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6 Opinión MIÉRCOLES 10 8 2005 ABC AD LIBITUM TRIBUNA ABIERTA PEDRO C. GONZÁLEZ CUEVAS PROFESOR TITULAR DE HISTORIA DE LAS IDEAS EN LA UNED MUCHAS PALABRAS HUECAS UPONE Soraya Sáenz de Santamaría, secretaria ejecutiva del PP y elemento de refresco en el frente de la oposición, que los ministros del Interior deben actuar con transparencia. ¿Quién le habrá engañado a tan joven y luminosa promesa de nuestra vida pública? Para que todos podamos dormir tranquilos en nuestras casas y andar despreocupados por las calles, alguien, el titular del Interior precisamente, ha de estar vigilante y, sin transgredir las fronteras de la Ley, llegar hasta sus límites para hacer triunfar el orden y afianzar la seguridad. Eso exige discreción. No es cosa de transmitir en directo, por la televisión y en prime time, la limpieza de M. MARTÍN las cloacas de la ciudad; FERRAND pero de que esa limpieza se acometa oportuna y adecuadamente depende la salud colectiva. Debe decirse en defensa de Soraya S. S. de guardia en las trincheras de su partido, que la vaciedad de su prédica es mera respuesta a otra equivalente, pero de signo contrario, del secretario general del Grupo parlamentario Socialista, Diego López Garrido. Según éste, que algo tiene que decir en ausencia de sus mayores, el Gobierno está trabajando de manera eficaz en el esclarecimiento de las circunstancias que concurren en el caso Roquetas y, más aún, trata de controlar la situación de forma expeditiva y abierta a la colaboración con otras autoridades del Estado Hablar en público cuando sólo se puede decir lo obvio, y todo el discurso es fácilmente predecible por el ciudadano menos informado, constituye una de las formas más eficaces de hacer el ridículo. Dice López Garrido que la actuación del Gobierno, el del partido que le acoge y emplea, está siendo transparente, inmediata, rápida y eficaz Muy bonito y muy abnegado; pero, ¿podemos admitir, aún como hipótesis de trabajo, que el PSOE, a través de un portavoz cualificado, nos dijera que la actuación gubernamental es oscura, distante, lenta e inútil? Esa necesidad que sienten los partidos políticos, tanto mayor cuanto más grandes, de hablar sin decir nada para no perder una parcela de presencia en los medios informativos les lleva al despropósito. Soraya S. S. y López Garrido son, sin duda, personas respetables y enjundiosas; pero en la deformación profesional de la imposible misión que les encomiendan, en su turno de guardia y gloria, se sienten obligados a buscarnos un titular a quienes, pobrecitos, hacemos los periódicos diarios. Así les luce el pelo y, de paso, así incrementan la distancia entre los grandes partidos y sus millones de votantes. Los ciudadanos, salvo casos muy entusiastas o tremendamente morbosos, están bastante hartos de tantas palabras huecas, sin sustancia, con las que los líderes al uso tratan de mantener viva una sigla ya que no son capaces, y menos en vacaciones, de darle pulso a una idea. S DERECHA, HISTORIA Y MEMORIA HISTÓRICA La derecha gobernó durante ocho años, pero, en la práctica, no reinó- -según el autor- -porque el imaginario ideológico siguió en manos de la izquierda. Lo que explica, en parte, la derrota electoral. Debería reflexionar sobre su necesario rearme intelectual A sociedad española padece hoy una cierta inflación de lo que se ha venido a llamar memoria histórica. Desde hace tiempo, la izquierda política y cultural denuncia una supuesta amnesia con respecto a la Guerra Civil y al franquismo. Algo que, dicho sea de paso, desmiente la copiosa bibliografía dedicada a esos temas. En esa denuncia, la apelación a la memoria histórica ha tenido un papel de primera magnitud. El peligro que encierra ese concepto es su carácter abiertamente polémico. Y es que la memoria histórica tiende a presentarse como una especie de moral de sustitución, cuyo leif motiv es fundar la identidad de grupos e individuos; lo que implica un culto al recuerdo y a la conmemoración de ciertos acontecimientos. Es, además, selectiva por naturaleza, ya que tiene por base una discriminación partidista de los hechos. En ese sentido, como señaló Tzvetan Todorov, la memoria histórica y la historia representan dos formas antagónicas de relación con el pasado. La primera se basa en la conmemoración; la segunda, en la investigación. La memoria histórica está, por definición, al abrigo de dudas y revisiones; mientras que la historia es esencialmente revisionista, porque ambiciona establecer los hechos y situarlos en su contexto, para evitar anacronismos. La primera demanda adhesión; la segunda, distancia. Con su utilización de la memoria histórica, la izquier- L da ha renunciado al principio de reconciliación nacional para pasar a una beligerante campaña en favor de los vencidos en la Guerra Civil española, cuyo objetivo último es la deslegitimación histórica y política de la derecha. Novelas, películas, ensayos, tesis doctorales, desenterramiento de cadáveres en fosas comunes, etcétera; todo ello se ha erigido en voz y símbolo del bando republicano. En esa campaña, se ofrece una visión profundamente maniquea de los acontecimientos. Los republicanos aparecen como depositarios de las virtudes cívicas; mientras que los rebeldes son la encarnación de todos los males. En el fondo, viene a identificarse antifranquismo y democracia; lo que significa una gravísima manipulación histórica. Porque los socialistas revolucionarios, los comunistas y los anarquistas- -lo mismo que sus aliados internacionales- -no combatían en defensa de la legitimidad republicana, sino por la construcción de un sistema social y político antidemocrático y colectivista. De ahí que numerosos liberales, como Ortega, Lerroux, Menéndez Pidal, García Morente, Marañón, Cambó, etcétera, apoyaran a Franco en la Guerra Civil. De esta forma, la izquierda falsea la dinámica política de los años treinta. Frente a esa ofensiva, el Partido Popular apenas tuvo algo que oponer. Desde los años sesenta, la derecha no