Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
44 Sociedad DOMINGO 7 8 2005 ABC Los jueces de Denia y Telde han sido, por ahora, los únicos que han hecho algo más que alzar la voz contra la ley que permite los matrimonios entre homosexuales. Entre ambos han parado ya cuatro bodas y se cuestionan la constitucionalidad de la ley que las regula Cuatro bodas y un tribunal Francisco García- Sotoca Juez de Telde Laura Alabau Juez de Denia Silencio frente a las críticas ERENA CALVO Lejos de la indiferencia DAVID MARTÍNEZ LAS PALMAS. Constitucionalidad o inconstitucionalidad de los matrimonios entre personas del mismo sexo, esa es la cuestión. Al menos así lo ha planteado Francisco Javier García García- Sotoca, magistrado del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 3, encargado del Registro Civil de Telde, que se ha negado ya a tramitar tres bodas gays en el municipio grancanario. Como un jarro de agua fría recibieron la noticia Cristo Elvira y Damián Suárez, una de las parejas que acudieron a García- Sotoca, magistrado con apellido de hidalgo español, y cuya unión podría retrasarse incluso meses si el juez eleva la cuestión al Tribunal Constitucional. De García- Sotoca se han dicho muchas cosas estos últimos días. Según sus compañeros en el juzgado teldense, es una persona educada, y respetuosa; como profesional, excelente. Aunque lleva poco tiempo en el Archipiélago canario, menos de un año, cuentan que es un magistrado con mucha experiencia, y mucho recorrido en la instrucción. Antes de llegar a la isla, ejerció, entre otras actividades, como profesor asociado de Derecho Procesal en la Universidad de Alcalá. Es un magistrado con mucha experiencia. Hombre reservado y poco hablador que elude a los medios de comunicación Miembro de la Asociación Profesional de la Magistratura, vinculada con sectores conservadores, todos los que le conocen coinciden en resaltar su carácter reservado y de hombre poco hablador. Quizá por eso haya eludido prodigarse en los medios de comunicación, de los que se ha escabullido magistralmente. Desde distintos colectivos se le ha acusado de conducta homófoba y de utilizar fraudulentamente la ley, convirtiéndose al mismo tiempo en juez, jurado y verdugo de la misma, como un Juez Dredd del siglo XXI. Aunque en este caso, su fiel ayudante no vive en la mega city de Telde, sino en la de Denia, en Alicante. Laura Alabau, poco convencida también en tramitar bodas entre homosexuales, ha presentado un recurso de inconstitucionalidad contra la Ley 13 2005, de 1 de julio, por la que se modificó el Código Civil para permitir los matrimonios entre personas del mismo sexo. Las coincidencias entre ambos no son pocas. Por lo pronto, los dos pertenecen a la misma asociación, la APM, y, al parecer, estudiaron en la misma Universidad. No importa tanto el nombre, como su vinculación con sectores del Opus Dei, dicen. Coincidencia, o no, lo cierto es que otro García García- Sotoca, de misión en Suramérica, se ordenó hace algunos años como sacerdote de esta institución de la iglesia católica. Pero no todo son críticas, también hay quien ha enarbolado estos días la bandera de la independencia judicial para justificar que se cuestione la legalidad de uniones como la de Cristo y Damián. De la joven magistrada Laura Alabau no puede decirse que sea una juez convencional. Titular del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 3 de Denia transitando el ecuador de la treintena, sus decisiones no suelen dejar indiferente a nadie. Situada en el centro de la controversia creada respecto a la ley del matrimonio homosexual, tras ser la primera en atreverse a plantear al Tribunal Constitucional (TC) la posible inconstitucionalidad de la misma, su iniciativa le ha valido tantos ataques desde asociaciones gays como encendidas defensas desde la magistratura. Alabau, encargada también del registro civil del municipio, cursó sus estudios procesales en Valencia, pero tuvo que trasladarse a Denia al no obtener plaza en la primera ciudad. Desde su llegada a los juzgados de la localidad alicantina, sus propios compañeros de la carrera judicial han podido comprobar la vehemencia con que defiende sus convicciones. El presente caso es sólo uno más. Ya con anterioridad había llamado la atención alguna de sus peculiaridades. Incluso se comenta que en alguna ocasión se llevó a su hijo, de corta edad, al trabajo. Sin embargo, aquellos que la conocen coinciden en Sus compañeros de judicatura dicen que que está persuadida de hacer lo correcto y no está espoleada por motivaciones morales que se toma su cometido, bien como juez de Primera Instancia, bien como encargada del registro, con el máximo celo. Desde las asociaciones de homosexuales se la ha acusado de homófoba, de actuar guiada por sus prejuicios, de alardear de estar en contra de la ley de matrimonios gays y de buscar notoriedad. Claro, que esto último no parece muy verosímil de acuerdo con la aversión mostrada por la juez a cualquier contacto con unos medios de comunicación que se han dado de bruces con su mutismo. Pese a los duros y reiterados descalificativos que se le han dirigido desde diversos colectivos, sus compañeros de judicatura la defienden como alguien persuadido de estar haciendo lo correcto y lejos de estar espoleada por motivaciones personales o morales. Entre las voces que la juez ha conseguido alzar a su favor, suena con singular fuerza la de la Asociación Profesional de la Magistratura (APM) a la cual pertenece. Desde este colectivo se afirma que su compañera no está en contra de la ley, sino que simplemente duda sobre su constitucionalidad y hace su trabajo Es de suponer que Alabau habrá valorado antes de efectuar ninguna acción la viabilidad de la cuestión de inconstitucionalidad. Las propias asociaciones de gays dicen que no procede. Sin embargo, como juez, está capacitada para hacer uso de su potestad y preguntar al TC sobre la ley. Lo único cierto es que la peculiar Laura Alabau está lejos de dejar a nadie indiferente poner negro sobre blanco sus dudas respecto al matrimonio gay. Ni siquiera el Partido Popular lo ha hecho.