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78 Los Veranos JUEVES 11 8 2005 ABC EN PORTADA Carmen Martín Gaite Goethe Isabel Allende Jorge Luis Borges Jorge Edwards Valle- Inclán Mañana se cumplen cincuenta años de la muerte de Thomas Mann Julio Cortázar (Viene de la página anterior) sonajes, con la noción del tiempo absolutamente perdida entre cronopios y famas. Mi ideal- -confesó el argentino, que se definía como un animal literario -sería tener un año o dos de tranquilidad, para escribir una novela que me da vueltas en la cabeza hace mucho tiempo. Por eso es que cada vez más me convierto en un cuentista, porque los cuentos los escribes en el avión, en tu casa, en la calle... Guillermo Cabrera Infante Tres tristes tigres veía todas las noches dos o tres películas (disponía de una de las mejores videotecas privadas que un amante del cine pueda coleccionar) después leía un rato, se acostaba a las seis de la mañana, se levantaba a mediodía y dedicaba al día tres horas a escribir. A Rafael Alberti la inspiración le sobrevino trabajando en un estudio de radio de su exilio parisino y le hizo crear una obra maestra titulada La paloma El escritor José Saramago (que no el pintor) aguardaba la comida en un también diciplinada- -declarestaurante de Lisboa y lo que ra a ABC- Descubrí que con le llegó a su mesa fue la idea una fecha para comenzar me para escribir Ensayo sobre obligo a planear mi año y trala ceguera bajar con orden Isabel Allende comienza Jaime Campmany cocinasus novelas siempre el mismo ba su artículo colocando pridía: el 8 de enero. ¿El motivo? mero el título. A partir de ahí El 8 de enero de 1981, cuando ya tenía la mitad escrita. Un vivía en autoexilio en Caraestupendo ejemplo de ello es cas, recibió una llamada dessu obra maestra Céde Chile que le anunnada ciaba que su abuelo, a García Már- sar ola nocheEstuvo toda romaquien adoraba, se esquez requiere na cocinando su joya taba muriendo. Principió entonces una una flor amari- y cuando se levantó carta espiritual para lla sobre su su santa, Conchita, le imploró: Concha, ese viejo magnífico mesa para un café por favor, Escribió cada noche poder traba- que me acabo de esdurante un año, inclujar. Si no es cribir el Cavia de esso después de que muriera. La carta perdió posible, necesi- te año Y lo ganó, la forma a las pocas ta estar rodea- por supuesto. Jorge Edwards páginas y se transfordo de mujeres Adiós, poeta apromó en algo salvaje, vecha cualquier paque crecía como un pel que lleva encima, desde monstruo lleno de tentáculos. una servilleta de la cafetería a A final de año tenía 500 págiun recibo de la tarjeta de crédinas y no parecía una carta. Hato, para inmortalizar una idea bía nacido La Casa de los Esdecisiva para un artículo, un píritus su primera novela, ensayo o una novela. un libro tan afortunado que Gabriel García Márquez por cábala decidí comenzar el El amor en los tiempos del cósegundo en la misma fecha. Y lera requiere una flor amaricomo también fue bien, hice lo lla sobre su mesa para poder mismo con el tercero, el cuartrabajar. Llegó a usar medio to... Soy supersticiosa, pero millar de florecillas para escribir un cuento de doce hojas. Si no tiene flores, Gabo necesita estar rodeado de mujeres. El Nobel colombiano escribe para que le quieran más. Mario Vargas Llosa La ciudad y los perros suele escribir rodeado de numerosas figuras de hipopótamos. El resultado es siempre el mismo: una sublime obra maestra. Ramón María del Valle- Inclán, de rostro español y quevedesco, de negra guedeja y luenga barba, asegura que fue hermano converso en un monasterio de cartujos y soldado en tierras de la Nueva España. Una vida como la de aquellos segundones hidalgos que se enganchaban en los tercios de Italia por buscar lances de amor, de espada y de fortuna. Como los capitanes de entonces, tenía el genio una divisa, que era como él, orgullosa y resignada: Desdeñar a los demás y no amarse a sí mismo Su recado de escribir lo tenía en un banco del Retiro. Allí apretaba las cuartillas contra el costado, con el muñón, para que las sonatas no se las llevara el viento otoñal. Carmen Martín Gaite Lo raro es vivir tenía sobre su mesa principal de trabajo algunos objetos que le acompañan en sus viajes: cajitas donde metía los sellos o una mano pequeña de metal dorado donde prendía los papeles. Thoman Mann La montaña mágica guardaba en su estudio frascos de colonia y palanganas con aguas de violeta en las que se lavaba las manos después de escribir. Arthur Rimbaud Iluminaciones era un obseso de la escritura: pasaba días y días sin ducharse ni asearse y en muchas ocasiones creaba desnudo. Ernest Hemingway El viejo y el mar esculpía su literatura sobre papel cebolla, a lápiz, y contaba a diario el número exacto de palabras que escribía. A Goethe el contacto del lápiz con el papel le perturbaba los tímpanos hasta el extremo de que necesitaba ponerse de pie para escribir con una pluma muy suave. No se les ocurra ponerse de pie para leer este apresurado catálogo de seres y estares. Las musas andan al acecho.