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58 Cultura GARCI SE CONFIESA DOMINGO 7 8 2005 ABC (Viene de la página anterior) Cosa que yo no creo ni comparto. Mihura escribe Tres sombreros de copa en 1931 y un año después se sabe de la obra. Se anticipó a Ionesco, al teatro del absurdo. Siempre decía que el teatro experimental no le gustaba nada, aunque ya había hecho una obra de ese tipo, pero sin darme cuenta aclaraba. ¿Por qué el régimen miraba con el rabillo del ojo de la desconfianza a estos genios? -Porque eran unos tipos que tenían un humor extraño y la cultura del régimen no sabía si le estaban tomando el pelo. Eran sospechosos de algo, pero no tenían muy claro de qué. Provocaban perplejidad y desconfianza. Esta generación de humoristas no era ni de derechas, ni de izquierdas, ni de centro, ni mucho menos de los lados. Eran unos señores cultos, elegantes, divertidos, a los que les gustaba vivir bien, comprarse ropa bonita. Eran hombres deportivos y se llevaron muy bien: Tono, Antonio Mingote, otro genio; Alfonso Sánchez... Su preocupación era hacer buenas obras, bonitos diálogos, desconcertantes a veces, como eran tanto los dibujos como los artículos de Mihura y sus obras de teatro. Y al decir Mihura digo Tono, con Ni pobre ni rico sino todo lo contrario Era una generación irrepetible que pasó por encima del régimen sin hacerle ni caso. Prueba de ello es que La Codorniz la cerraban cada cinco números, porque no podían entender muy bien lo que significaba. Recuerdo ese chiste famoso de Mihura de un centauro que llega a una cita con una chica guapísima y le espeta: Perdona que llegue tarde a la cita, pero es que se me ha olvidado la fusta -El teatro de Mihura estaría hoy mal visto por mentas pacatas... -Pero ellos contaban ese mundo sin complejos. Tres sombreros de copa quizás es la mejor obra del teatro español. Creo que el primer acto de Maribel y la extraña familia es el mejor primer acto que se ha escrito en todo el teatro del siglo XX. ...y Madrid olvida a sus héroes. -Lo que sí creo es que el Ayuntamiento de Madrid, su ciudad, ha sido mezquino con Mihura, porque no tiene una calle todavía o una plaza. Se podía haber hecho un homenaje postinero en Chicote con la crema de la intelectualidad madrileña. Hubiera ido mucha gente, porque sabemos que Mihura era un genio y amigo de todos. Tampoco entiendo cómo, por ejemplo, el Teatro Español no ha puesto Tres sombreros de copa que es un prodigio de obra. Tendría que haberse montado bien, como merece Mihura. Ninette es Mihura? -Estoy convencido. Él siempre decía: Mi teatro soy yo y una mujer Mihura era Ninette y a Ninette le hace hablar cosas suyas, personales. A Mihura le gustaban muchos las mujeres, pero no comparto su misoginia. Le gustaban tanto las mujeres que no se casó, pero pudo hacerlo. Tenía un sentido del humor extraordinario y todo lo que EL OLVIDO... El Ayuntamiento de Madrid, su ciudad, ha sido mezquino con Mihura, porque no tiene una calle o una plaza todavía ...Y EL TRIBUTO Se le podría haber hecho un homenaje postinero en Chicote, con la crema de la intelectualidad madrileña decía lo tomaban en serio. Conoció muchas mujeres. Como Sara Montiel, guapísima y con la que estuvo a punto de casarse, o las chicas holandesas, norteamericanas y francesas jovencísimas que llegaban para hacer trabajos de sus tesis, de su teatro. Venían a estudiar su Periodismo y con casi todas Mihura tenía tesis e historias románticas. Sus personajes eran auténticos. La mujer es el corazón de la obra de Mihura. Era un romántico y por eso he querido hacer una película- -otra cosa es que me haya salido- -romántica y divertida. No de carcajada continua. Él prefería la risa, que definía como la carcajada que fue a un colegio de pago. -Alfredo Landa iba a interpretar al padre de Ninette, Monsieur Pierre, un entrañable asturiano exiliado que le implora al señor de Murcia: Aquí hay que tomar partido: fabadista, cocidista o paellista. ¿Por qué cocina se decanta usted? -El rodaje fue un poco complicado para todos. Si hago otra película, la haré con Alfredo. Lo intentó, insistió, pero no podía rodar. Afortunadamente se ha recuperado. Quisiera rendir homenaje a Fernando Delgado, porque él se incorporó a una película en marcha. Llevábamos ya tres semanas. Él había hecho Ninette y conocía el teatro de Mihura. Es un actor grande. Y Alfredo y Fernando se quieren muchísimo. ¿Qué diría Mihura de su Ninette -Yo creo que le habría gustado ver el cariño, el respeto y el entusiasmo con el que todos hemos homenajeado su genialidad. Es un autor al que todos queremos muchísimo. Un señor que decía que del teatro es mejor no hablar. -Pues hable del reparto. -Todos han estado fantásticos. Rodábamos de diez y media de la noche a