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46 VIERNES 12 8 2005 ABC FIRMAS EN ABC MARIANO CARVAJALES DOCTOR EN DERECHO ¿ARDE AMÉRICA LATINA? Más que un descuido, sería una insensatez quedarse al margen del proceso de normalización institucional que requieren los países de la región... É STA es la pregunta que vino a mi mente cuando me enteré de la renuncia del presidente de Bolivia: Carlos Mesa. Pero mayor fue mi sorpresa cuando navegando por internet, en las arcas de esa misma pregunta, me encontré con toda una serie de proclamas revolucionarias (todas provenientes de académicos y políticos venezolanos) llamando a una revolución bolivariana Esto me permitió entender porqué, entre los observadores internacionales de la región que han prestado su apoyo y colaboración a la difícil situación que padece el país más pobre de América Latina (entre ellos, los presidentes de Argentina y Brasil) no se encontraba el presidente venezolano. Comenzó entonces a tomar cuerpo la hipótesis sostenida por varios expertos acerca de que Hugo Chávez está apoyando, no sólo con palabras, todos los movimientos revolucionarios que se han originado en la región. Si a lo expuesto anteriormente agregamos las tendencias hacia la izquierda que están tomando el resto de los países latinoamericanos que más se han beneficiado de políticas económicas supuestamente liberales como México (piénsese por ejemplo en una posible victoria de López Obrador) Brasil, con un aún incierto y cada vez más debilitado Lula Da Silva por los escándalos de corrupción, que ha anunciado no renovar los acuerdos de su país con el FMI; Argentina, con los boicots del presidente Kirchner a las empresas multinacionales; Uruguay, que no sólo ha rechazado las privatizaciones sino que el Estado llega hasta fabricar whisky, y el mismo Chile, el país económicamente más adelantado de la región, donde el presidente Lagos parece haber comenzado a dar un tímido apoyo a la candidata de centroizquierda Michele Bachelet, el panorama que se observa, al menos para quienes participamos de un pensamiento liberal, es bastante preocupante. Y la preocupación viene de que el argumento común, tantas veces escuchado, es que la culpa de todos males que hoy padece Latinoamérica es la política neoliberal adoptada en los años noventa consistente, básicamente, en privatización de empresas públicas, reducción del gasto público, políticas fiscales austeras y liberación de las trabas al mercado de capitales. Por decir- lo con nombre y apellido: al Consenso de Washington Ante esta común acusación cabría preguntarse porqué esas mismas medidas funcionaron bien en países del Este de Europa como la República Checa, Hungría, Polonia y otros. La respuesta más satisfactoria que hasta el momento he encontrado es que ello se debe, principalmente, a la debilidad institucional que padecen la mayoría de los países latinoamericanos. En este sentido, puede pensarse en la serie de caídas y nombramientos de nuevos presidentes en tan sólo un lustro (Ecuador y Argentina pueden ser un buen ejemplo de ello) El caso de Bolivia es paradigmático. El cocalero Evo Morales, en menos de tres años, se ha alzado con el poder real de la nación llegando a derribar un gobierno entero. Pero puede también pensarse en los cacerolazos y los piqueteros en Argentina, en los indigenistas de Ecuador y Perú y en los sin tierra en Brasil. Acusar de la actual crisis política latinoamericana a mal llamadas políticas liberales no me parece justo. Y ello por cuanto tales políticas no han sido auténticamente liberales sino que por su presencia o palabra Recordé el mohín contrariado de Laura, sentí el deseo de regresar hasta ella y hacerle saber que tener carisma es una bendición, es un favor, una gracia- La gracia, más bella aún que la belleza escribió el fabulista francés Jean de La Fontaine- -y que no debía preocuparse. Mas la prudencia, siempre tan buena consejera, me detuvo y me retuvo. Días atrás, y después del curioso incidente, descubrí los poemas de la poetisa suiza Filippa Frignani. Su obra, tan breve como su vida, tuvo como marco el encanto de Biella, un pequeño pueblo en los Alpes italianos, desde donde compuso delicadísimas piezas líricas. Y tropecé con estos versos, que traduzco de su pulcro alemán: Bajo el invierno de tu blanca boca dejé mi lluvia y mi carisma. Ya nada tengo, sino la escarcha tan febril de tu memoria He vuelto varias veces al supermercado, hasta encontrar a Laura sentada en una de las cajas. Y hoy, antes de pergeñar estas líneas y minimizar los riesgos, he tenido la oportunidad idónea para dejar un sobre cerrado y a su nombre con una fotocopia de los versos de Filippa Frignani y las dos acepciones incluidas en el D. R. A. E. Ojalá no sea tarde. Y Laura y Montse no hayan dejado de ser amigas. JORGE DE ARCO ESCRITOR CARISMA UCEDIÓ mientras aguardaba en