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52 Los domingos DOMINGO 7 8 2005 ABC INTRAHISTORIA DE LAS VACACIONES De sol a sol La invención de la playa Fue espacio de reflexión en la antigua Roma, un lugar lleno de peligros en la Edad Media, un placer burgués en el siglo XVIII y un producto de consumo de masas en las últimas décadas POR MANUEL LUCENA GIRALDO l mar señala el final de la tierra y el comienzo de un elemento ajeno al ser humano, hostil a su naturaleza y sus habilidades. Semejante circunstancia ha condicionado nuestro comportamiento hasta etapa reciente, cuando el hombre empezó a habitar y colonizar el espacio de su límite natural, la playa, hasta convertirla, al igual que las cimas de las cordilleras y las selvas tropicales, en algo propio. La furia del océano, desde el diluvio universal bíblico al reciente maremoto asiático, ha representado en su victoria un retorno temporal del orden cósmico al caos original, la restauración de olas sin riberas y la vuelta del abismo de las aguas por la acción punitiva de algún Dios deseoso de castigarnos por nuestras maldades y pecados. Fue la sabiduría de los clásicos la que representó el primer intento de civilizar la línea fronteriza del mar, de inventar la playa como escenario humano. En la antigua Roma, las costas del Mediterráneo, tanto tiempo desiertas y rechazadas, se convirtieron en lugares de meditación, espacios de reposo, placeres colectivos y cultivo de la voluptuosidad. Si el gran Cicerón se retiraba en Túsculo, Plinio el Joven descansaba cerca de Ostia. No obstante, el ocio de los antiguos no equivalía al nuestro, era antítesis de la pereza. No tenía nada que ver con el reposo impuesto por las modernas vacaciones, ya que implicaba un descanso voluntario y dedicado a la construcción del yo, con la sola condición de evitar el hastío: tiempo de restablecimiento que preparaba para la acción futura. El lugar predilecto del ocio antiguo era la orilla del mar, y por eso las costas del Lacio y de Campania se llenaron de villas y estaciones de descanso. El final de la Edad Antigua impuso su declive, porque el peligro desde entonces vino del mar, en forma de invasores normandos y piratas sarrace- E nos. Hasta el siglo XVIII no se recuperó el gusto por la playa, dentro de un proceso de recomposición del concepto de naturaleza. Pero mientras la revolución industrial empezaba a imponer sus ritmos y exigencias, la burguesía europea descubría el placer que sucede al trabajo costumbre que preludia el rito contemporáneo del glorioso fin de semana La moda de la casa de campo se extendió por Europa desde 1800 y en la emergente Gran Bretaña, triunfadora de las guerras napoleónicas, se operó el gran cambio: no sólo apareció el viaje organizado y la agencia de turismo, sino que a partir del modelo acreditado de los spas y balnearios del interior, se levantaron complejos costeros y estaciones bañistas- -pronto destacaron Niza, Cannes, Brighton o San Sebastián- que tuvieron en los baños marinos el objetivo primordial. La razón fue terapéutica: se había extendido entre los médicos el convencimiento de las ventajas para la salud de su práctica y la extensión de las teorías higienistas y los estilos de vida sana y de los deportes como elemento educativo aumentaron su popularidad. En las orillas, los bañeros profesionales del bautizo en las aguas del océano, acompañaban a las jóvenes de buena familia en su primera inmersión entre las olas. Al atardecer se dedicaban a los paseos, las excursiones y los bailes. Este mundo de emulación burguesa de costumbres de aristócratas, que a su vez habían hecho suyos los usos bañistas tradicionales de pescadores y proletarios del mar, se transformó en una industria colosal cuando al desarrollo La Costa Brava (en la foto) es sólo un ejemplo del paisaje del Mediterráneo en agosto de las clases medias y la mejora general del nivel de vida se unió la extensión del ferrocarril y de otros medios de transporte. Las vacaciones en el litoral se convirtieron en la gran evasión para Miguel Torres Navarrete Chiringuitero, en Marbella (Málaga) Andrew Sheppard Estudiante escocés, en la Playa de la Barceloneta (Barcelona) El volumen de negocio ha caído un 20 por ciento JOSE MARÍA CAMACHO Miguel Torres dirige desde hace veintidós años uno de los chiringuitos más concurridos de Marbella. Su restaurante, Puerto Playa situado junto al Puerto Pesquero, ha acogido a numerosos personajes famosos como la desaparecida Lola Flores, Severiano Ballesteros o la familia real saudí. Torres afirma que Marbella ha bajado mucho en calidad y volumen en los últimos años. Según el empresario, el negocio cayó entre un 20 y un 30 por ciento en 2004 y las previsiones para este verano no son tampoco muy halagüeñas después del último caso de blanqueo, que ha dañado la imagen de la ciudad. Sin embargo, los veraneantes siguen llenando su local en busca de una cocina tradicional que ha dado la vuelta al mundo. Y si no que se lo pregunten al ex entrenador del Real Madrid Fabio Capello, o a la alcaldesa Marisol Yagüe. Torres asegura que muchos deportistas eligen Marbella por el clima. Afirma que tiene las mejores instalaciones de Europa y detalla que hay más de 40 campos de golf en la Costa del Sol, donde se puede jugar durante los doce meses del año o practicar con las motos acuáticas. Tres en uno: ejercicio, sol y playa JOAN COLÁS Andrew es un joven de 25 años, escocés y que lleva pocos años en España. Explica que uno de sus mayores aficiones es cuidarse el cuerpo, sobretodo muscularse, aunque dice orgulloso que él no va al gimnasio Por otro lado, explica, en cuando empieza la temporada de playa él necesita ir cada día, porque el sol y el mar es uno de los mayores logros de la naturaleza, según él. Así que nos cuenta cuál es su fórmula: Vengo a la playa y hago entre hora y hora y media de ejercicios y luego si me veo muy cansado antes de volver a cenar aprovecho que está el mar cerca para darme un chapuzón Y es que su silueta se la trabaja siguiendo el método natural como él lo llama. El método es el siguiente. Baja corriendo desde su casa (que está a unos tres cuartos de hora) hasta el espigón del gas de la playa de la Barceloneta, donde hay una pequeña zona para muscularse, Andrew es uno de los más fieles del lugar, donde existe un grupo, conocido como los cracks del que forma parte. Bajan a la playa por la tarde cuando el sol no aprieta tanto y se tonifican el cuerpo. Otros prefieren observar.