seis de la mañana. Muchos estaban haciendo teatro o series (Carlos, Mar Regueras, Enrique Villén, Beatriz, Miguel... Iba un coche a recogerlos, se tomaban un bocadillo y al tajo, hasta las 6 de la mañana, mes y medio. Hipólito llegaba cansado del teatro y le vino muy bien para su personaje. Todo se rodó en plató. En interiores el cien por cien, en Fuente el Saz. Hemos intentado hacer una fotografía de la época, como aquel technicolor de los años cincuenta. La ambientación, vestidos, trajes y decorados son espléndidos. -A Mihura no le dejaban hacer escenas en la escalera y menos de amor... -Adaptar una obra de teatro a una película es como un trasplante. El alma de la obra la pasas de un medio a otro respetándola, porque se supone que la quieres y te gusta. Uno sí puede hacer esas escenas que tanto le gustaban a Mihura y mezclar el cine americano, la comedia... Y hacerle decir a Ninette frases que no están en la obra. A mí lo que más me gustaba de las pegículas amegicanas eran las essenas de amog en la escalera, monsieur le susurra con su dulce acento Ninette. Y bailan con música de acordeón. Esas cosas románticas encajan con lo que Mihura quería. ¿El amor en Ninette es como la sal de frutas? -Eso le dice Andrés a Armando, su amigo parisino, en la trastienda del local murciano que heredó de una tía en el que despachan catecismos y objetos religiosos y de cuyo mostrador despojó a Ninette porque hablaba mucho con la clientela (a pesar de haber vendido 500 catecismos en un día) Ten en cuenta que el amor es como la sal de frutas: si dejas pasar el primer momento de la efervescencia, después sabe a demonios Y Armando le espeta: Eso me dije yo ayer ¿Qué, lo de la sal de frutas? le responde Andrés. No, lo del amor, hombre concluye Armando. ¿A los exiliados españoles siempre les quedaba París? -España se despertaba y vivía con toque de corneta mientras que en París eran los pajaritos quienes levantaban a la gente. Ese mundo le hubiera gustado a Mihura. Sólo cuando uno vive fuera de su país es capaz de entenderlo y aún así de quererlo En el Retiro te multaban por darle un beso a una chica; en París ese beso no sabía a multa. ¿Qué espera de la crítica? -Uff. Podrán decir cualquier cosa y probablemente con razón. Que si es una película de otro tiempo, que si... EL HUMOR DE LA MELANCOLÍA FERNANDO R. LAFUENTE ¿A dónde van los personajes cuando aparece la palabra fin? Por lo general, a ningún sitio; salvo cuando cobran vida propia. La Ninette de Mihura y de Garci, el señor de Murcia, Armando, Madame Bernarda y Monsieur Pierre salen de la pantalla, y nos acompañan durante un rato, que puede ser una vida o una tarde. Y uno, para equilibrar, querría hacerlo al revés. Meterse en los fotogramas y quedarse. Una ventana para soñar. Algo así debe de ser la melancolía. La irresistible melancolía de esta película que es más que un homenaje a Mihura. Tras los personajes de Garci hay más vida que la que pueda uno encontrar en buena parte de la realidad. Por eso uno querría meterse en las películas. En el cine una excesiva verosimilitud impide la ensoñación, y la ensoñación es una metáfora de la palabra cine. Si hubo un tiempo en que hasta los señores de Murcia soñaban con una aventura en París; otros, años después, incluidos los señores de Murcia, ya no tuvimos que ir a París y, sin embargo, por eso mismo la película de Garci conmueve, y conmoverá. Porque a algunos les permitirá soñar con aquellos días tan oscuros, pero en los que eran jóvenes y ya les habría gustado ir a París, y a otros nos devolverá otros días en que, con la Ninette compañera de la Facultad, fuimos un señor de Murcia en Madrid o Barcelona o Segovia, y con ella terminamos, o empezamos, casándonos. Y a ambos nos hablará de la pasión, de los días en que era posible soñar, los años de la mejor juventud. Porque, y esto qué bien lo sabe Garci, al cine vamos a soñar, a descubrir a Ninette y saber que trabaja en las Galerías Lafayette; vamos como querríamos haber ido a la vida, a ver qué pasa. Al cine se va a ver lo que uno no ve en la calle. No importa que los personajes sean como nosotros, lo que nos importa es que les pasen las cosas que hacen que la vida sea mejor. Al humor tan cervantino de Mihura, por apasionadamente melancólico, Garci le añade un romanticismo que va más allá de las fechas, los años, el franquismo, el exilio, París, Murcia, la boutique, los curas y Maruja; y le ha añadido una ironía desconcertante, por melancólica. Había mucho don Juan Valera en Mihura y hay más Valera en Garci. De Pepita Jiménez a Ninette va más de un siglo de la mejor literatura. Como va de París a Murcia, con parada en ningún sitio, al otro lado del paraíso; al otro lado de la página o, en este bendito caso, de la pantalla.