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ABC SÁBADO 13 8 2005 Los Veranos 91 EL RUMOR DE LA FRONTERA La guerra de Irak ha golpeado este pequeño enclave de Texas fundado hace apenas 23 años por dos mujeres que huían de la miseria de México y en donde el tiempo parece haberse detenido mientras sus habitantes recuperan su rutina diaria 1: 37 pm en El Cenizo, 9: 37 pm en Irak ElCe TEXTO: ALFONSO ARMADA FOTO: CORINA ARRANZ TEXAS nizo. Cuando alguien muere en el frente, el Ejército lava concienzudamente todas las prendas y envía el petate a la familia. Lo primero que instintivamente hacen los deudos es llevarse esa ropa a la cara, para tratar de recobrar el olor del hijo o de la hija perdidos. Pero no queda nada. Las lavadoras del Pentágono son tan eficientes, tan higiénicas, que el último rastro de vida ha sido bienintencionadamente borrado. Conocí a Juana Velasco y a Rodrigo Rodríguez cuando pasé por El Cenizo, un villorrio de Texas levantado a las afueras de Laredo, para escribir de las elecciones que otorgarían a George W. Bush su segundo mandato. El temor se palpaba en la primorosa casa que el carpintero y albañil Rodrigo Rodríguez levantó con sus manos y la ayuda de su hijo, el cabo Juan Rodríguez Velasco, entonces desplegado en Irak. Mientras rezaba a la Guadalupana para que se lo devolvieran sano y salvo, Juana Rodríguez se preguntaba por qué el presidente no enviaba a sus propias hijas a la guerra. En sus cartas, el marine de 23 años decía que luchaban en una zona donde las casas eran muy humildes y que muchos ira A veces me quíes había vienen recuer- sido golpeados por dos y me pon- la vida Rogo a llorar en drigo rela noche y así cuerda el día que, pome quedo co después dormido de las tres de la tarde, llamaron a la puerta: Cuando vi los uniformes azules y las gorras blancas quise correrles quise que se fueran, que no fuera cierto lo que venían a decir. Se me vino la sangre a los pies Con la ropa, les llevaron lo que su hijo tenía encima cuando estalló una mina al paso de su vehículo apenas blindado (parecía un transporte de la primer mitad del siglo XX) en la provincia de Ambar. Tres chapas (dos para el cuello, una para el tobillo: con su nombre, grupo sanguíneo, Golfo de México Goliad Corpus EE. UU. Del Río Christi Eagle Pass Mirando City Piedras Negras Nuevo Laredo Los Ébanos Laredo McAllen Brownsville El Cenizo Río Grande Reynosa Matamoros El Cenizo City N U E V O L E Ó N San Antonio México El Cenizo Fundado en terrenos comprados por Martha Cadena, recibe su nombre del color cenizo de los toros del lugar y de un tipo de arbustos. Juana Velasco y Rodrigo Rodríguez sufren la pérdida de su hijo en Irak compañía y religión) un escapulario, dos estampas y su reloj que, paradójicamente, sigue en marcha en El Cenizo: marca la hora de Irak. Mientras junto al Éufrates son las 9: 37 de la noche, a orillas del Río Grande es la 1: 37 de la tarde. A veces me vienen recuerdos, y me pongo a llorar en la noche, y así me quedo dormido, llorando. Hasta que llega el amanecer dice Rodrigo Rodríguez. A la pesadumbre parece haberse sumado el miedo. Como si les hubieran aconsejado que se guardaran la rabia, que masticaran en silencio el duelo. pelean en Irak. Un porcentaje desmesurado para este pobrísimo enclave fronterizo de 5.000 almas fundado el 23 de marzo de 1983, cuando Martha Cadena vendió el primer lote. No hay consenso sobre si fueron toros o arbustos los que dieron nombre al pueblo que el arrojo de una mujer, nacida en Tamaulipas hace 48 años, plantó en el mapa Todo un país en deuda El albañil, inválido a causa de un accidente, dice que son 30 los hijos de El Cenizo que texano. Martha Cadena se pinta como una india y se hace ella misma la ropa. A los 14 años cruzó el río con una hermana para aliviar la despensa familiar: eran 18 hermanos. El hijo de Juana y de Rodrigo jamás pensó que iría a una guerra inútil, sin sentido dice su padre. Cuando se alistó hizo lo que muchos hijos de familias pobres: tomar el único camino para labrarse un porvenir. Ahora le darán el nombre al primer cuartel de bomberos de El Cenizo. Un altar con su foto es lo primero que se ve al atravesar los muritos blancos que sirven de portalón al polTreinta hijos voriento lude El Cenizo gar. Le dan pelean en al Cenizo Irak, sobre un aire como de ce- una población menterio de apenas bajo la caní 5.000 almas cula. El tiempo pasa de forma extraña. Tratamos de recuperar la rutina, pero no conseguimos encontrar el orden de nuestras vidas. Juan era parte fundamental de ese orden. Nos dijeron que Estados Unidos estaba en deuda por la muerte de nuestro hijo. Que esa deuda nunca podrá ser pagada ¿Qué clase de consuelo proporciona esa certeza, sobre todo si la guerra no era justa? En medio de las banderas y de la pena, Juana y Rodrigo tienen miedo y miden todo lo que dicen. Y el tiempo se estanca en El Cenizo.