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ABC JUEVES 11 8 2005 Nacional 17 De la Vega amarra a Lula, Kirchner y Lagos para la cumbre iberoamericana Les ofreció un papel protagonista, al igual que hará en septiembre con Fox concluyó ayer en Uruguay una gira de diez días para asegurar el éxito de la reunión que se celebrará en octubre en Salamanca G. LÓPEZ ALBA MADRID. La vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, emprendió ayer viaje de regreso a Madrid con los deberes cumplidos tras una gira de diez días por cinco países iberoamericanos, que visitó con el doble objetivo de asegurar el éxito de la XV Cumbre Iberoamericana, que en octubre se celebrará en Salamanca, y de reforzar las relaciones bilaterales. De la Vega, según fuentes próximas, ha obtenido el compromiso formal de asistencia a la cumbre de Salamanca de los cinco presidentes con los que se ha entrevistado: Juan Ignacio Lula da Silva, de Brasil; Ricardo Lagos, de Chile; Néstor Kirchner, de Argentina; Abel Pacheco, de Costa Rica; y Tabaré Vázquez, de Uruguay. En septiembre tiene previsto aprovechar la reunión de ministros de la Presidencia que se celebrará en México para obtener igual compromiso de Vicente Fox. Con esta embajada especial de primer rango, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, quería b La vicepresidenta primera tagonista. Así, se ha previsto que los debates giran en torno a tres grandes asuntos que tendrán como ponentes al mexicano Fox- -emigración- el brasileño Lula- -un espacio iberoamericano en el mundo globalizado- -y el propio Zapatero- -situación socio- económica- Aunque sin concretar, también se han reservado intervenciones destacadas para el argentino Kirchner y el chileno Lagos. En contraste con el interés puesto de manifiesto hacia estos países y sus mandatarios, fuentes gubernamentales indicaron que no está prevista ninguna gestión especial para asegurar la presencia del cubano Fidel Castro. Los presidentes discutirán a solas Las visitas a Costa Rica y Uruguay se justifican no tanto por el peso de estos países como por el hecho de que el primero fue el último organizador de la cumbre y el segundo tomará el relevo de España, además de ser uruguayo Enrique Iglesias, la persona que asumirá la Secretaría General que actuará como órgano permanente para gestionar los acuerdos que se adopten. Precisamente al amparo de la creación de este organismo permanente, que se estrenará en Salamanca, De la Vega planteó a sus interlocutores el deseo de España de que Argentina, Chile y Brasil estén representados en su organigrama directivo, como otra fórmula de asegurar el éxito de la cumbre. Una de las novedades que Zapatero quiere incorporar en Salamanca es una reunión a solas de los jefes de Gobierno, al estilo de la Unión Europea. Por otra parte, De la Vega aprovechó su viaje para desbloquear algunos asuntos bilaterales y abordar una posible segunda oleada de inversiones españolas en la zona a través de pymes. De la Vega, a su llegada ayer a la embajada de España en Uruguay asegurarse de que la Cumbre- -la primera que corresponde organizar a su Gobierno- -no acabara en un fiasco, como ocurrió con la última, celebrada en San José de Costa Rica, por las ausencias de varios de los principales mandatarios iberoamericanos. Para asegurarse de que será un éxito, al menos en cuanto a la asistencia, De la Vega ha ofrecido a los presidentes de los países con mayor peso político y económico en la zona un papel pro- EFE El Gobierno no prevé ninguna gestión especial con el dictador Fidel Castro De la Vega aprovechó para explorar una segunda oleada de inversiones españolas EN LA MUERTE DE DOÑA ESPERANZA DE BORBÓN, TÍA DE SU MAJESTAD EL REY EL PATIO DE TÍA BILY ANTONIO BURGOS P asa el esparto de las alpargatas de las hermanas de la Cruz sobre el mármol de este patio del palacio de Villamanrique de la