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82 Los Veranos LUNES 8 8 2005 ABC EN PORTADA (viene de la página anterior) güe acompañó a Cañas y a una delegación municipal marbellí hasta la capital del reino saudí. Al finalizar el periplo, la Casa Real les agasajó con relojes, pisacorbatas y gemelos de oro con el escudo de la Casa Real saudí. También hubo presentes para la ciudad, como una espada de oro y diamantes que, meses después de aquel viaje, desapareció del despacho del alcalde. Antonia Molina Vendió joyas en el palacio de Fahd Tuve un visado de entrada de por vida Antonia Molina, propietaria de la cadena de joyerías Gómez Molina de Marbella, entendió desde el principio que a las princesas del palacio real saudí de Marbella les gustaba mucho ir de compras, pero se sentían más cómodas en Palacio. Por eso hizo un peculiar petate compuesto por alhajas y relojes de alto valor y se fue a palacio. Allí entabló amistad con una de las princesas- -hermana del rey Fahd- -hasta tal extremo que le invitó a ir a Arabia Saudí. El viaje fue toda una aventura: Cuando llegué al aeropuerto me quisieron detener porque yo era una mujer sola que quería entrar en el país sin visado. Desde el mismo aeropuerto llamamos a Palacio y me autorizó un visado de entrada en el país de por vida cuenta Molina, que, sin embargo, acota: Claro que no me dieron el de salida, por lo que tuve problemas también cuando regresé a España tras pasar una etapa inolvidable Cuando iban al Palacio de Marbella, a veces la tenían 24 horas enseñando joyas a la extensa nómina de princesas. Arriba, Antonia Molina, que vendió joyas en el Palacio de Fahd; a la derecha, colas de personas para conseguir un trabajo al servicio del monarca; abajo, a la izquierda, José Alarcón y Clara Gallardón, del hotel Incosol; y una vista área de la residencia marbellí de Fahd no les gustaba que se cobrara el cheque justo al día siguiente, les parecía una falta de confianza en ellos Si se gastaban dinero en el juego, también lo hacían en la restauración. Nadie bebía alcohol cuando estaba el príncipe heredero delante, pero cuando venía algún jeque y su séquito solos sí solían pedir botellas de Vega Sicilia, que bebían en tazas de café, para que nadie supiese que era alcohol asegura Cardeña. El ex director del Casino añade: Sí, recuerdo que a los príncipes le gustaba mucho pedir caviar iraní, pero siempre querían que se les abriese la lata- -de unos 250 gramos- -en su presencia, luego tomaban una cucharada y seguían el juego; cuando querían más caviar, pedían otra lata, nunca volvían a tomar de la misma Los empleados del Casino añoran aquella época por las generosas propinas que dejaban. Los potentados árabes dejaron mil y una anécdotas, pero Cardeña entona una con mucho cariño. Una vez el cantaor Beni de Cádiz- -ya fallecido- -se coló en la sala privada mientras estaban jugando varios príncipes. Uno de ellos había apostado un millón de pesetas a la decena, y el Beni, con toda la gracia del mundo, puso una ficha de quinientas pesetas encima de la del millón, el jeque lo miró sorprendido y el Beni le respondió con todo su arte: No te vayas a equivocar, que la de arriba es la mía Al jeque, cuando se lo tradujeron, le hizo mucha gracia y le regaló 50.000 pesetas modélicos y nada excéntricos, las princesas pidieron que se cambiaran las alfombras para que todas fuesen de color blanco En cuanto a la comida, entre el séquito se encontraban cocineros. Uno de ellos se encargaba de preparar cada día al heredero del trono saudí un pastel con leche de cabra, zanahorias y cardamomo verde, su postre preferido. En el menú se incluía mucho pescado y la carne de cordero la traían ellos desde su país de origen. Lo que sí recuerda Alarcón, que entonces era un trabajador más de la empresa, era el impresionante dispositivo de seguridad compuesto por guardias civiles, guardias reales españoles y miembros de seguridad de la Casa Real saudí. Cada movimiento suyo era custodiado por más de un centenar de personas. Los Reyes de España le enviaron- -en su segunda visita- -un Rolls Royce oficial. Cuando abandonó el hotel dejó una propina de 300.000 dólares para todo el personal. La parte proporcional era casi un sueldo. La relación entre el Palacio de Fahd en Marbella y el Incosol ha continuado hasta nuestros días. Una nutrida corte, a estela de su monarca Una verdadera corte se instaló en Marbella a la sombra del rey Fahd. Así, Adnan Khasoggi adquirió una lujosa propiedad entre los términos de Marbella y Benahavís. Dos millones de metros cuadrados de zona boscosa donde hoy se levanta La Zagaleta, exclusiva y restringida urbanización que el magnate perdió cuando saltaron a la palestra los primeros escándalos que le vinculaban con el tráfico y venta de armas. Tras caer en desgracia, sobre todo a los ojos de Washington, Khasoggi ha realizado visitas esporádicas a Marbella, donde ya no conserva ningún bien. Otro jeque venido a menos ha sido Mohamed Ashmawi. Su mansión, en La Carolina, ha quedado atrapada por torres de apartamentos autorizados por el ex alcalde Gil. La nómina es mucho más larga e incluye al patriarca y a otros miembros de la familia Bin Laden. Manuel Cardeña Ex director del Casino de Marbella Se abrían muchas latas de caviar iraní Manuel Cardeña fue uno de los directores del Casino de Marbella de la época de los petrodólares De entrada, deja claro que Bin Abdul Aziz nunca estuvo en el Casino marbellí tras ser coronado rey, aunque sí como príncipe. Cardeña matiza: A los príncipes árabes les gustaba jugar a la ruleta francesa y siempre en la zona privada. Cuando llegaban, firmaban un cheque en blanco que no se rellenaba hasta el final de la noche. La casa les iba dando ficha y cuando llegaba la hora de cerrar se hacían cuentas. Eso sí, José Alarcón Director del hotel Incosol Nunca he visto tantos policías juntos José Alarcón vio muy de cerca durante tres meses al príncipe Fahd. El hotel Incosol fue su primera morada en Marbella. La primera visita del monarca saudí a Marbella fue en 1974. Pasó cinco días. La segunda fue mucho más espectacular. Alarcón la cuenta: Reservaron tres plantas completas del hotel, es decir, más de cien habitaciones, incluida la suite real, que al entonces príncipe heredero le gustaba porque se veía el campo de golf y el mar Abunda al respecto: Fueron unos clientes