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88 Los Veranos SÁBADO 6 8 2005 ABC MENÚ DEL DÍA BARCELONA. LA RUTA DEL XATÓ CARLOS MARIBONA D ejamos la Ciudad Condal rumbo al sur y nuestra primera parada es en Sitges, la populosa ciudad turística, cuya oferta gastronómica es verdaderamente notable. Para nuestra parada elegimos dos de los restaurantes más destacados del litoral suburense. El primero, Maricel, con su espléndida terraza veraniega en el paseo marítimo, es un curioso caso de dualidad en el que conviven con armonía la cocina clásica marinera de esta zona, con sus arroces caldosos como bandera, con otros platos más actualizados en los que se aprecia el interés por una puesta al día. No muy lejos está Picnic, desde donde se divisa la famo- sa punta de Sitges. Un sitio agradable- -mejor aún por la noche- -con una carta clásica de arroces y pescados. Cuando salimos hacia Vilanova y la Geltrú recordamos que toda esta zona forma parte de la llamada Ruta del Xató El xató es una ensalada fría muy popular en el Penedés que se elabora con escarola, bacalao desmigado, atún desalado, tomate y aceitunas arbequinas, cuyo secreto está en la salsa con que se aliña, similar al romesco. Aunque la temporada de este plato es de noviembre a abril, podemos tomarlo en un restaurante de Vilanova, La Cucanya, enclavado en un mirador ajardinado sobre el mar. Curiosamente su carta la comparten platos marineros con especialidades italianas. También en Vilanova, donde acabamos nuestra ruta por Barcelona, es muy recomendable el restaurante del renovado y encantador hotel Cé- DESDE MI BUHARDILLA Europa Tranvías, mercadillos, parques... Bruselas sigue manteniendo sus señas de identidad más iconoclastas a pesar del tiempo y de la disparidad de sus habitantes POR LAURA CAMPMANY opa, la vieja Europa, no tiene nada de doncella. Y si no fuera porque las comparaciones son odiosas, diría que se parece más a la Lozana Andaluza, o a la rebosante Maritornes, o a la propia Celestina, que a la Primavera de Botticcelli o a la Beatriz del Dante- tanto gentile e tanto onesta pare la donna mia... siquiera porque a la una le saca unos años, y a la otra, como mínimo, unos cuantos amantes y no poco comercio. A esta Europa rugosa e incombustible, de vida alegre y cuatro palmos de conchas, tanto si le dicen que sí como si le dicen que no, ya no se le sonrojan las mejillas. Bendita sea. Llegué a Bruselas- the heart of Europe como rezan los carteles que te reciben en el aeropuerto- -en 1987, hace 18 años. Yo tenía 25, un trabajo de escalafón y manguito que, a pesar de todo, se prometía políglota y diverso, y mucho tiempo por delante para desenterrar y amar a esta ciudad de burbujas comunicantes donde conviven lo fastuoso y lo siniestro, la ópera y las marionetas, las frites y unos fuagrases exquisitos. Por muchas calles, todavía hay que apartarse para dejar que pase el tranvía con su tinglado de cables y su bocina Eur humilde y proustiana escuditrasnochada, que parece un lla de lentejas. cencerro. En otras, los cristaEn contra de los más escéples compiten en apresar la ticos pronósticos, la vieja Euluz con su elegante bostezo ropa era un caballo en marde ventanas. Al fondo, muy cha. Un caballo percherón o al fondo de los vacilantes adoun pura sangre, según se terquines, la silueta imperiosa ciara. A veces lento, pero abuy un poco extraterrestre del rridamente seguro, y otras Atomium. A mi madre le gusveces vigoroso y elástico cota mucho Bruselas: sus kiosmo un atleta en puros cuecos, sus parques, sus mercaros. dillos cosmopolitas y arrabaY casi dichosamente invenleros... A mi padre le gustaba cible contra el miedo del pasavisitarme para comerse un do, contra la vergüenza y el faisán en Comme chez soi nauseabundo efluvio del pasaCuando llegué, España acado. La casa en que actualmenbaba de ser admitida en el te resido, la que va del suelo al club de los con techo y no fuicielo en un ascenso brutal e inmos ciento, sino miles, los esabarcable que termipañolitos que desembarcamos en esta tie- A los españoli- na en mi adorada buhardilla transparenrra de nadie y de totos se nos te (donde sigo espedos que nos llenaba la despensa (con bue- veía deambu- rándote, padre, con lar por el ba- mi arsenal de diccionos francos, que no con pesetas) y nos herrio en busca narios y vehemenlaba el corazón. ¡Ríede algún bar cias) estuvo, en los años de la guerra, te tú de los Tercios de lo suficiente- ocupada por los naFlandes! Se nos veía deambular como al- mente ruidoso zis. Aún se estremece la escalera por las nomas en pena por el bay canalla ches, pero con un susrrio comunitario, enpiro de roble, ¡qué alivio! tre la Rue de la Loi y el SquaNo me fascina Bruselas, pere Ambiorix (que sonaba a córo aquí es donde fabricamos, mic de Goscini y Uderzo) en como frailes impuros, el mebusca de algún bar lo sufijunje balsámico de Europa. cientemente ruidoso y canaDonde he conocido a ingleses lla. de la City que sueñan con irse O por el Midi junto a la a vivir a Extremadura, y a estación, donde en los años franceses que han perdido su sesenta se instalaron los pripeluca en Sicilia, y a griegos meros inmigrantes hispanos que cantan corridos mexica- -asturianos y gallegos en su nos, y a daneses que aún añomayoría- en busca de un caran los mojitos de Cuba y son mino de hierro tan sediento capaces de subirse a un avión de luz como nosotros y una La Gran Place de Bruselas, con el manto de flores que la decora durante el ve desastroso y borracho. Tengo amigos que hablan siete lenguas, y gastan bromas que sólo funcionan en una de ellas, y mi preciosa tertulia de poetas ingrávidos, y mis mil y una noches de viajes y vivencias, y Budapest, y Praga, y Cartago, y Nueva York, y Estocolmo, y Dakar, y San Petersburgo, y cinco Continentes de vida brava a mis espaldas. Aquí es donde he aprendido que una idea tangi-