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ABC DOMINGO 7 8 2005 45 Los domingos Gerontocracia árabe. El cambio generacional se asoma a monarquías y repúblicas sin atisbo de aires nuevos La invención de la playa. Espacio de reflexión en la antigua Roma, peligroso en la Edad Media y hoy objeto de masas Jill Donnelly, presidenta del Movimiento Mundial de Madres, pone la maternidad en su sitio Hiroshima y Nagasaki Dios mío, ¿qué hemos hecho? Hace sesenta años, el 6 y el 9 de agosto de 1945, la bomba acabó con cientos de miles de vidas en Hiroshima y Nagasaki. Así cambió la Historia POR EDUARDO GONZÁLEZ CALLEJA HISTORIADOR DEL CSIC n la madrugada del 6 de agosto de 1945, la misión de bombardeo especial n 13 despegó de la isla de Tinian, en las Marianas, y se dirigió a un objetivo prefijado al sur del Japón. Hacia las siete, las alarmas de la defensa antiaérea alertaron de un ataque. Nada excepcional. Desde noviembre anterior, el archipiélago estaba sometido a un bombardeo intensivo. En la madrugada del 9 al 10 de marzo, 334 Superfortalezas habían lanzado sobre Tokio 2.000 toneladas de bombas según el método perfeccionado en Alemania. Fue el ataque aéreo más mortífero de la guerra: 72.489 personas perdieron la vida de forma inmediata y más de un millón su casa en medio de una tormenta de fuego. Entre noviembre de 1944 y el final de la guerra, la USAF efectuaría 20.000 incursiones y lanzaría 134.000 toneladas de bombas, dejando más de 365.000 muertos, cerca de medio millón de heridos y diez millones de personas sin hogar. El avión que esa noche se dirigía hacia la isla de Honshu no tenía la misión de realizar un bombardeo convencional. La bodega de la Superfortaleza n 82 había tenido que ser acondicionada para transportar una carga especial bautizada con el nombre de Little Boy la segunda bomba atómica de la historia estaba a punto de ser lanzada sobre Hiroshima. E Alamogordo, 16 de junio: Hágase la luz El origen inmediato del arma atómica se remontaba a seis años antes. El 2 de agosto de 1939, Albert Einstein escribió a F. D. Roosevelt para informarle que el núcleo del átomo podía ser dividido a través del bombardeo de neutrones, y la energía desencadenada podía provocar una explosión de potencia inimaginable. El presidente, que no recibió el mensaje hasta después de la invasión nazi de Polonia, no le concedió excesi- va trascendencia hasta que su consejero Alexander Sachs le contó la edificante historia de un tal Napoleón que no escuchó los consejos de un tal Fulton para construir una escuadra de buques a vapor capaz de invadir Inglaterra. Roosevelt captó la parábola y se dispuso a pasar a la acción Así nació el Proyecto Manhattan Engineer District que recibió su nombre El hongo, la imagen terrible de la destrucción, el 9 de agosto, en Nagasaki de una unidad especial del Cuerpo de Ingenieros del Ejército adscrita a la Universidad de Columbia en Nueva York. Bajo la tutela del general Leslie R. Groves, el más impresionante elenco de investigadores de la historia, dirigido por Robert J. Oppenheimer, se dispuso a resolver los problemas que implicaba la fisión del átomo. (Pasa a la página siguiente)