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ABC JUEVES 11 8 2005 Opinión 3 LA TERCERA DE ABC CELEBRACIÓN DEL DOCTOR BOLAÑOS POR CARLOS RODRÍGUEZ BRAUN CATEDRÁTICO DE LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE Las medidas que persiguen corregir la situación supuestamente desfavorable de los discapacitados pueden generar nuevas desventajas relativas para, pongamos por caso, las personas con baja formación, o para los inmigrantes, o para los jóvenes que buscan su primer empleo... J ORGE Bolaños Martínez, que hace poco defendió con éxito en la Universidad Rey Juan Carlos su tesis doctoral, dirigida por Jesús Huerta de Soto y titulada Modelos de discapacidad a través de las leyes y de las instituciones sociales, no podrá leer esta página igual que usted y yo. Porque el doctor Bolaños es ciego. La tesis sugiere que ha debido superar no sólo su minusvalía sino el aparentemente infranqueable obstáculo del pensamiento único, que predica que la activa intervención política es la mejor forma de ayudar a los discapacitados. El doctor Bolaños despliega en cambio una audacia que muchos tacharán de temeridad, pues apoya la libre competencia y la igualdad ante la ley. Si esta posición es ardua en cualquier caso, cabría calificarla de insostenible en el de un ciego: él debería saber mejor que nadie que dicha intervención ostenta en circunstancias concretas resultados obviamente plausibles. Sin negarlos, porque si lo hiciera no sería ciego sino mentecato, Bolaños los analiza en profundidad, recurre a la fértil noción económica de coste de oportunidad, denuncia los fallos, el despilfarro y la ineficiencia de un sistema politizado, funcionarial y burocrático, y cuestiona la ética y la justicia de una solidaridad impuesta legalmente. Los invidentes españoles organizados comparten con el Estado desde 1940 el privilegio del monopolio en el (mal) llamado mercado del juego, cuyos réditos tienen consecuencias no sólo beneficiosas sino también perjudiciales, como es paradójicamente la mayor dificultad de la integración social de los ciegos. Porque sólo la incorporación al trabajo ordinario puede garantizar la plena integración y la participación en la sociedad, en todos los aspectos. No quiere Bolaños menos bienestar para los ciegos, sino uno no basado en buscar privilegios sustentados en el ejercicio de la fuerza coactiva por parte del Estado sino en otros sistemas cimentados en la creatividad empresarial y la creación de nuevas oportunidades de negocio, como el lanzamiento de productos más atractivos en el mercado del juego o mediante la diversificación y la búsqueda de alternativas que fomenten la integración laboral mas sociales sino ¡un producto de las relaciones económicas capitalistas! El agostamiento de la voluntariedad a expensas de la política no logró avances en la integración y tuvo efectos socialmente disolventes, como la desincentivación de la solidaridad privada e incluso el recelo hacia los protegidos. El discurso victimista, por su parte, está propiciado por cierto sentimiento de revancha y de amargo resquemor. Se culpa al otro de la situación que se atraviesa, tras lo cual no se muestra ningún reparo en obtener todos los privilegios posibles a costa suya El mercado, en cambio, impulsa la cooperación, justo al revés de la insensibilidad o agresión social que habitualmente se le atribuyen. La lucha contra la discriminación es menos seráfica de lo que parece. Los poderes públicos no escatiman recursos para alcanzar un fin que es presentado, casi de forma autoevidente, como superior a cualquier otro pero nunca dice el legislador de dónde se detraerán los recursos, ni a qué grupos de individuos perjudicará más, o qué repercusiones tendrá sobre el resto de los ciudadanos su apuesta por unos sectores particulares de la sociedad. La actuación coercitiva del aparato estatal no sólo tiende a aumentar los costes de las políticas relacionadas con las minusvalías, y a generar consecuencias negativas para otros sectores de la sociedad, derivadas de su mayor ineficiencia. Las medidas que persiguen corregir la situación supuestamente desfavorable de los discapacitados pueden generar nuevas desventajas relativas para, pongamos por caso, las personas con baja formación, o para los inmigrantes, o para los jóvenes que buscan su primer empleo Entre las consecuencias no deseadas del intervencionismo figura el desánimo de los discapacita- dos para pasar a formar parte de la población activa, con el consiguiente desempleo crónico y la consolidación de la dependencia respecto a los subsidios estatales... la mitad de los minusválidos en edad de trabajar recibe una pensión Rechaza el doctor Bolaños el extendido sistema de las cuotas de empleo para los minusválidos, que ha ampliado el Gobierno socialista español, porque violan la libertad y no son eficaces; lo correcto sería eliminar las normas que impiden trabajar a los discapacitados allí donde podrían hacerlo. Los compara con otro grupo: Muchos de los inmigrantes que han llegado a España en los últimos años también presentan desventajas respecto a la población local, lo que no les ha impedido acceder a un puesto de trabajo y prosperar Bolaños prefiere los incentivos fiscales para contratar discapacitados y las fórmulas alternativas que priman la cooperación. En cambio, el llamado modelo social de la discapacidad dificulta la incorporación al trabajo ordinario y perjudica en especial a los minusválidos más agudos; nótese que Suiza carece de regulaciones que obliguen a contratar a los discapacitados, y allí registran uno de los índices de empleo más elevados de Europa. Explora Bolaños el caso de Estados Unidos, que fue de más a menos iniciativa privada, lo que explica el elevado desempleo entre los ciegos. Se pasó del modelo medicalizado centrado en el individuo y con mucho papel para la filantropía individual, al modelo social: todo al Estado y a la coacción legal. Allí y en otros países se impuso la idea de que los discapacitados son una clase (ahora un colectivo, interesante mutación retórica) oprimida por la sociedad, que debe reparar esa agresión. Algunos llegaron a la locura de sostener que los discapacitados no sólo son vícti- Deplora Jorge Bolaños la conducta de los lobbies autodenominados representantes de los minusválidos, que se han alejado de las necesidades reales de sus patrocinados, puesto que se han situado en una posición similar a la de los burócratas de la administración pública: sin una conexión directa con la percepción de los costes de oportunidad, que se pone de manifiesto en las iniciativas que promueven ante los poderes públicos Su conducta es análoga a la de otros grupos de presión, como los homosexuales, en el ridículo acrecentamiento del número de sus víctimas como estratagema para llamar la atención; cuando se aprobó la reciente legislación sobre los Disabled en Estados Unidos, la ADA, el legislador estimaba que la población de discapacitados norteamericanos la componían unos cuarenta y tres millones de personas Similares extravíos estadísticos se perpetran en Europa, donde Bolaños advierte que se ha puesto en marcha una campaña en pro de una legislación aún más intervencionista, al estilo de EE. UU. sin tener en cuenta que allí no exhibe buenos resultados. El doctor Jorge Bolaños recomienda eliminar rigideces del mercado laboral y permitir que las relaciones contractuales de los discapacitados con las empresas se desarrollen dentro del proceso dinámico del mercado porque el verdadero antídoto contra la discriminación es la libre competencia. No se necesitan discriminaciones positivas, acciones afirmativas, cuotas ni privilegios para que un minusválido alcance grandes hitos. ¡A él se lo van a decir!