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24 Internacional SÁBADO 6 8 2005 ABC Sesenta años después de Hiroshima existen más de 10.000 cabezas nucleares Miles de personas se reunirán hoy para pedir el fin del armamento atómico b Superado el horror, Hiroshima Ya han muerto más periodistas en la guerra de Irak que en Vietnam b El líder de los chiíes de Irak, el respetado ayatolá Sistani, se pronunció ayer a favor de una Constitución federal y descentralizada, pero fuertemente religiosa ABC BAGDAD. El asesinato del periodista estadounidense Steven Vincent eleva a 80 el número de informadores muertos en Irak, superior ya al de las dos décadas de conflicto en Vietnam, donde fallecieron 70 profesionales, según el Instituto Internacional para la Seguridad de la Información (INSI) Desde el comienzo de la invasión, han perdido la vida en Irak periodistas y profesionales de los medios de comunicación a un ritmo medio de tres cada mes. La gran mayoría eran iraquíes (56) mientras que el resto procedían de EE. UU. (4) Reino Unido (3) España (2, Julio Anguita Parrado y José Couso) Argentina (2) Australia (2) Japón (2) Argelia, Alemania, Irán, Italia, Jordania, Líbano, Palestina, Polonia y Ucrania. Así las cosas, el primer ministro iraquí, Ibrahim al Yáfari, se entrevistó ayer con el líder espiritual de los chiíes de Irak, Alí Sistani, quien respaldó la idea de un Estado federal y descentralizado para intentar acomodar a los kurdos, pero insistió en defender una Constitución fuertemente religiosa. En principio, ayer se tendría que haber celebrado una reunión entre los líderes políticos de cada comunidad iraquí para dar un acelerón a la Constitución. Pero el encuentro se aplazó hasta el domingo. Los kurdos quieren un Estado federal pero de vínculos tan tenues que los árabes temen la ruptura del país. Los chiíes abogan a favor de una Constitución religiosa frente a la oposición de los kurdos. Y los suníes no tendrían problemas para aceptar un mayor papel de la religión, pero son quienes con más firmeza se oponen a las exigencias descentralizadoras de los kurdos. Entre otros motivos, porque si el Estado se rompe y la ciudad de Kirkuk pasa bajo control kurdo, la región suní se quedaría sin petróleo. es una apacible y próspera ciudad de poco más de un millón de habitantes enclavada en un delta formado por siete ríos PABLO M. DÍEZ. CORRESPONSAL PEKÍN. Seis décadas después del horror, Hiroshima es una apacible ciudad de poco más de un millón de habitantes enclavada en un delta formado por siete ríos. En el lugar donde cayó la bomba se levanta hoy el Parque de la Paz, un conjunto de monumentos que recuerda al mundo la capacidad destructiva del ser humano y la constante amenaza de las armas atómicas. No en vano, en la actualidad existen en el planeta más de 10.000 cabezas nucleares con una potencia al menos 20 veces mayor que la de Hiroshima. Miles de personas se reúnen desde hace días en la ciudad para pedir el fin de las armas nucleares. Para hoy está prevista una gran manifestación cuando se cumplen 60 años del lanzamiento sobre la población civil de la primera bomba atómica de la Historia. Ocurrió en la ciudad japonesa de Hiroshima el 6 de agosto de 1945, en una jornada que amaneció radiante y en la que nadie podía imaginarse que el infierno se iba a extender sobre la tierra al cabo de unas pocas horas. Concretamente a las ocho y cuarto de la mañana, cuando un bombardero B- 29 de las Fuerzas Aéreas Estadounidenses, el tristemente famoso Enola Gay lanzó sobre esta urbe nipona la primera arma atómica de la Historia. El artefacto, irónicamente bautizado como Little Boy Niño pequeño a pesar de su carga letal y de sus 4.100 kilos de peso, estalló a unos 590 metros de altura sobre el distrito de Nakajima, un barrio próximo al centro de Hiroshima. De inmediato, la detonación provocó una inmensa de bola de fuego que quemó el aire y elevó la temperatura hasta superar los 5.000 grados centígrados, aniquilando de cuajo todo rastro de vida y generando una onda expansiva cuyos mortíferos vientos huracanados recorrieron 13 kilómetros de distancia en pocos segundos. No en vano, la deflagración liberó tal cantidad de energía, equivalente a 13.000 toneladas de explosivos, que derritió los cuerpos humanos como si estuvieran hechos de mantequilla y desmoronó casi todos los edificios de la ciudad. Miembros de Greenpeace sueltan globos a favor de la paz, ayer en Hiroshima Nagasaki también era arrasada por otra bomba nuclear que se cobraba unas 70.000 vidas. Además de toda la muerte sembrada en ambas ciudades niponas, lo más espeluznante fue el horror desatado tras dichos ataques, imposible de olvidar para los 300.000 hibakusha (supervivientes de las dos bombas) que aún siguen sufriendo, a sus 70 años, las secuelas de aquel genocidio, que forzó la rendición del imperio del sol naciente y el fin de la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico. Algunos de los testimonios más estremecedores fueron recogidos tan sólo un año después por el periodista norteamericano John Hersey en su libro Hiroshima que se centra en las terribles experiencias de un oficinista, un médico, la viuda de un sastre, un sacerdote alemán, un joven cirujano y un pastor metodista. En sus sobrecogedores recuerdos, todos ellos coinciden en señalar que lo primero que notaron fue el silencio, ya que, aunque a varios kilómetros de distancia se escuchó un estruendo ensor- AFP decedor, pocos en Hiroshima percibieron ruido alguno durante la explosión. A continuación, un deslumbrante resplandor les cegó a todos y, al tiempo que se disparaba la temperatura, ascendía en el horizonte una nube de polvo en forma de hongo que llegó hasta los 9.000 metros de altura. El panorama que contemplé después de la explosión era estremecedor rememora el reverendo Kiyoshi Tanimoto, quien observó que toda Hiroshima estaba envuelta en una gruesa miasma mientras columnas de humo se elevaban a través de la polvareda que todo lo cubría Participación política suní El signo alentador de ayer, no obstante, fue que los clérigos suníes se pronunciaron a favor de que la población de esta comunidad participe en las próximas elecciones y no sigan automarginándose del proceso político. Ya existía en el seno de la comunidad suní el debate sobre el perjuicio que les habría ocasionado el boicot de las pasadas elecciones. Aunque, en todo caso, un importante sector de la insurgencia suní está dominado por radicales opuestos a cualquier participación política. Piel abrasada En medio de este escenario dantesco, los supervivientes se dolían de sus heridas y la piel, abrasada, se les caía hecha jirones mientras deambulaban como zombis entre los escombros. Muchos de ellos morirían al cabo de pocas horas y los más afortunados arrastrarían dolorosas secuelas y tumores durante el resto de sus días. Tres días después, Nagasaki De los 350.000 habitantes que tenía Hiroshima en esa época, se calcula que unos 90.000 pudieron morir ese mismo día como consecuencia directa de tan tremenda explosión. En el primer recuento oficial realizado en diciembre de 1945 se da ya la cifra de 140.000 muertos. Sólo tres días después, la ciudad de