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ABC VIERNES 12 8 2005 Madrid 31 Jesús Lojo Quiosquero Me falta la materia prima, la gente de la torre Las ventas de Jesús se quedaron a cero tras el incendio en Azca. Muchos en este complejo financiero buscaban cada mañana su ejemplar de prensa en este quiosco de la esquina de Orense. Hasta que la torre sucumbió a las llamas. Ahora, seis meses después, el balance es demoledor. No he echado las cuentas todavía porque no me atrevo. Primero cerré una semana. Después no había Metro, ni autobuses, ni nada, así que nadie pasaba por aquí delante. Ahora estoy a un 50 o 60 por ciento de ventas y se ve que hemos tocado techo. Han volado miles de euros A Jesús, la apertura al tráfico de Raimundo Fernández Villaverde no le dice nada. El que pasaba habitualmente por aquí ya lo está haciendo desde hace tiempo. Da igual que abran una calle. Me sigue faltando la materia prima, que es la gente que había en la torre y que ya no está Acostumbrado al ajetreo del perímetro de Azca, Jesús ve difícil que los negocios retomen pronto su pulso. Regenerar esta zona no es cuestión de una semana. Será un boca a boca. Que la gente vuelva a decir quedamos en Orense y que no haya esa sensación de fíjate lo que era esto y en lo que se ha quedado Gerardo Daal Encargado de una baguetería ¿Expectativas? muchísimas. Ahora volverá el trabajo La baguetería de Raimundo Fernández Villaverde fue el mejor balcón para ver arder el Windsor la noche del 12 de febrero. Gerardo, el encargado del establecimiento, aún se altera al recordarlo. Aquello fue de locura. La torre se estaba quemando y nadie podía hacer nada En pocos minutos, su local se convirtió en cuartel general de la policía y los bomberos. Unos pedían botellas de agua para llevárselas a los bomberos y otros entraban y salían de los baños, con la cara negra, para lavarse Fue el único establecimiento que quedó abierto dentro del perímetro de seguridad y esa misma noche, de golpe, empezaron las pérdidas. Todo lo que estaba en las cámaras frigoríficas- -dice- -se perdió. Luego vino la clausura y después la falta de clientes. Cuando lle- Un robot manejado por control remoto retira aún escombros DANIEL G. LÓPEZ garon los curiosos pensamos esto nos vendrá bien Qué va. Se hartaron a tirar fotos y, mientras, el local vacío Las vallas aún amenazan su puerta y las pérdidas ya le han costado el trabajo a un camarero. ¿Expectativas? muchísimas. Soy positivo y creo que en cuanto abran al tráfico volverá el trabajo. Falta saber si el negocio se recuperará del todo