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28 Internacional LUNES 8 8 2005 ABC Italia Alemania Mauritania El avión siniestrado no presentaba anomalías en su despegue EFE. Pese a que todo apunta que la tragedia, en la que fallecieron 13 personas, fue causada por un fallo en uno de los motores, el avión que cayó este sábado en aguas cercanas a la costa de Sicilia no presentaba anomalías antes de despegar de Bari, según fuentes del Ente italiano para la Aviación Civil. El piloto efectuó un amerizaje de emergencia, tras advertir problemas en los dos motores. Cerrada una escuela islámica por vínculos con extremistas EP. El gobierno de Bavaria Alta ha suspendido la financiación de una escuela islámica en Munich y ha decidido no renovar su licencia de funcionamiento, debido a su presunta relación con el grupo extremista islámico de los Hermanos Musulmanes Dicha organización, relacionada con el grupo palestino Hamas, está en el punto de mira de los servicios de inteligencia alemanes. La junta militar golpista excarcela a veintiún presos islamistas EFE. Un grupo de 21 islamistas que estaban detenidos en la prisión central de Nuakchot fueron excarcelados ayer por la Junta Militar que, tras el golpe de estado del pasado miércoles, detenta el poder en Mauritania. Los recién liberados habían sido acusados de atentar contra la seguridad del Estado y de estar relacionados con el Grupo Salafista para la Predicación y el Combate argelino. William Laurence, reputado divulgador científico del New York Times fue el único periodista empotrado en el Proyecto Manhattan y en el ataque a Nagasaki, pero también un cuestionable relaciones públicas de la era atómica Noticia bomba TEXTO: PEDRO RODRÍGUEZ CORRESPONSAL WASHINGTON. En mayo de 1945, William Laurence- -el especialista en cuestiones científicas del New York Times- -desapareció de la noche a la mañana. Su mesa de trabajo, que normalmente era una fortaleza de papeles, estaba sorprendentemente limpia. Algunos compañeros de la redacción preguntaron sobre el paradero de Laurence, pero durante la recta final de la Segunda Guerra Mundial, y ante las respuestas evasivas de la dirección, el exceso de trabajo terminó por imponerse a la curiosidad. Hasta su misteriosa desaparición, William Laurence- -judío lituano que emigró a Estados Unidos en 1905 con cincuenta centavos en el bolsillo y un ejemplar del Así habló Zaratustra de Nietzsche- -había exprimido al máximo el sueño americano, con la oportunidad de estudiar en Harvard y ser reconocido con un Pulitzer por su don para explicar lo inexplicable. Credenciales que le terminarían poniendo en contacto con el general Leslie Groves, responsable del súper- secreto Proyecto Manhattan, impulsado por la Casa Blanca para construir la bomba atómica con una inversión equivalente a 20.000 millones de dólares de hoy. El general Groves, que se ganó la confianza de sus superiores al gestionar la construcción del Pentágono, había ofrecido en abril a Laurence la embargada noticia del siglo, empezando por la posibilidad de asistir al primer ensayo atómico realizado en el desierto de Nuevo México, que demostró el potencial del uranio enriquecido para convertirse en un apocalíptica arma guerra. Este acceso de primera fila llegaría hasta el punto de que el periodista pudo empotrarse en uno de los tres B- 29 enviados a bombardear Nagasaki, tres días después de Hiroshima. que le harían acreedor de un segundo premio Pulitzer. Con todo, este envidiable acceso vino acompañado de una cuestionable trastienda. A cambio de toda esa información privilegiada, William Laurence terminó por simultanear su papel de periodista con el de relaciones públicas de la era atómica. Cobrando del Pentágono, pero sin abandonar sus vínculos con el New York Times, Laurence redactó la serie de halagadores comunicados de prensa emitidos para explicar la bomba atómica, ayudó a escribir declaraciones para el presidente Harry Truman y el secretario de Guerra Henry Stimson, minimizó los efectos de la radiación y hasta se inventó una información falsa para explicar la muerte por un nuevo gas venenoso de algunos de los principales científicos de EE. UU. en caso de que el ensayo de Alamogordo hubiera degenerado en una catástrofe incontenible. Autor de los comunicados La lógica del previsor general Groves para el fichaje de Laurence no fue otra que intentar vender la bomba atómica después de su estreno, tanto para justificar su uso contra ciudades como para construir más cargas. En un memorando interno, el oficial ya advertía que una vez que el secreto fuera del dominio público, el proyecto será objeto de investigaciones acosadoras, pesquisas oficiales y toda la miscelánea de chiflados, columnistas, comentaristas, aspirantes políticos, autores principiantes y salva- mundos Sugiriendo para controlar la situación el recurrir a comunicados de prensa cuidadosamente escritos William Laurence, el cuidadoso escribidor murió en 1977 pero su conducta todavía sigue inspirando apasionadas discusiones sobre ética periodística, además de servir como polémico precedente a la estrategia del Pentágono de empotrar corresponsales de guerra durante la invasión de Irak. Sin faltar incluso apelaciones al comité responsable de los Pulitzer para anular el galardón concedido a la mayor primicia del siglo XX. William L. Laurence y el oficial George Monyhan en la isla de Tinian (1945) ca, singular, fascinante, aterradora y mucho más grande de lo que es posible imaginar Sin entrar en detalles, pero anticipando acontecimientos a corto plazo, el periodista prometía una exclusiva tras la que el mundo no será igual El 7 de agosto de 1945 todo el sigiloso trabajo de Laurence se convirtió en portada del diario con la destrucción de Hiroshima, bajo titulares de ocho columnas que anunciaban: Primera bomba arrojada en Japón; Misil equivale a 20.000 toneladas de TNT; Truman advierte al enemigo de una lluvia de ruina Una cobertura que posteriormente el periodista completaría con toda una serie de exclusivos reportajes y un relato en primera persona sobre el bombardeo de Nagasaki, Reportajes exclusivos Para justificar su desaparición, Laurence remitió a mediados de julio una carta confidencial a la cúpula del New York Times, que empezaba pidiendo disculpas por no haber escrito antes y en la que se declaraba mareado y perplejo por una historia fantásti-