto, al frente del Instituto- -interno en el seno del propio Gobierno. Es conocida la no se produjera en la Guardia Civil un solo hecho desoposición de la cúpula de Interior al hecho de que la S tacable de abuso de autoridad o malos tratos, y que de repente Roquetas haya enlazado con la memoria negra de Roldán, de Galindo y de Intxaurrondo. Pero Alonso y su equipo se mueren de ganas por liquidar a Arruche, un hombre de Bono. Y probablemente lo van a lograr. Lo deben lograr, porque Arruche debería tener la dignidad de irse. Otra cosa es que su sucesor sea o no otro hombre de las Fuerzas Armadas, una batalla en la que el ministro de Defensa se empeñará, a buen seguro, con todas sus fuerzas. Y que puede servir para medir su capacidad de influencia en el ejecutivo de Zapatero. Lo que de ninguna manera debe ocurrir es que lo de Roquetas acabe como eje de un debate interno del Gobierno y del Partido Socialista con la Guardia Civil como manoseada pieza de cambio. Lo que Roquetas ha demostrado no es la inviabilidad de un Instituto militar supuestamente descontrolado del factor moderador que teóricamente supone el poder civil, sino la existencia de problemas reales en una fuerza pública a la que el Gobierno no presta toda la atención que se merece. Hay muchos puestos de relevancia bajo el mando de oficiales inexpertos, es manifiesta la mala preparación de determinados hombres y mujeres del Cuerpo- -cuyo oficio, consiste, entre otras cosas, en conocer el modo de inmovilizar a un detenido furioso e incontrolado- y persisten en la Benemérita las habituales tenEFE dencias corporativas a ocultar los incidentes y proteger a los elementos perniciosos en vez de depurarlos de manera fulminante y expeditiva. En Roquetas, que es un escenario socialmente difícil, con mucha inmigración, bastante violencia, mucho dinero sobrevenido y notable conflictividad social, un hombre fue salvajemente apaleado en un cuartel, con resultado de muerte, por unos servidores del orden que deberían conocer el modo de reducir adecuadamente a un detenido que ofrece resistencia. La existencia de posibles atenuantes no salva la evidencia de un lamentable abuso de fuerza. Y eso lo ha de saber Interior, y actuar con toda la firmeza subsiguiente. Caiga quien caiga. Que alguien deberá caer. Y alguien deberá caer precisamente para que quede a salvo lo que tiene que quedar: el honor y el prestigio moral de la Guardia Civil como elemento nuclear de un Estado democrático. Roquetas exige sanciones y ceses. Por abajo y por arriba. Y que nadie maree la perdiz con casuismos exculpatorios o reservas verbales. Los responsables, activos o pasivos, a la cárcel o a la calle. Y la Guardia Civil, en su sitio de siempre. Al servicio del Estado, de la ley y de los ciudadanos, más allá de querellas políticas y de reclamaciones ideológicas o sindicales. Y por supuesto, más allá de tal o cual oficial, de tal o cual director general... y de tal o cual ministro. director abc. es