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22 Internacional LA RETIRADA DE GAZA VIERNES 12 8 2005 ABC Una soldado israelí con un bebé de plástico en los brazos interpreta el papel de colono resistente en el último ensayo general antes de la evacuación de Gaza AP Diez mil soldados y militares hebreos llevaron ayer a cabo en un kibbutz abandonado junto a Egipto el último ensayo general antes de la evacuación judía de Gaza. ABC lo siguió en primera línea No son enemigos, son israelíes TEXTO: JUAN CIERCO. CORRESPONSAL KEREM SHALOM (ISRAEL) El despliegue asusta. Sobre todo si uno se topa con el kibbutz abandonado de Kerem Shalom, lindante con Egipto. La imagen, más apabullante que muchas de las observadas durante la Operación Muro de Defensa en Cisjordania en 2002. Nunca hasta entonces, ni siquiera en las guerras que envolvieron a Israel a lo largo de su convulso pasado, el Tsahal se había calzado tantas botas, había empuñado tantos fusiles, había arrancado tantos carros de combate. Sin embargo, la evacuación de Gaza supera a aquella apuesta militar. Y lo visto ayer, en primera fila de la platea, da buena cuenta de ello. No se utilizarán carros de combate; no volarán cazabombarderos; no se empuñarán armas de fuego pero hasta 55.000 efectivos, entre soldados y policías, chocarán de golpe con la puerta de la Historia de su país y, de paso, con centenares de colonos judíos reacios a facilitarles las cosas. Muchos menos de los esperados- -el éxodo de Gush Katif es cada día más evidente y los dos mil infiltrados y atrincherados en modestas tiendas de campaña rozan los quince años- -pero los suficientes para armar algo más que jaleo. El despliegue, en efecto, asusta. El ajetreo, intimida. No falta de nada. Están los protagonistas, vestidos de naranja, soldados disfrazados de colonos que han tenido la mala suerte de recibir un papel estelar en este ensayo general que siguen sin inmutarse los ministros de Defensa y Seguridad Interior, Shaúl Mofaz y Guideón Ezra, y el comandante en jefe de la evacuación militar, el general Dan Harel. blancas tanquetas; los caballos bien pertrechados; las jaulas con barrotes de hierro en las que serán sacados los más irredentos; las grúas que levantarán en volandas las jaulas; los camiones que se llevarán a su triste destino a los iluminados rebeldes; los autobuses con cristales tintados en los que saldrán los últimos de Gush Katif... Otra vuelta de tuerca Unidades de centenares de hombres se cruzan con otra sólo de mujeres, helado en mano para mitigar el calor extremo. Se escapa algún guiño, algún coqueteo pero sólo eso. No se oye ni una risa, no se observa ni una broma. Todas y todos concentrados a tope, conscientes de la vuelta de tuerca que le espera a Israel en apenas unos días de agosto. Junto a ellos, médicos y enfermos que evacuan en ambulancias a unos supuestos heridos a los que no les faltan ni siquiera los sucedáneos de sangre, ni las vendas alrededor de la cabeza, ni las camillas sobre las que descansan bajo un sol de justicia. Una de las supuestas heridas, a punto de la insolación, levanta la mano pidiendo un po- co de árnica sin que ninguno de sus compañeros de fatigas le hagan el más mínimo caso. En los centros de mando, bajo toldos negros que ofrecen una sombra más que agradecida, debaten en pie en torno a una mesa con mapas desplegados, los jefes del operativo. También a ellos les reparten agua, bocadillos, helados que engullen lo más rápido que pueden para que no se derritan con el calor, para que no se ahoguen en un polvo imposible que también representa su papel de cortina de humo. Sin contemplaciones Mala suerte porque los actores secundarios, más de diez mil, soldados, policías y agentes israelíes antidisturbios, se emplean a fondo, sin contemplaciones, durante un entrenamiento demasiado realista. Tanto que los mandos del operativo piden calma a sus hombres y mujeres para evitar que se hagan más daño. No faltan los escudos; las porras; los petos; las sierras eléctricas preparadas para cortar cuantas cadenas se aten a una tierra a punto de ser abandonada; los cañones de agua a bordo de Hasta el mínimo detalle Se ha ensayado todo. Hasta el más mínimo de los detalles. También el primer día de la evacuación, ese 15 de agosto que está ya a la vuelta de la esquina. De buena mañana, el comandante de un grupo de 17 soldados, hombres y mujeres, llamará a la puerta: Buenos días, estamos aquí para aplicar una ley de la Kneset. Les pido que nos acompañen y suban al autobús que les va a evacuar. Si necesitan ayuda para cargar sus pertenencias, lo haremos encantados Y el estribillo de una canción desafi-