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6 Opinión JUEVES 11 8 2005 ABC AD LIBITUM TRIBUNA ABIERTA MIQUEL PORTA PERALES ENSAYISTA Y ESCRITOR PELUCAS Y TRICORNIOS OS atentados terroristas que, el pasado 7 de julio, en Londres, se llevaron por delante las vidas de 56 personas han conseguido alterar, más de lo prudente, la vida civil y política del Reino Unido. Más todavía, aún contando con la flema británica y el ímpetu español, de los muchos desajustes que provocaron en sus respectivos escenarios el 11- S norteamericano y el 11- M español. Espoleado por la opinión pública, el Gobierno de Tony Blair estudia medidas especiales para enfrentarse con mayor eficacia al riesgo que suponen los fanáticos islámicos. Es natural; pero, al menos en política, conviene dilatar el tiempo que media entre cualquier acción y su correspondienM. MARTÍN te reacción. El tiempo enFERRAND fría los ánimos y puede evitar que el mal que se trata de combatir se convierta en mayor y más destructivo haciendo menos deseable el remedio que la enfermedad. Parece ser, por ejemplo, que el ministerio del Interior del Reino Unido planea, como una de las doce medidas anunciadas por Blair, la creación de tribunales antiterroristas secretos con potestades tales como decidir el tiempo que puede permanecer en prisión un sospechoso sin necesidad de cargo alguno. Algo que viene a romper los supuestos de seguridad y certeza jurídicas de los que la Gran Bretaña siempre ha sido modelo y constituyen una parte fundamental del esqueleto sobre el que se arma el modo de vivir que conocemos como occidental. A grandes males, grandes remedios; sí, pero sin romper aquello que justamente se trata de salvaguardar, la libertad y el orden democráticos. También aquí, entre nosotros, soplan estos vientos de urgencia. Tras el caso Roquetas en el que tan poco están luciendo la gallardía del director general de la Guardia Civil y el garbo del titular de Interior, son muchas las voces, habladas y escritas, que propugnan la desmilitarización del Cuerpo para convertirle, tal que la Policía Nacional, en algo meramente civil. Cada cual es muy dueño de pedir según sus gustos para el diseño de un modelo ideal de sociedad. Hasta es posible- -yo no lo creo- -que una Guardia Civil sin anclajes militares pudiera ser más eficaz y operativa, pero a ello debiera llegarse, de llegar, tras una larga reflexión y un debate inteligente. No como una apasionada reacción, cuasi histérica, a un desgraciado suceso. Si bien se mira, la tradicional peluca de los jueces británicos, con cuanto ella significa, ha sido parte esencial de la fortaleza cívica de una gran Nación. No es cosa de guardarla en un cajón como respuesta luctuosa y apresurada a una nueva situación. Del mismo modo, desde que el duque de Ahumada creara la Guardia Civil sobre un molde militar, en 1844, la Institución ha sido una constante de orden y de servicio al poder establecido que ya quisiéramos en todas las del Estado. Así que- ¡cuidado con las reformas! -prudencia y tiempo antes de modificar lo que funciona. L EL SÍNDROME DE BARCELONA Y EL TONTO ÚTIL El nacionalismo catalán ha pasado de alabar al nacionalismo vasco a imitar sus objetivos: búsqueda del privilegio, marginación paulatina de lo español y reivindicación de la soberanía. Todo ello, según el autor, ante el tancredismo de un Maragall sin liderazgo D ESDE hace décadas, el nacionalismo catalán padece lo que podríamos denominar el síndrome de Vitoria. El tal síndrome se manifiesta de diversas formas. Los ejemplos abundan. Anoten: se valora positivamente el pacto de Estella, se firman declaraciones conjuntas con el PNV, se aplaude el plan secesionista por etapas de Ibarretxe, se descalifica el Pacto Antiterrorista y la Ley de Partidos, se hace apología de un diálogo que implica concesiones a ETA, se celebra la decisión de Atutxa de no ilegalizar el grupo parlamentario de Batasuna, se criminalizan personajes como Mayor Oreja, Redondo Terreros, Fernando Savater y Gotzone Mora al tiempo que Arnaldo Otegui y Martxello Otamendi son generosamente entrevistados en los medios públicos. Y por haber, hay quien no puede reprimir la emoción- -sí, es él: Carod- Rovira- -y cuando el lendakari visita el Parlament grita Gora Euskadi Si bien se mira, una manera de decir collons, així es fa una nació! Pero, he aquí que en el verano de 2005 se percibe un salto cualitativo. Ya no se trata de solidarizarse con las reivindicaciones del pueblo vasco sino de exigir lo mismo para el pueblo catalán. Del síndrome de Vitoria, al síndrome de Barcelona. Sin circunloquio alguno: el proyecto de reforma del Estatuto catalán aprobado en comisión parlamentaria con los votos de CiU y ERC, así como las enmiendas propuestas por los nacionalistas, son la versión catalana del plan Ibarretxe. A los textos me remito: Cataluña es una nación derecho de los pueblos a la autodeterminación derecho del pueblo catalán a determinar libremente su futuro que se fundamenta en los derechos históricos del pueblo catalán integridad de la potestad reglamentaria agencia tributaria consorciada concierto económico con cuota de solidaridad En definitiva, el alumno catalán ha aprendido la lección del maestro vasco. Una lección que, más allá de la dogmática ideológica, puede tener consecuencias prácticas de largo alcance. Y es que en función de una lectura abusiva del artículo 150.2 de la Constitución que invoca el nuevo Estatuto, así como de los derechos históricos, la Generalitat, literalmente hablando, vacía de competencias al Estado. Entre otras: justicia, administración local, inmigración, régimen penitenciario, actividades marítimas, consultas populares, puertos y aeropuertos, inspección bancaria, seguros y mutualidades, y planificación, ordenación y promoción de la actividad económica. Se trata, en suma, de un cambio de modelo de Estado- -ni más ni menos se deberían cambiar siete leyes orgánicas y, muy probablemente, la propia Constitución- -en una línea soberanista ¿confederal? ¿libre asociación? que, además, gracias al modelo de financiación a la vasca, rompe la solidaridad interterritorial. Y el caso es que, conociendo los mimbres con los que está hecho el nacionalismo catalán, la soberanía conquistada bien podría ser un paso en la consecu-