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ABC LUNES 8 8 2005 Opinión 3 LA TERCERA DE ABC CIVILIZACIONES POR BENIGNO PENDÁS PROFESOR DE HISTORIA DE LAS IDEAS POLÍTICAS Occidente no se libra de defectos. Pero sus señas de identidad (filosofía griega, derecho romano, religión cristiana, ciencia moderna) ofrecen signos de alta calidad humana. Por eso sabemos que la democracia constitucional es mejor que el despotismo... N el principio fue el cives romano, titular orgulloso de un derecho particular. Civilización es el orden moral y jurídico de la ciudad, frente a la barbarie, el caos, el imperio de la pura fuerza. Siglos después, los Estados de condición cristiana aplican entre sí un regimen de derecho y viven, en cambio, en estado de naturaleza respecto de quienes no acreditan esa cualidad concurrente: la Cristiandad o Europa, diría el poeta. Surge así en Westfalia una sociedad de Estados que comparten una misma civilización. En ese ámbito se sitúa la reflexión amable de Tony Blair ante su asombrado interlocutor: alianza de naciones civilizadas. Los principios generales reconocidos por ellas son hoy día fuente del ordenamiento internacional, de acuerdo con el estatuto del Tribunal Internacional de Justicia. Por su parte, los filósofos de la historia nos obligan a pensar en términos categóricos. Decadencia de Occidente, anuncia O. Spengler, pésimo profeta. A. Toynbee, a su vez, maneja demasiadas entidades, no todas de mérito equivalente: los lectores de Blanco y Negro a finales de los sesenta recuerdan todavía algún artículo brillante del gran maestro británico. La escuela francesa, sobre todo Braudel, traduce muchos lustros de positivismo aséptico en una relación poco convincente de las civilizaciones actuales. Esa mentalidad igualitaria, con mezcla de relativismo postmoderno, inspira- -tal vez sin saberlo- -la propuesta de Zapatero. Por ahí se empieza a entender algo. E contexto particular. Conviene, sin embargo, emplear los términos con prudencia y propiedad. Por ejemplo, sería muy conveniente leer El proceso de la civilización de Norbert Elias, un libro excelente, camino de convertirse en un clásico. Nadie espera que Zapatero discuta sobre bases tan rigurosas. Pero algunas precisiones podrían ayudar al ciudadano abrumado a situar los elementos del problema. Ante todo, insisto, el contexto: lejos del mundo de las ideas platónicas, alianza de civilizaciones es- -aquí y ahora- -otra forma de decir no a la guerra de Irak. Lleva implícita, por tanto, una dosis notable de antiamericanismo y, ya sin disimulo, se dirige contra Bush y los suyos. Enlaza con el llamado multilateralismo con la apología del diálogo y del poder blando con el rechazo a la defensa enérgica de Occidente frente a la agresión del Islam radical. Esto es, refleja la opinión reiterada de una izquierda comprensiva hacia los dictadores que plantan cara (a veces sólo aparente) al hegemón americano. Letanía de quejas para acabar en el mismo sitio: la verdad irrita sin remedio a los espíritus sensibles. Tras el análisis, las objeciones. La primera es de naturaleza conceptual. Las civilizaciones actúan como organismos que nacen, crecen, se desarrollan y- -no se olvide- -también mueren. Funcionan como átomos, a veces coexisten o se yuxtaponen, viven vidas paralelas. Nunca se mezclan, porque su principio vital es singular e irreductible. Hay bibliografía abundante, pero esta impresión general no conoce excepciones relevantes. Convivencia, quizá. Alianza, imposible. La segunda, y tal vez la principal, resulta ser una objeción de orden moral. No todas las civilizaciones son igualmente valiosas ni cabe mantener ante ellas un relativismo indolente. La nuestra es menos injusta que las La polémica reciente surge con S. Huntington y su alternativa a la discutible teoría del fin de la historia. Ya no habrá, dice, choque de ideologías. Es tiempo para el clash de civilizaciones, formas antagónicas de ver el mundo más allá de las meras preferencias subjetivas. No dice que debe haber tal choque. Predice que habrá un conflicto. Luego, empeora su