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36 Madrid DOMINGO 7 8 2005 ABC La inmigración, en cifras La población ecuatoriana es la colonia inmigrante más numerosa de la Comunidad de Madrid. En total, hay más de 185.000 ecuatorianos inscritos en el censo madrileño. Los colombianos ocupan el tercer lugar, después de los ciudadanos procedentes de Rumanía, en presencia en la región. Hay cerca de 80.000. Madrid está considerada la quinta ciudad ecuatoriana del mundo después de Guayaquil, Quito y Cuenca (en Ecuador) y Nueva York. La gran mayoría de los ciudadanos ecuatorianos que residen en Madrid proceden de la región de Pichincha, en el corazón de los Andes. Allí, a los pies del volcán Cotopaxi, se sitúa Quito, la capital del país, principal foco emisor de emigrantes. Las dificultades económicas que atraviesa la población quiteña contrastan con la riqueza artística de su centro urbano. Fue la primera ciudad del mundo en ser declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco y su centro histórico se considera como uno de los mejor conservados de Latinoamérica. La opulencia de algunas de sus iglesias- -cerca de cuarenta- -es buena prueba de ello. ran la luz y el agua... mejor El que tampoco piensa abandonar es Ricardo, que vive dos casas más allá con sus padres, su mujer y dos hijos. Sus cuatro hermanos residen en España, unos en Bilbao, otros en Madrid. Quedé al cuidado de mis padres. Colaboran enviándoles dinero y a mi un poco también. Al principio la idea que tenían era volver y poder comprar aquí una casa. Se que algún día nos comprarán esa casa, pero muchos no volverán. Es normal, allí están bien Los barrios más pobres de las afueras de Quito son el punto de partida de muchos ecuatorianos que viajan a España Más de 185.000 ecuatorianos y cerca de 80.000 colombianos residen actualmente en la Comunidad de Madrid. El goteo es incesante y la región, en poco más de cinco años, se ha convertido en piedra angular de la inmigración llegada del otro lado del océano Madrid, la quinta ciudad ecuatoriana del mundo TEXTO: SARAH ALLER FOTO: COMUNIDAD DE MADRID El desarraigo familiar Una delegación oficial del Gobierno regional madrileño, encabezada por Esperanza Aguirre, visitó la semana pasada la capital ecuatoriana. El viaje de trabajo, que también les llevó a Colombia, ha servido para conocer in situ los proyectos de cooperación al desarrollo abiertos en ambos países y para impulsar nuevas medidas. La inmigración ayuda mucho en este barrio quiteño, uno de los más deprimidos de la capital, pero el anhelo de sus vecinos es radicalmente distinto. Queremos vivir aquí como seres humanos y eso no cambia en ningún lugar del mundo Todo el que viaja deja atrás una familia desestructurada, el gran problema al que se enfrentan cada día los inmigrantes suramericanos. A veces se van los papás, otras los hijos. El caso es que siempre quedan niños pequeños sin referente y que crecen en las calles comenta una vecina de Reina del Cisne. En Colombia, los menores desarraigados también son presa fácil de las bandas juveniles, un modelo de comportamiento que después exportan a España. Es duro quedarse sólo- -reconoce Maribel- -pero si la situación no se sostiene hay que elegir. Los niños quedan casi siempre al cargo de un familiar, pero es verdad que los padres hacen falta MADRID. Más de 185.000 ecuatorianos están inscritos en el censo de la Comunidad de Madrid. A esta colonia extranjera se suma otro colectivo también numeroso, engrosado por cerca de 80.000 ciudadanos procedentes de Colombia. El goteo es incesante y la región, en poco más de cinco años, se ha convertido en piedra angular de la inmigración llegada del otro lado del océano. La magnitud de este fenómeno ha llevado a decir que Madrid es la quinta ciudad ecuatoriana del mundo después de Guayaquil- -la ciudad más importante del país andino- Quito y Cuenca (también en Ecuador) y Nueva York. Este éxodo suramericano tiene su cara más visible en Madrid capital, revestida ahora de locutorios, tiendas caribeñas, puestos de artesanía andina y empleadas domésticas de acento indígena. La otra cara de la moneda, la que permanece oculta a ojos de muchos madrileños, hay que buscarla en la sierra septentrional de Ecuador, especialmente en su capital, Quito, principal foco emisor de inmigrantes con destino a España. No hace falta perderse por los arrabales de esta ciudad suramericana para darse de cara con su realidad más cotidiana. En cualquier plaza quiteña, junto a algunas de las iglesias más opu- lentas de toda Iberoamérica, las mujeres acechan al viajero ofreciendo artesanía mientras decenas de niños venden sus servicios como limpiabotas. En el extrarradio de la capital, el horizonte tampoco se vislumbra mejor. Las chabolas se abren paso en explanadas polvorientas en las que no hay ni rastro de las escuelas, las calles, el tendido eléctrico y las alcantarillas. Allí, a miles de kilómetros de Madrid, la capital española suena a futuro y, sobre todo, a familia. tafas, buscan en Madrid el futuro que Ecuador, de momento, no les ofrece. La gente vende todo lo que tiene. Muchas veces se queda uno sin nada con tal de pagarse el billete de avión Es Maribel Alfaro, una de las vecinas de este barrio, conocido como Reina del Cisne. Este país no nos abastece. Hay que abandonar, emigrar... aunque no quieras No quiero irme Junto a ella está Jonatan, un chaval de 13 años que sonríe ampliamente cuando se habla de España. Abuelos, tíos y primos, todos viven en Madrid. No sabe dónde ni en qué trabajan, pero el resultado de ese viaje se deja sentir cada mes en las arcas familiares. Con lo que mandan mis abuelos sirve para mantenernos Su hogar, hecho de cemento y uralita, tiene un lustre especial. Tenemos una casa como la de los demás, pero a nosotros, con lo que nos llega de Madrid, nos da para tenerla lucida, pintada y más grande Jonatan no ha salido nunca de Reina del Cisne, desconoce si sus abuelos son felices en España y dice que nunca abandonará su casa. No quiero irme fuera. Estoy a gusto aquí. ¿Mis amigos? Pues están como yo. Si nos traje- Una media de 120 dólares De estas casas minúsculas, que apenas alcanzan los quince metros cuadrados, parten algunos de los ecuatorianos que buscan suerte en nuestra Comunidad. Sus ingresos medios mensuales no superan los 120 dólares por familia y el pago del terreno que ocupan nunca les convierte en propietarios. Ahogados por las deudas y las es- De estas casas minúsculas parten algunos de los ecuatorianos que buscan suerte en Madrid