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ABC LUNES 8 8 2005 Opinión 7 ciguamiento: Ronald Reagan y George W. Bush. Los que se muestran críticos con Estados Unidos pueden cuestionar los detalles pero, en el fondo, los europeos sabemos la verdad, porque la hemos conocido de primera mano. Reagan puso fin a la Guerra Fría y liberó a media Europa de casi 50 años de terror y esclavitud. Y el presidente Bush, que actúa con convicción moral y con el único respaldo del socialdemócrata Tony Blair, reconoció el peligro de la guerra islamista actual contra la democracia. Mientras tanto, Europa se recuesta en el rincón multicultural con su habitual y despreocupada confianza en sí misma. En lugar de defender valores liberales y actuar como un centro atractivo de poder en el mismo terreno de juego que las verdaderas grandes potencias, Estados Unidos y China, no hace nada. Por el contrario, los europeos nos presentamos, a diferencia de los supuestamente arrogantes estadounidenses como paladines mundiales de la tolerancia que incluso el ministro del Interior alemán, Otto Schily, critica justificadamente. LA ESPUMA DE LOS DÍAS CELEBRACIÓN H trados por islamistas contra civiles, que va dirigida contra nuestras sociedades occidentales libres y abiertas, y que tiene la firme intención de destruirlas por completo. Nos hallamos frente a un conflicto que, con toda probabilidad, durará más que cualquiera de los grandes enfrentamientos militares del siglo pasado, un conflicto dirigido por un enemigo al que no se puede domar con tolerancia y adaptaciones puesto que ese enemigo en realidad se ve alentado por dichos gestos. Semejantes respuestas han demostrado ser signos de debilidad, y los islamistas siempre los percibirán como tales. Sólo dos líderes estadounidenses recientes han tenido el coraje necesario para rechazar el apa- ¿De dónde proviene esta reacción de satisfacción con nosotros mismos? ¿Nos viene por ser tan morales? Me temo que deriva del hecho de que los europeos somos muy materialistas, de que estamos totalmente desprovistos de guía moral. Con su política de enfrentarse frontalmente al terrorismo islámico, Bush se arriesga a la caída del dólar, a un gran aumento de la deuda nacional y a una enorme y persistente carga para la economía estadounidense. Pero lo hace porque, a diferencia de gran parte de Europa, es consciente de que lo que está en juego es, literalmente, todo lo que de verdad importa a la gente libre. Mientras criticamos a los magnates capitalistas y ladrones de EE. UU. porque parecen estar demasiado convencidos de sus prioridades, defendemos tímidamente nuestros Estados de Bienestar. ¡Mantengámonos al margen! Podría salirnos muy caro gritamos. Así que, en lugar de actuar para defender nuestra civilización, preferimos debatir la reducción de nuestra jornada laboral de 35 horas semanales, la mejora de nuestra póliza dental o la ampliación de nuestras cuatro semanas de vacaciones pagadas al año. O a lo mejor escuchamos a los pastores televisivos predicar sobre la necesidad de tender la mano a los terroristas de comprender y perdonar. Actualmente, Europa me recuerda a una anciana que, con las manos temblorosas, esconde frenéticamente sus últimas joyas cuando ve a un ladrón asaltar la casa de un vecino. ¿Apaciguamiento? Eso no es más que el principio. Europa, tu nombre es cobardía. PALABRAS CRUZADAS ¿Echará de menos el fútbol español a Figo? ALLÍ ESTÁ BIEN, EN MILÁN, CON SU CARA DE CABREO SÍ, PORQUE ES ÚNICO E L fútbol español estará encantado de que el futbolista Figo siga su veloz e imparable carrera por la Liga italiana, que allí tiene nombre de añadido de moda en la leche, el calcio. Durante la montonera de años que Figo ha correteado por estos campos, no ha habido nadie como él en el engaño: la quito, la pongo, me voy por aquí, me voy por allá... Varios presidentes de club de fútbol, varias aficiones, incluso alguna que otra ciudadanía al completo, han sido testigos de su impudor en el regate, en el disimulo, en el chalaneo de este futbolista que, al fin, quedará como la esencia misma de lo mercenario: dónde hay que ir, a quién hay que vencer, qué hay que sentir y cuánto voy a cobrar. Sus últi- OTI RODRÍGUEZ MARCHANTE mos regateos con el fútbol inglés, cuando ya había firmado con los italianos de Milán, son una prueba más de que no es casual lo de su barba cerrada al viejo estilo de Sierra Morena... ¿Y por qué va a echarlo de menos el fútbol español si ni siquiera lo echa de menos el portugués? El