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48 Los domingos DOMINGO 7 8 2005 ABC SESENTA AÑOS DESPUÉS GERARD J. DEGROOT Profesor de Historia Moderna en la Universidad de Saint Andrews Pronto los grupos terroristas tendrán acceso a este tipo de armas El Enola Gay reluciente AFP The Bomb (Ed. Pimlico) de Gerard J. DeGroot, ha recibido el elogio de la crítica. En sus páginas se relata la historia de la aventura atómica desde su nacimiento hasta hoy, desde el drama de Hiroshima hasta la amenaza de que estas armas puedan ser usadas por los terroristas POR MARCELO JUSTO SERVICIO ESPECIAL Turismo nuclear PEDRO RODRÍGUEZ WASHINGTON. Cualquier peregrinaje por los escenarios y artefactos que hace sesenta años marcaron un terrible antes y después en la historia de la humanidad debe empezar por el Centro Steven F. Udvar- Hazy, el anexo del popular Museo del Aire y del Espacio inaugurado hace dos años junto al aeropuerto internacional de la capital de Estados Unidos. Dentro de ese gigantesco hangar (www. nasm. si. edu museum udvarhazy) se puede contemplar el reconstruido Enola Gay la superfortaleza B- 29 más icónica entre todas las cuatro mil unidades producidas por la compañía Boeing durante la II Guerra Mundial para el teatro de operaciones del Pacifico. El similar bombardero utilizado para atacar Nagasaki, apodado Bockscar puede visitarse en el Museo Nacional de la Fuerza Aérea de Estados Unidos (www. wpafb. af. mil museum situado en Dayton, Ohio. Los escenarios del proyecto Manhattan en Nuevo México también están abiertos a turistas con peculiares gustos. En la ciudad de Albuquerque opera el Museo Nacional Atómico (www. atomicmuseum. com) con replicas de Little Boy la bomba arrojada sobre Hiroshima, y Fat Man la segunda carga utilizada tres días después contra Nagasaki. En la tienda de regalos se pueden comprar viejos contadores Geiger, utilizados por científicos y unidades de defensa civil para medir radiactividad. El legendario Laboratorio Nacional de Los Álamos también cuenta con su propio museo (www. lanl. gov museum) La última novedad es el Museo de Pruebas Atómicas (www. atomictestingmuseum. org) recién inaugurado en la Las Vegas. Este centro cultural, que incluye su biblioteca y archivos, abarca la historia del millar de pruebas con cargas radiactivas realizadas por EE. UU. sobre todo en el desierto de Nevada. Entre los souvenirs hay figuras articuladas de Albert Einstein. LONDRES. ¿Hiroshima y Nagasaki marcaron un antes y un después en la Historia? -Creo que sí. No ha cambiado el ser humano, que sigue teniendo la misma tendencia de siempre a agredir y dañar, pero sí la capacidad de destrucción. Un cambio cualitativo que tuvo un efecto paradójico, porque durante décadas esta capacidad de destrucción mutua impidió la guerra. La bomba obligó a las superpotencias a resolver pacíficamente sus diferencias. ¿Hiroshima y Nagasaki rompieron con el postulado optimista de la ilustración que hablaba de un progreso indefinido de la mano de la ciencia? -Entre los científicos que participaron en la construcción de la bomba había una mayoría tan cegada por su deseo de conocimiento que no les importaban las consecuencias de su investigación. Había un segundo grupo, minoritario, que se cuestionaba sobre las consecuencias. Después de la bomba hubo muchos que se sintieron totalmente desmoralizados por este resultado de la investigación científica y postularon a partir de ese momento que la ciencia no era la solución de todos nuestros problemas. -La versión oficial estadounidense es que la única alternativa era invadir Japón, algo que hubiera costado más vidas. -El análisis sobre Hiroshima y Nagasaki se ha planteado como una dicotomía entre los que aprueban la utilización de la bomba y los que la rechazan. En 1946 la publicación en The New Yorker de un número especial dedicado a Hiroshima mostró por primera vez la realidad de lo sucedido y generó un coro de condenas. Por otro lado muchos defendieron la bomba diciendo que había acortado la guerra. Incluso científicos japoneses de renombre sugirieron que Japón habría luchado hasta el último hombre de no haber sido por Hiroshima. El debate se ha mantenido en estos términos. Es bastante probable que la bomba acortara la guerra y salvara vidas, pero creo que se usó también por otras razones. Estados Unidos quería dejarle en claro a la URSS que tenía la bomba. Se preparaba para la guerra fría. ¿Por eso se arrojó la segunda, en Nagasaki? -Estados Unidos tenía que probar a Japón, a la Unión Soviética, al resto del mundo, que poseía un arsenal. Es parte de la lógica de la guerra. De su maquinaria: una vez que se tiene una bomba que ha costado mucho dinero y esfuerzo se utiliza. ¿Cuáles fueron las consecuencias políticas? -La definición de una superpotencia cambió por completo. A partir de este momento, el país que quería tener acceso al estatus de superpotencia debía tener la bomba. Por eso Stalin estuvo dispuesto a sacrificar a su población para conseguirla. Por eso Francia y Gran Bretaña les siguieron. Y luego China. El corolario inevitable de esto fue la carrera nuclear y la proliferación. El poder de una potencia pasó a depender de la cantidad de armas nucleares que tuviera. -En 1970 se firmó el Tratado de No Proliferación. Entonces tenían la bomba cinco países. Hoy, casi el doble. ¿Cree que el Tratado fracasó? -El Tratado fue un acuerdo entre las potencias nucleares y los países que ya habían decidido que no querían tener armas nu- El poder de una potencia pasó a depender de la cantidad de armas nucleares que tuviera cleares. Los que no lo firmaron fueron los que finalmente construyeron armas nucleares. Casi treinta años después del Tratado, en 1998, Pakistán reveló que había llevado a cabo cinco pruebas nucleares y que eso era necesario por la amenaza que representaba India. Y Corea del Norte e Irán siguen teniendo aspiraciones nucleares. ¿Cómo ve el futuro? -Creo que estamos en una etapa mucho más preocupante que durante la guerra fría, en la que había equilibrio y racionalidad. A menos que resolvamos el tema del terrorismo, pronto estos grupos irregulares tendrán acceso a estas armas. Hay suficiente plutonio en el mundo para que sea una amenaza terrible. Un grupo terrorista no necesita una bomba demasiado sofisticada para causar un daño masivo. Este material es tan mortífero que incluso si se tiene un vaso de plutonio y se lo hace explotar en Nueva York pueda matar a veinte mil personas. Y una buena parte de la ciudad sería inhabitable por mucho tiempo. El gran problema es si el plutonio que tenemos está bien custodiado. Lo hay en países inestables como Pakistán. O en Rusia, custodiado por gente que cobra salarios de hambre, vulnerables al soborno. La tripulación del Enola Gay en una imagen de agosto de 1945, en Mariana Islands AFP