Condesa. Palmeras, mecedoras y quencias bajo la vela, tan marinera, tan de galeón de Indias. Alpargatas de tocas monjiles sobre este mármol que antes pisaron las botas con leguis de Don Alfonso XIII cuando venía de montería al Coto; los zapatos de charol del esmoquin de Don Juan Carlos cuando vino a casar a la Infanta Doña Elena en la Sevilla de su madre Doña María y de Doña Esperanza. De Tía Bily. Las hermanas de la Cruz bajan de amortajar a Tía Bily con la estameña de Sor Ángela. Si no trajeran en la mano una bolsa de plástico, una bolsa de compras, viéndolas en este patio de palmeras y mecedoras brasileñas de rejilla se diría que no son de este tiempo. Esa bolsa de plástico de una tienda de la calle Francos que traen las hermanas de la Cruz nos dice que con Doña Esperanza de Borbón han amortajado un tiempo. Una época. Arriba, en su cuarto de portarretratos con un Don Pedro de Orleáns guapo y joven, entre caobas tropicales y plata virreinal, no sólo está muerta una Infanta de Espa- ña, sino la última de una generación de los Borbones. Ahora, ahora es cuando ha terminado aquel tiempo. Ahora, ahora es cuando un armón vuelve a traer a Don Alfonso XIII al Escorial desde la iglesia romana de Montserrat; cuando un torero se cuadra como un grande de España ante el féretro de Doña María en Palacio; cuando en el Patio de la Armería suena una marcha sentimentalmente marinera en honor del almirante Juan de Borbón, navegante de mares imposibles de la Historia de España. Decían de Doña Esperanza que estas venas azules de esas manos como de cera ya cruzadas para siempre en este imperio de silencio y mármol, llevaban más sangre de Luis XIV que el mismo Luis XV. Borbón y Borbón hasta el infinito. Con majestad no aprendida hasta dormitando la siesta en las mecedoras de mimbre de este patio. Ahora que se oyen pájaros desde el jardín del cenador de buganvillas y palmeras de pata de elefante, digo que en este palacio manriqueño, amortajada Doña Esperanza, muerta toda una época de la Familia Real, hay más Brasil que allá en Grao Parà. Luz de América en la Anda- lucía de ida y vuelta, frescor de miniatura de selva en los macetones. En las columnas del patio, los capiteles blasonados con las armas de los Zúñigas. Llevan enlazadas dos iniciales: A y B, Alvaro y Blanca. Junto a una de esas columnas, fuera del tiempo, en su silla de ruedas, nadie sabe si Don Pedro de Orleáns y Braganza, roto por los años, se ha enterado de lo que nadie se atreve a decirle. Don Pedro está ya solo. Ante esta columna del patio de Villamanrique blasonada por letras de amor, me acuerdo de otra columna, de otra historia de amor. Una columna de la plaza de los toros de Sevilla. Del palco de la Real Maestranza en su plaza. La columna que separa a los caballeros de las damas en el balconcillo. Era la columna de Don Pedro y Doña Esperanza. Allí, cada tarde de toros, nos enseñaban su historia de un amor hondo y emocionante. No de niños. De mayores. Junto a esa columna se sentaba el imperial Don Pedro, como el último de los caballeros, con tal de estar al lado de Doña Esperanza, la primera de las damas del Real Cuerpo. Tardes y tardes los veíamos allí, juntos, siempre juntos, como unos novios, cada uno a un lado de la columna. Amor y fidelidad en quienes llevaban la realeza con el afectuoso distanciamiento de la majestad. Ahora, en Villamanrique, miro esta columna de los Zúñigas, y como está al lado el fiel Conde de Miraflores de los Angeles, y está el Conde de Luna, caballeros maestrantes, se me hace vivo y cercano aquel amor de Doña Esperanza y Don Pedro en la plaza de los toros. Doña Esperanza ha muerto. Con Tía Bily se va toda una generación de la Familia Real. Queda aquí Don Pedro, junto a una columna y a un amor. Solo. Es tan terrible su enfermedad que ni siquiera sabe que está solo y que él sí que de verdad es el fin de toda una raza, de un tiempo de grandezas.