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ABC DOMINGO 7 8 2005 Nacional 21 ÁLVARO DELGADO- GAL EL QUE CON NIÑOS SE ACUESTA... a clase política catalana se ha ido de vacaciones dejando la casa común como una leonera. Las negociaciones en torno al Estatuto han provocado un mosaico de superposiciones múltiples, parciales, y por lo común incongruentes. ERC coincide con CiU en reclamar competencias exclusivas acogiéndose a los derechos históricos, inaceptables para el PSC. Pero ERC se ha alineado con el PSC y desacoplado de CiU en materia fiscal, y así sucesivamente. El galimatías ha sido posible gracias al procedimiento de votación que se sigue en Cataluña. Una comisión estudia una por una las enmiendas a los artículos estatutarios, y da luz verde a las que obtienen mayoría simple. Pero a la hora de la verdad sólo prosperará el paquete completo si cuenta al menos con dos tercios de los sufragios. En el caso catalán, esto confiere el control del proceso a CiU y sus 46 diputados. En principio, el PSC debería haber alcanzado con CiU los oportunos acuerdos parciales. Pero los que han maniobrado en la oscuridad, y se han acercado a los convergentes, son los republicanos. Haciendo balance, se ha verificado una oscilación en torno de las posiciones republicanas, con tendencia a que los socialistas queden en minoría. Todo ello de forma tan confusa, tan rocambolesca, que el sentimiento dominante entre los observadores es el de la perplejidad. Lo más probable es que el personal, dentro de una semana, haya olvidado por completo las astucias y acometimientos de estos días pasados y se limite a pensar que lo de Cataluña es un lío. Destacaré sólo dos puntos. Uno de ellos acentúa el sentimiento de perplejidad, y el otro autoriza conclusiones más o menos firmes. Lo que está sucediendo sólo resulta inteligible si se hace la hipótesis de que el PSC, bien por presiones venidas de Madrid, bien por descoordinaciones entre Maragall y el resto de la rama catalana, ha experimentado un ataque tardío de vértigo. Si la conjetura es buena, se estarían improvisando razones para apoyar un impulso difuso, primario: el de echarse atrás. Señalo esto porque no terminan de perfilarse con claridad los argumentos que teóricamente enfrentan a los partidos. Repárese en los derechos históricos. No integran en absoluto un problema baladí. Una persona que se tomara en serio la Constitución del 78, pugnaría por restringir su aplicación a las excepciones vasca y navarra. Pero los derechos históricos han empezado a venderse a precio de saldo desde hace tiempo. El primer Gobierno Aznar no dudó en invocarlos para transferir a la Cataluña de Pujol competencias sobre tráfico. Y se apela a ellos en el reciente Estatuto Valenciano, aplaudido por populares y socialistas. ¿Cómo se explica que los socialistas hayan dado en considerarlos, de repente, material de alto riesgo? ¿Máxime cuando piden para Cataluña la dignidad de nación, esto es, atribuyen a Cataluña una personalidadpolítica independiente, anterior al Estado español, o incluso al orden surgido de las Cortes de Cádiz? Misterio. L Misteriosa, igualmente, es la pelotera que se ha montado a propósito de las fórmulas fiscales. Los observadores malician que tras la figura del Concierto Económico, propugnado por CiU, se esconde el deseo de no transferir renta al resto de España, o de hacerlo sólo de modo voluntario y discrecional. Pero la propuesta rival, apadrinada por los socialistas y bendecida finalmente por ERC, persigue en el fondo un sistema de cupo, cuyas conse- cuenciasprácticasvendríanasermuyparecidas. No se explica que el Estatuto esté en peligro por disensiones de este tenor. Sólo se entienden bien las diabluras de ERC, el alelo gamberro de CiU. La puja entre las dos formaciones ha sobrecalentado el Estatuto, hasta el punto de sacarlo ampliamente de la Constitución. Informaciones fiables aseguran que los socialistas están muy preocupados. Si llegaran a estar lo bastante preocupados, pedirían a sus socios republicanos ayuda en las labores de contención, y entonces quedaría desprotegida el ala nacionalista de Carod y compañía. El acercamiento de ERC a CiU, denunciado como una traición por sectores del PSC, tiene sentido táctico. Con su corri- miento de última hora, los republicanos dejan al PSC en una situación muy frágil. Si los socialistas se llaman a engaño y disuelven el gobierno, se dibujará de modo automático una mayoría nacionalista. Los nacionalistas alegarán que se ha traicionado a Cataluña, y tocarán a rebato. Si el PSC hace de tripas corazón y se traga el estatuto, Carod podrá afirmar que él, el pez chico, se ha comido al grande. En cualquiera de los casos, mal para el PSC, y mejor para ERC. El PSOE ha descubierto en Cataluña que el viaje con el nacionalismo no sale gratis. Los desafueros ulteriores de Tardá añaden a esta constatación una nota esperpéntica. Los socialistas deberían aplicarse la lección en el País Vasco. Parece que no están por la labor.