imagen con una doctrina (más emotiva que racional) sobre el elemento hispano en los Estados Unidos. Algún titular de prensa y bombas aquí y allá fijan los términos del enfoque simplista: para la izquierda biempensante, Huntington representa al imperialismo agresivo. Entra en el saco de los neocons y teocons fundamentalismo protestante, complejo militarindustrial, guerra por el petroleo, fase superior del capitalismo y otras reliquias de la ortodoxia marxista- leninista. Otra vez el enemigo a batir, como si la puerta de Brandemburgo no recordara los sucesos de aquel 9 de noviembre. Resucitan viejas glorias en forma de N. Chomsky, de Toni Negri y de otros más jóvenes pero no más modernos. Ocurrente- -como buen español- -algún asesor del presidente encuentra la fórmula mágica. Alianza de civilizaciones suena bien en los discursos, hace pareja con el talante, vende marca registrada. Sobre el contenido ya hablaremos, previa convocatoria de una comisión ad hoc La política es retórica, no geometría. Las palabras circulan cargadas de malicia, con sentido favorable o peyorativo, y nada significan fuera del demás. Otras han admitido o admiten el canibalismo, la esclavitud o la inferioridad de la mujer. Injusticia universal, quiza, aunque en grados diferentes. Occidente no se libra de defectos. Pero sus señas de identidad (filosofía griega, derecho romano, religión cristiana, ciencia moderna) ofrecen signos de alta calidad humana. Por eso sabemos que la democracia constitucional es mejor que el despotismo y que los derechos de la persona valen más que las arbitrariedades del poder. Crisis, por supuesto. Fiebre helenística, que paraliza las ideas. Escépticos, cínicos y epicureos (con algunos falsos neoestoicos) apenas alcanzan el nivel de los epígonos. Viejo orden mundial que se resiste a desaparecer. Naciones Unidas, hija de la paz imperfecta, instrumento de la guerra fría, motor de la descolonización, es incapaz hoy día de encauzar su propia reforma. Es lógico el interés de la burocracia internacional hacia la sugerencia española: prolonga su discurso fragmentario y aséptico, cuajado de lugares comunes en forma de tolerancia, diálogo o solidaridad. Anuncia más comités de expertos, congresos y exposiciones, libros colectivos y jornadas de reflexión. He aquí el hábitat natural de la clase ociosa contemporánea: intelectuales, ex mandatarios, sedicentes líderes de opinión. Siempre los mismos, por cierto. Defectos, en fin, hay en Occidente por todas partes. Pero al menos la gente come, vota y vive a medias en paz- -si así lo quiere- -con Dios y con los hombres. No es poca cosa, vista la condición humana y consultada la experiencia, el guía menos engañoso de cualquier opinión como decia Jefferson. Tercera objeción, la última por hoy. Alianza conlleva acuerdo firme de voluntades, mutua dependencia, lealtad recíproca. Leo en la prensa inglesa, con grandes titulares, las palabras de líder mediático de Al Qaida Caerán más bombas sobre Londres: es la voluntad de Dios Lo que ha ocurrido hasta ahora no es nada comparado con lo que vendrá y otras amenazas semejantes. Dice hablar en nombre del Islam No es verdad, pero tampoco se trata de una minoría irrelevante una parte significativa de los musulmanes comparte sentimientos análogos. No obstante, un liberal es incapaz de razonar mediante prejuicios y generalidades. Son las personas (no las ideas, ni las religiones, ni siquiera las civilizaciones) las que ponen las bombas, odian a sus víctimas, siembran daños y terror. No pretenden ganar. Saben, porque son inteligentes, que nunca van a ganar. Pero utilizan el fanatismo para dar rienda suelta a esa superstición que no sabe convivir con la libertad, ni siquiera con esta libertad ingrávida y farragosa que nos otorga una sociedad subyugada por la estadística. La alianza de civilizaciones supone así un respiro para el enemigo existencial, mucho más que un simple adversario. Los autores de la idea deben recordar la exigencia que se plantea, bajo el volcan el personaje de M. Lowry cada uno debe estar a la altura de su propia metafora.