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ABC DOMINGO 7 8 2005 Internacional 25 Nadie ha podido encontrar una explicación sólida sobre los motivos de los terroristas. No había razones económicas, sociales ni raciales. Tampoco se hace un vínculo claro y directo entre Irak o el conflicto palestino y los atentados Del desarraigo al terrorismo del 7- J TEXTO: ENRIQUE SERBETO. ENVIADO ESPECIAL LEEDS (INGLATERRA) Hace 10 años Leeds era una ciudad gris y contaminada. Ahora que conoce una época de bonanza, tres de sus ciudadanos aparecen involucrados en los peores atentados ocurridos en Gran Bretaña en los últimos tiempos. ¿Suicidas? ¿Víctimas de una abominable manipulación? Un mes después de su muerte nadie ha sido capaz de encontrar una explicación que justifique lo que hicieron esos británicos de origen paquistaní el pasado 7 de julio en la capital de su nuevo país. Ninguno de los terroristas suicidas ha mencionado jamás problemas económicos. Se podría pensar en una rebeldía frente a un ambiente de intransigencia, pero Gran Bretaña ha sido históricamente el paraíso de la tolerancia hacia el integrismo. Se hablará de la guerra de Irak o de los palestinos, pero nadie es capaz de encontrar una relación directa que justifique la decisión de poner bombas en el metro de Londres. La desesperación de los palestinos puede servir para explicar el apoyo social que obtienen los mártires en la comunidad musulmana, pero no es suficiente para explicar la opción individual de los que deciden morir señala el profesor israelí Avisahi Margalit en un reciente trabajo titulado El por qué de los kamikazes Aspecto de una calle de Londres tras la explosión de una bomba en un autobús el pasado 7 de julio distintas oleadas de emigración en el siglo XX. Primero irlandeses, luego judíos; en los 50, afrocaribeños; en los 70, los sijs de la India; y en los 80, paquistaníes. De las dos iglesias cristianas que había en el barrio, una se ha convertido en apartamentos y la segunda ya se habría cerrado de no ser por la guardería que mantiene en sus instalaciones parroquiales, pero la capilla no se abre más que los domingos. Tampoco la mezquita parece un templo floreciente. Es una casa como cualquier otra, con un discreto letrero de centro islámico en la puerta tras la que sólo se ve un deslucido sistema de estanterías para que los fieles dejen el calzado. Pero lo que está claro para el concejal Harris es que Leeds no es la típica ciudad exclusivamente blanca que pudiera justificar el aislamiento de los musulmanes. Puede ser, pero en Breeston, muy cerca de donde vivían tres de los cuatro portadores de las bombas de hace un mes, hay un estupendo parque dotado de buenas instalaciones deportivas y allí casi no se ven más que jo- AP Sociedad multicultural Dicen que la sociedad británica acepta mejor la diferencia que la mezcla. Leeds es en este aspecto un microcosmos de la sociedad británica. Allí conviven gentes de la más diversa procedencia y, entre los mismos musulmanes, se pueden encontrar iraníes que están deseando volver a su país o saudíes que no regresarían por nada del mundo, precisamente porque no quisieran verse forzados a una práctica rigurosa de los preceptos coránicos. ¿Qué hizo que esos tres muchachos se convirtieran en terroristas? Mark Harris, concejal de servicios sociales del Ayuntamiento de Leeds tampoco lo entiende: No puedo explicármelo, pero lo que puedo decir es que no tiene que ver con nada que haya pasado en esta ciudad Hace 10 años, Leeds era una de las típicas ciudades industriales del norte de Inglaterra, con una estructura económica sin futuro. Sin embargo, una bien orientada reconversión la ha convertido en una de las más prósperas del país. A cambio, se ha convertido en una de las más inseguras, aunque el desempleo haya disminuido considerablemente. Aquí el paro no existe y, sin embargo, en Breeston, donde vivían tres de los cuatro autores del 7- J, es muy común encontrar a jóvenes aguantaparedes pasando el tiempo sin nada que hacer en las esquinas. Los británicos de pura cepa que viven aquí han visto pasar por la ciudad Leeds es una ciudad próspera, pero en el barrio musulmán hay muchos jóvenes aguantaparedes vencitos rubios, mientras que los barbudos prefieren seguir viendo pasar el tiempo en la calle. Sería un milagro ver a una chica paquistaní haciendo deporte por allí. En Breeston pocos osan aventurar una respuesta sobre las razones del atentado. Sólo algunos tienen su conspirativa teoría; para ellos hay sólo una explicación: Esto es una conspiración contra el Islam. ¿Se acuerda usted de la muerte de Diana de Gales para que no se casara con un musulmán? pues esto es igual nos comenta Fiaz Sadik, quien cree que la cuestión está clara como el agua porque el Islam es la religión que más crece en el mundo y por eso tiene enemigos La leve sonrisa de los hombres bomba palestinos J. CIERCO. CORRESPONSAL JERUSALÉN. No hay un perfil psicológico único, por eso es tan difícil combatirlos. Forman parte de una complejidad constante y desplegada en un contradictorio laberinto. A lo largo de casi cinco años de Intifada de Al Aqsa ha habido atentados suicidas perpetrados por hombres y mujeres; por adolescentes y adultos; por padres y madres; por casados y solteros; por cultos y analfabetos; por religiosos y nacionalistas... Sin embargo, como explica Boaz Ganor, director del Instituto Nacional Antiterrorista, sí hay algunos puntos en común que hacen posible dibujar con trazo firme el retrato robot de un suicida palestino. Se trataría de un varón, de entre diecisiete y veintisiete años de edad, soltero, universitario, religioso, procedente de una familia de clase humilde, educado en el odio a Israel, con un familiar cercano víctima de la primera o de la segunda Intifadas, que tiende a glorifi- car el suicidio, que concede importancia y veracidad a la promesa del Islam de encontrar una vida mejor después de la muerte (con las 72 huríes, vírgenes, que le esperarían en el Paraíso) harto de la vida que lleva, de la miseria que le rodea, de la falta de futuro, y sin nada más que perder que la vida... que no es poco. Son, según explica a su vez el psicólogo palestino afincado en Gaza, Mahmud Arafat, poco comunicativos, muy reservados, tienen pocos amigos y su familia nunca, o casi nun- ca, sabe de sus intenciones, siempre las mismas: matar en Jerusalén, Haifa, Tel Aviv o Netania a cuantos más judíos mejor y convertirse en lo que imaginan un héroe en la tierra, en un shahid (mártir) al que honrarán los suyos. De ahí que, como señala Nahman Tal, experto del Centro Jaffa de Estudios Estratégicos, sea habitual que los testigos narren tras un atentado suicida cómo vieron sonreír levemente al hombre bomba antes de activar su carga explosiva.