la cola del supermercado. Al par que llegaba mi turno y la cajera, con gesto rutinario, comenzaba a pasar cada producto por la cinta magnética, vi cómo se acercaba hasta nosotros una empleada. Su uniforme amarillo parecía haber palidecido y en su rostro se advertía un evidente desconcierto. La pregunta, a bocajarro, apuntó directa a su compañera. ¿Paqui, tú sabes qué es tener carisma? Paqui no supo qué contestar. Con la mano izquierda sostuvo por un instante mi tarrina de mantequilla y con la derecha se frotó la nariz. Bajó la mirada e intuí su decepción por no saber la respuesta correcta. Es que me ha dicho la Montse que yo tengo mucho carisma El piercing de la carismática empleada pareció cobrar vida propia, pues se movía veloz bajo su labio inferior. Era evidente que el piropo en cuestión no le había sentado nada bien y que aquello del carisma le había resultado francamente turbador. Ante la confusión y el silencio S creado, a punto estuve de intervenir, pero creí oportuno mantenerme concentrado en mis productos alimenticios. Después de cobrarme, Paqui no quiso arriesgar: Es que no sé, Laura, no tengo ni idea de qué puede significar Pero Laura no pareció conformarse y volvió a la carga. Es que, tía, me he quedado... No sé qué decirle Salí del supermercado e imaginé por un momento a la buena de Montse, cómplice y aduladora, que tras ofrecerle a su compañera un cumplido, podría ser la causante de un serio disgusto. Al llegar a casa, no pude resistir la tentación de buscar en el diccionario la correcta acepción de aquella palabra que para ella resultaba tan enigmática. Por un momento, incluso dudé de conocer el significado correcto y me lancé en pos de un sentido distinto al tradicional: Don gratuito que Dios concede a algunas personas en beneficio de la comunidad leí presuroso. Y había más: 2. Por ext. don que tienen algunas personas de atraer o seducir en la mayoría de los casos se han limitado a una transferencia de poder económico (del Estado hacia algunos particulares) sin un desarrollo previo de instituciones liberales básicas como son unas claras reglas de juego claras, una definición precisa de los derechos de propiedad, un poder judicial independiente y efectivo y una firme lucha contra la corrupción. En una palabra, a la instauración de un sistema representativo y republicano de gobierno real. Tampoco me parece justo porque los gobiernos no han utilizado los reales y tangibles beneficios provenientes de esas mismas medidas para una más equitativa distribución de la riqueza, un mayor ahorro, inversiones en infraestructuras, formación del capital humano y el desarrollo de industrias que permitan un desarrollo sostenible. En pocas palabras: no han sabido administrar los tiempos de bonanza Ante tal situación: parece evidente que las empresas no pueden quedarse tocando la lira como el Nerón de la película Arde Roma Marcharse de tales países puede ser la solución más rápida y también un factor de presión para los gobiernos. Pero quizá no sea la más adecuada ni incluso la más rentable, sobretodo si se tiene en cuenta las importantes inversiones realizadas y que, en las actuales circunstancias, en pocos- -o quizá en ningún- país o región- -podrán alcanzar las rentabilidades que alcanzaron en América Latina. Llegados a este punto, justo también es reconocer que las empresas privadas que se han beneficiado de las privatizaciones no parecen haber hecho todos los deberes que les correspondían. Dichas empresas, movidas quizá por altas y rápidas rentabilidades, no consideraron la gran brecha social que se estaba produciendo entre los distintos sectores sociales de los países donde invirtieron. Si bien podría argumentarse que las políticas de distribución de riqueza corresponden al Estado, no menos cierto es que en un auténtico sistema liberal la responsabilidad individual lleva, antes o después, a una responsabilidad también social. El actual debate en torno a la responsabilidad social corporativa parece confirmar esta afirmación. Por ello, ahora que se habla tanto de la RSC, sería bueno ampliar el horizonte más allá de las fronteras, y pensar qué papel deben jugar las empresas que han invertido en América Latina. Más que un descuido, sería una insensatez quedarse al margen del proceso de normalización institucional que requieren los países de la región. Esto es de particular importancia para las empresas españolas, primeras inversoras, hasta hace muy poco tiempo, en América Latina. En este sentido, la medida más urgente y necesaria parece ser la reconstrucción del tejido social a través de grupos y asociaciones intermedias y de apoyo a las instituciones básicas de la sociedad como la familia, las escuelas y las universidades. En síntesis, y por utilizar la terminología al uso: una reconstrucción de la sociedad civil Ésta sí que es auténtica política liberal.