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ABC VIERNES 5 8 2005 Internacional 25 Un colono asesina a cuatro árabes israelíes antes de ser linchado b Con este atentado, perpetrado por un miembro del partido racista e ilegal Kaj, los extremistas judíos pretenden sabotear la retirada de los asentamientos de Gaza J. CIERCO NETZER HAZANI (GUSH KATIF) Baruj Goldstein, el colono judío que en 1994 mató a sangre fría a 29 fieles musulmanes en la mezquita de Ibrahim, en Hebrón, se reencarnó ayer en la figura asesina de Eden Tzuberi, de 19 años, también colono de Cisjordania y desertor del Ejército israelí hace dos meses por oponerse al Plan de Desenganche de Ariel Sharón en Gaza. Tzuberi, miembro del partido racista e ilegal Kaj, que aboga por expulsar a todos los árabes de la Tierra Prometida, se subió a media tarde de ayer en Shfaram, localidad drusa del norte de Israel, en el autobús con un solo objetivo: sabotear la evacuación de la Franja con el mayor número de cadáveres musulmanes como moneda de cambio. Un colono israelí cargado con armas que se niega a entregar al Ejército, ayer en Gush Katif, dentro de la franja de Gaza REUTERS Las familias del asentamiento de Netzer Hazani, en Gush Katif, fueron ayer las primeras en entregar sus armas al Ejército para evitar derramar sangre judía durante la evacuación de Gaza Con uniforme militar Vestido con un uniforme militar, armado con un M- 16 tocado con una kipá de judío ortodoxo, con una poblada barba tan negra como negro era el destino de los pasajeros, Tzuberi, del asentamiento de Tapuah, abrió fuego a sangre fría en el interior del autobús, asesinando a cuatro personas, entre ellas al conductor, e hiriendo a doce. Poco después, el colono judío fue asaltado a pedrada limpia por una multitud que no se detuvo en su respuesta, pese a la baldía intervención policial, hasta comprobar que el linchamiento se había saldado con la muerte del asesino. El atentado puede provocar graves disturbios no sólo entre los palestinos de Cisjordania y Gaza sino entre la población árabe israelí, muy importante en el norte del país, y que había permanecido en su mayor parte al margen de la Intifada de Al Aqsa desde que en octubre de 2000 la Policía hebrea matara a 13 de sus miembros. Distintos diputados árabes israelíes de la Kneset responsabilizaron al Gobierno de lo sucedido por alentar con su política de hechos consumados un racismo contra los árabes que se ha apoderado de gran parte de la sociedad israelí La Policía había alertado en las últimas semanas de la posibilidad de que terroristas judíos atentaran contra personas o intereses musulmanes. Las Fuerzas de Seguridad han detenido a extremistas dispuestos a todo para acorralar el plan de Sharón mientras la vigilancia en la Explanada de las Mezquitas en Jerusalén, tercer lugar sagrado del Islam, se ha reforzado día y noche. Y Yoram colgó su fusil POR JUAN CIERCO. CORRESPONSAL NETZER HAZANI (GUSH KATIF) Yoram Tzror, jefe de seguridad del asentamiento de Netzer Hazani, en la franja ocupada de Gaza, lleva todo el día recogiendo las armas, los chalecos antibalas, los cascos y los cargadores de sus 461 vecinos. Con parsimonia y resignación, repite una y otra vez la misma maniobra al descargar el armamento y la munición de su desconchada camioneta y depositarlos con sumo cuidado en su caseta de toda la vida, la misma que fue alcanzada hace sólo unos meses por los fragmentos de un cohete artesanal Qassam lanzado por los palestinos desde esa Gaza en blanco y negro que muy poco tiene que ver con esta otra en tecnicolor. Las 70 familias anaranjadas de Netzer Hazani, asentamiento fundado en 1973 por el Partido Laborista, se han decidido a entregar sus 63 armas, casi una por casa, a los militares israelíes para evitar cualquier posible derramamiento de sangre judía durante su evacuación. Hace semanas que el Ejército y el Gobierno nos dibujan como criminales dispuestos a disparar para impedir nuestra evacuación. Nunca abriríamos fuego contra un Ejército en el que sirven nuestros hijos, nunca dispararíamos contra otros judíos y por eso entregamos nuestras armas, para no caer en las provocaciones de los militares explica Yoram Tzror, padre de 5 hijos y con 17 años de antigüedad en esta colonia religiosa de Netzer Hazani. Junto a él asiente y traduce Avi, un colono del asentamiento de Eli, al sur de Nablus, en esa Cisjordania en la que no paran de crecer las colonias, otras 72 viviendas aprobadas ayer, que se instaló aquí junto a su mujer y sus 6 hijos hace 5 meses en solidaridad con sus hermanos de sangre de Gaza. No defendemos sólo a Gush Katif, lo que está en juego es el futuro mismo de Israel dice convencido de su mudanza momentánea, aunque le suponga conducir dos horas diarias hasta las cercanías de Jerusalén donde dirige un colegio. Pasan las horas y la tensión crece. La ceremonia de entrega de las armas, prevista para las 7 de la tarde, ha despertado gran expectación al ser la primera de estas características sólo unos días antes del comienzo de la evacuación. Lacito naranja Todas las armas, depositadas en una mesa en la plaza central del asentamiento, tienen un lacito naranja. Todos los vecinos visten de naranja. En las esquinas, las farolas, los postes de electricidad ondean banderolas naranjas. Un naranja que se ha convertido en el símbolo en contra del plan de desconexión de Ariel Sharón. El hecho de que entreguemos las armas no significa que nos vayamos a ir sin más. Resistiremos hasta el final. Sharón no es quien para decirnos lo que tenemos que hacer, el único que puede hacerlo es Dios dice Anita Tucker, una iluminada mujer de 59 años, que lleva 29 en Netzer Hazani, donde ha criado a sus hijos y a sus nietos. Mientras se desahoga con nosotros saluda con un cachete cariñoso a su nieto más pequeño quien junto a otros niños, muchos también con sus camisetas naranjas, abandona la guardería junto a su maestra anaranjada por un camino verde de hierba perfectamente segada. El terrorismo no va a acabar porque nos vayamos de aquí. La paz de la que hablan consiste en lograr que dos pueblos sean capaces de vivir juntos no que uno de ellos tenga que salir huyendo del otro. Somos granjeros que queremos vivir en paz comenta mientras explica que la población del asentamiento se ha doblado en los últimos tiempos con la llegada de colonos de Cisjordania. Al fondo, con el sol también anaranjado a punto de perderse en el horizonte del Mediterráneo, descansan las armas con sus lazitos naranjas. Ahí están la de Yoram, la de Avi, la del marido de Anita... Y la de tantos otros que han preferido colgar su fusil antes que apuntar con ellos a otros judíos vestidos de caqui. Cuestión de colores, unos más desteñidos que otros.