fútbol portugués encontró a Deco para olvidarse del terco Figo, y lo mismo ocurre en la Liga española. Además, como Deco no se tira el rollo de glamuroso galáctico, si alguien le lanza un cochino, lo agradece, se lo lleva a casa y lo mete en la barbacoa. ¿Echar de menos a Figo? qué ocurrencia; otra cosa distinta será a su señora. F IGO es futbolista único. Le sobraba estatura y ángel arrogancia y maldad para poder seguir en nuestro fútbol, donde nadie ha hecho lo que él: cinco años tirando del carro del Barça, consumiéndose en fuegos de artificio, y otros cinco tirando del carro del Madrid, donde intimó con la gloria de verdad. Ahora, con el orgullo de Lucifer siempre por delante, se propone acabar por donde los demás acostumbran empezar, el fútbol italiano, antes de abonarse, la mayoría, al triunfo fácil que otorgan unos pobres públicos de provincias a quienes las gallinas les parecen un plato exquisito. Figo no tiene que ver con las gallinas. (EnBarcelona, para exorcizarlo, le arrojaron un cochinillo cuyo significado, en maIGNACIO RUIZ nos de los antropólogos, todavía está por deQUINTANO terminar. A mí me fascinó siempre como extremo engañoso que engaña con su falsa jiba, pero como fascinan esas mujeres que extravían un ojo o tienen un tic nervioso, porque son así las más apasionadas. En diez años de serpentinas suyas a los delanteros centros no faltó nunca ese primor que ponen las viejas poniendo hojas de lechuga en la jaula del canario. Los culés, sin embargo, lo tienen por el colmo de la maldad. Pobres culés. No saben que no hay que pedir bondad al enemigo, sino inteligencia. Lo temible es la imbecilidad, y había que ser imbécil para quedarse en Barcelona, pudiendo ser el amo del mundo en Madrid. ¿Y usted qué opina? Déjenos su mensaje o su voto en la página web www. abc. es eldebate ACE apenas cuatro días, en la plenitud del verano insular, los romeros volvieron a bailar La Rama en Agaete, un pueblecito del noroeste de la isla de Gran Canaria. Es una celebración anual que se prepara con minucioso y festivo esmero a lo largo de un año de expectativas. Es un baile colectivo gozoso y orgiástico, al son de la famosa banda de música de Agaete y sus papagüevos bailongos, al que acuden visitantes, isleños y turistas, viajeros y gentes simplemente curiosas por ver, aprender, disfrutar y participar de la fiesta y del fantástico espectáculo de música y baile que se despliega colectivamente por las calles del pueblo durante toda la mañaJ. J. ARMAS na. MARCELO Pero es, junto a La Retreta, que se baila el mismo día doce horas más tarde- -durante la noche y hasta la madrugada- una fiesta esencial sobre todo para los hijos de la villa y sus descendientes. Como si una llamada de voz interior y muy antigua, precristiana, viva, totémica y, desde luego, religiosa, nos convocara a cumplir el ritual de La Rama por necesidad vital, como alimento obligatorio del que tenemos que libar todos los años una vez por las mismas fechas, salvo causa mayor. Porque para las gentes de Agaete bailar La Rama representa una suerte de promesa por encima del tiempo, que se hicieron a sí mismos desde que bailaron por primera vez, seguramente en brazos de sus padres o sus madres, cuando eran sólo niños de un par de años, y se convirtieron desde entonces hasta hoy en romeros voluntarios y activos que acuden a la festividad que preludia la celebración católica de la Virgen de las Nieves, Patrona del lugar. De eso se trata sin prédicas maniáticas ni identitarias, y sin excesivos manoseos políticos: de celebrar, recordar y sentir con parecido espíritu festivo la tradición prehispánica que los aborígenes rendían ante sus dioses con ofrendas y peticiones, y de mestizarla con el ceremonial de la Virgen de las Nieves, la gran celebrada de la fiesta en Agaete. En ese lugar, donde flota el aliento de todos mis ancestros, en esas geografías antiguas del noroeste de Gran Canaria, la celebración hace resurgir la memoria de los viejos dioses, el estampido del mestizaje más alegremente vívido y el respeto por la memoria de las buenas cosas de la tradición. En Agaete y por estas misma fechas, he bailado La Rama más de treinta años de mi vida, la primera de todas siendo un niño, en brazos de mi padre, de cuyo lento compás al son de la música guardo todavía el recuerdo. Como la bailaron mis hijos en mis brazos algunos años más tarde. Rindo, pues, en la distancia, celebración a La Rama. Y me prometo bailarla el año que viene, si los dioses lares me lo permiten.