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ABC LUNES 8 8 2005 Los Veranos 91 EL RUMOR DE LA FRONTERA Los ébanos que dan nombre a esta aldea y que custodian el río son más numerosos que los escasos habitantes de este rincón texano, donde apenas doscientas almas aguardan silentes el paso de la muerte El chalán del tiempo s Ébanos. La frontera más dulce del río, la más silenciosa, la salva un chalán que jalan cinco mexicanos en un lugar del sur de Texas llamado Los Ébanos, porque allí crecen los árboles que dan la madera más dura de la tierra se ufana Óscar Simo. A sus 50 años ha dejado en la estacada la tilde que daba fe del origen balear de su familia. Hace más de medio siglo que su padre, el capitán Albert Simo, recibió del gobierno federal la concesión para operar el único ferry de Estados Unidos jalado a mano contra la corriente del río Grande. Designado por el presidente Dwight D. Eisenhower como uno de los 43 pasos fronterizos con México, fueron exploradores y colonos españoles a las órdenes de José de Escandor quienes en 1740 vadearían por aquí el río y trazarían la ruta para la mina Sal del Rey. Los custodios gringos que hoy vigilan el vado (donde la tropa mexicana se mojaba las botas en 1846 y los rangers texaFerry cruzando la única frontera fluvial de Estados Unidos, en el río nos pisaban los talones a los cuatreros en 1847) dicen ánque las casas) en Díaz Ordaz dale y revisan las cajuelas los que no se emplean en las- -maleteros- -de los tres camaquiladoras desertan al rros que el chalán estiba en caotro lado da vuelta de su noria plana: Tamaulipeco hasta la méno sea que disimulen armas dula se declara Alejo Valdede destrucción masiva Mienmar, ingeniero, pastor de la tras en los años veinte y treiniglesia evangélica que predita del siglo pasado, los contracó en Nicaragua y Guatemala bandistas se vanagloy que, a sus 60 años, riaban de burlar la lleva un rosario de Ley Seca por este cueEn los años 45 novias a las que llo del río, hoy son los invariablemente reveinte los mojados quienes cristiana- El ciscuando no se ahogan contrabandis- ne negro La golonse la juegan a la mi- tas se vanaglo- drina viajera -y gra al acecho entre riaban de bur- celebra con versos ébanos y arbustos de lar la Ley Seca que le vienen a la bola orilla rica. Paradójipor este cue- ca mientras coge aicamente, la desolare: Corina cortó llo del río ción es más acusada una flor Alfonso la en Los Ébanos que en regañó. Se puso Gustavo Díaz Ordaz, uno de tan colorada como la flor los pueblos más tranquilos de que cortó Por quince días se la frontera sentencia el vino a cobrar el óbolo del lado taxista Efrén, que dejó la mamexicano, y seis años lleva el Habitación del hotel Laborde la vida del Distrito Federal y pastor en un puesto que le dese vino a Tamaulipas a monja tiempo para componer: tar un negocio de comidas, los barqueros, a 10 dólares la Que Dios le bendiga con un pero salió mal. La gente cojornada. De norte a sur dejan millón de dólares y se acuerde mía, pero no pagaba Mienque sea la corriente quien de mandarle sus diezmos al tras en Los Ébanos las 200 almueva la balsa: una guía y dos hermano Alejo mas que todavía moran sólo poleas la tienen cautiva. Sólo A las ocho atraviesa el río el parecen esperar la hora de enal volver de la margen mexicaprimer chalán. Serán unos grosar la nómina del cementena han de faenar. Cargan tres 150 coches los que arrastrario (son ya más las tumbas vehículos y los peatones que rán por esta amable Estigia Lo TEXTO: ALFONSO ARMADA FOTOS: CORINA ARRANZ Grande- Bravo TEXAS San Antonio Goliad Del Río EE. UU. Golfo de México Corpus Christi Eagle Pass Mirando City Laredo Piedras Negras Los Ébanos Los Ébanos Nuevo Laredo vo McAllen Brownsville El Cenizo Río Grande Reynosa Matamoros City N U E V O L E Ó N México Los Ébanos: La única frontera fluvial de Estados Unidos servida por un chalán jalado a pulso recibe su nombre de los árboles que allí prendieron. motores apagados, sólo se escucha el murmurar del agua, y el canto furioso de las cigarras, a las que encela un sol que amaneció bravío: En el mundo romántico, se las conoce como cigarras. En el campo, son chicharras recita el predicador. Son ocho horas de labor hasta que, a las cuatro, la frontera cierra y el chalán del tiempo echa el amarre en la orilla de su propietario. Mañana, siendo el mismo, será otro río. se tercien, y entonces sí han de jalar para remontar la sutil, pero insistente razón del río: es el único modo de salvar la frontera fluvial en 60 kilómetros a la redonda. No cantan, no se quejan, jalan en silencio los tiradores. Con los