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14 Nacional CASO ROQUETAS LA VERSIÓN DE LOS TESTIGOS Y FAMILIARES DOMINGO 7 8 2005 ABC Leonardo Montoya, cuñado de la víctima y portavoz de la familia I. GIL Rocío Santiago (en el centro) empleada del fallecido, junto a familiares que aseguran que vieron los incidentes IGNACIO GIL Juan no iba borracho ni drogado dicen los últimos conocidos que le vieron vivo El cuñado de la víctima denuncia el crimen y las mentiras de los agentes b No más de tres o cuatro perso- nas le vieron ese día, pese a que el imaginario popular y alguna versión oficial lo sitúan en muchos lugares donde, quizás, no estuvo C. MORCILLO. ENVIADA ESPECIAL ROQUETAS DE MAR. Hay dos hombres en Roquetas de Mar que fueron, casi con toda certeza, los últimos en ver con vida a Juan Martínez Galdeano antes de que llegara al cuartel de la Guardia Civil y, curiosamente, de los primeros que se enteraron de su muerte por boca de dos agentes, antes incluso que su familia. Ambos son empleados de la gasolinera de la cadena Shell situada justo enfrente de la casa de la víctima y de su cafetería en la carretera de La Mojonera. Las palabras hay que extraérselas; sus nombres y sus imágenes se quedan en casa. Casi todos los días venía a comprarse un helado, a veces se lo comía aquí y hablábamos un rato, aunque Juan era poco expresivo y daba la impresión de ir a lo suyo. El domingo- -24 de julio, el día de su muerte- -pasó a eso de las tres y media de la tarde y me pidió una litrona Estaba como siempre, tranquilo, ensimismado en sus cosas. No estaba borracho ni drogado. No tiene el aspecto que él tenía alguien que va bebido o colocado El empleado habla con reticencia, aunque asegura que con conocimiento. Él y su compañero estaban de turno esa tarde negra que se llevó por delante a Juan. Le vieron menos de una hora antes de que se desencadenaran los hechos. Ambos están indignados: ¿Cómo puede alguien sostener que iba de coca? Estaba como una rosa. ¿O es que en media hora le dio tiempo a colocarse? Reiteran que nada en su aspecto ni en sus parcas palabras evidenciaba alteración; si acaso, lejanía. A las ocho de la tarde dos agentes preguntaron por los parientes de Juan y los dos trabajadores cruzaron una mirada y adivinaron que no eran buenas noticias por el semblante de quien las traía. Las últimas horas de la vida de Juan Martínez, propietario de una hectárea de tierra, según sus parientes, de un invernadero y de la cafetería Uva apodo por el que se le conocía en Roquetas, están teñidas de una oscuridad a la que deberá pone luces la investigación. No más de tres o cuatro personas le vieron ese día, pese a que el imaginario popular y alguna versión oficial lo sitúan en la feria del Mediodía- -nadie ha confirmado que estuviera allí- en bares de la localidad y en puntos aún más alejados. Sus últimas horas Todo son especulaciones. Mi hijo estuvo con él por la mañana, a eso de las diez. Dieron de comer a los canarios y al perro, y bromearon, como siempre dice Leonardo Montoya, cuñado de la víctima. Nosotros le vimos el sábado. Estuvo limpiando su casa para que no le regañara su mujer a la vuelta- -Nabila, la esposa de Juan, había viajado a Marruecos tras la muerte de su padre y, al parecer, la víctima tenía intención de acompañarla esa misma semana- Más tarde, el niño se fue a la pla- ya con su madre, y ya no supimos de Juan hasta que, cerca de las nueve de la noche, vino una pareja de la Guardia Civil a decirnos que había sufrido un infarto en el cuartel Leonardo reconstruye lo que sabe del último día del hermano de su mujer. No es mucho. No sabe si Juan fue a la feria o si se quedó en su piso, situado pared con pared con la vivienda de sus parientes. Niega que la familia tuviera problemas, niega las rencillas que algunos les atribuyen en Roquetas, aunque tampoco su relato resulta acabado. Ninguno lo es. Faltan horas, minutos, episodios que, a la postre, pueden resultar superfluos o trascendentes, ya lo determinarán las pruebas. Leonardo, convertido en portavoz involuntario de la familia, centra sus críticas en los hechos, pero también en las mentiras ¿Por qué nos dijeron que sufrió un infarto, por qué no nos dejaron verlo? La Guardia Civil estaba cerca, bromeábamos en el bar sobre el fútbol y las multas, y ahora se olvidan. El hermano de Juan, esa misma noche, les dijo en el cuartel: Desgraciados, lo habéis matado y el teniente le replicó que se lo iba a perdonar por las circunstancias, si no, te empapelo de por vida Antonia también vio a Juan ese día, a la una de la tarde, asomado a la ventana, tan guapo como siempre. Era bueno y lo han matado como a un perro Bueno y guapo, ensimismado y a lo suyo, en busca de un sueño, dicen, dejar un hijo. A cambio, sólo ha dejado luto y muchas interrogantes. Un payo que sabía convivir con los gitanos C. M. E. E. ROQUETAS DE MAR. Rocío Santiago sostiene a su bebé en brazos y menea la cabeza sin dar crédito: Era muy buena persona, conmigo no se metía Está rota, con rabia, no entiende qué ha pasado. Intentamos acompañar su dolor, pero es muy grande Rocío, una gitana guapa, se deshace en elogios con Juan. Era su vecino, su jefe, y dice que el amigo de su familia. En corro, en la calle y a pleno sol hablan de convivencia perfecta entre payos y gitanos, ésa que a veces aparece enquistada. Trabajamos para él en el invernadero cogiendo melones, y cuando nos veía cansados decía que pararámos cuentan. Rocío también asegura que lo vio la tarde de los hechos. Dice que iba a la playa con sus dos primas: Cuando pasamos por el cuartel había un jaleo grande y nos acercamos. Juanito estaba en el suelo y daba manotazos mientras lo agarraban. No sabíamos lo que ocurría y no nos atrevimos a acercarnos Jura y perjura que estuvo allí, los testigos aparecen por días, pero lo cierto es que relata escenas que no están recogidas ni por las cámaras ni en la instrucción. Según ella, lo metieron en el cuartelillo y cerraron las puertas, por eso se alejaron de allí, aunque Juan murió en el patio, debajo de un limonero, de una forma nada poética. El grupo de vecinos critica al teniente sin concesiones. Quería meter en la cárcel al marido de mi prima- -se oye- pero yo no lo quise denunciar