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ABC VIERNES 5 8 2005 Opinión 5 MEDITACIONES HEMEROTECAS A este paso, las hemerotecas terminan por amargarle el verano al Gobierno. Pónganse ustedes en situación: agosto 2001 y el caso Gescartera en plena ebullición. En esto sale Caldera (hoy ministro de Trabajo) exigiendo a cinco ministros del entonces Ejecutivo de Aznar (Rato, Montoro, Trillo, Rajoy y Posada) que tomen medidas antes de marcharse ricamente de vacaciones para evitar la desconfianza Los poderes públicos- -añadió alzando la voz- -deben responder inmediatamente Las armas (dialécticas) también las carga el diablo. ¿Quién iba a decirle al PSOE que la sombra de aquel ricamente se le iba a aparecer al Gobierno de Zapatero justo cuatro años después y que aquel deben responder inmediatamente sonaría hoy como un aldabonazo en la conciencia dormida de un Ejecutivo ricamente de vacaciones? La crisis alimentaria desatada por el consumo de pollo contaminadoha cogidoa la ministra de Sanidad de veraneo en Marruecos y el caso Roquetas mantiene en vilo al ministro del Interior, que hasta ayer no había dicho esta boca es mía. Por cierto, ¿dónde está Caldera? MARCO AURELIO LEER Y PENSAR EL RETRASO DE LA AVIACIÓN DIARIO DE HIROSHIMA DE UN MÉDICO JAPONÉS DE MICHIHIKO HACHIYA Turner- Armas y Letras Madrid, 2005 236 páginass 19 euros La muerte llega desde arriba Hastiados y fascinados por las imágenes reiteradas del hongo nuclear, apenas podemos concebir que en su interior algo o alguien logre sobrevivir al múltiple holocausto representado por la combinación de fuego, viento y radiaciones que produce. Del cuarto de millón de habitantes que tenía Hiroshima, en el instante de la explosión- de la que mañana se cumplen sesenta años- murieron 66.000 personas y otras 69.000 quedaron heridas. Su condición silenciosa y lacerante, su sufrimiento más allá de las palabras fueron narrados en este libro impresionante que el premio Nobel sefardita Elías Canetti considera en su prólogo lleno de la precisión, ternura y responsabilidad características en la literatura japonesa. Su autor fue un médico destinado en el hospital de comunicaciones de la ciudad. Aunque herido en la deflagración, tras reponerse se dedicó a ayudar a los sobrevivientes. La proliferación de enfermedades incomprensibles le resulta tan desoladora como la rendición de su patria y la humillación del divino emperador. Sin embargo, aún le quedan razones para la vida. MANUEL LUCENA GIRALDO UENOS días, señores pasajeros, les habla el comandante Menganito; tengo, en primer lugar, que pedirles disculpas por el retraso de este vuelo de nuestra compañía y por las consecuencias que pueda causarles, pero se ha tratado de una circunstancia excepcional en la que bla, bla, bla... Esta alocución se repite a diario tantas veces como vuelan aviones por los cielos de España y, supongo, del mundo. ¿Por qué todos los vuelos cursan con retrasos que ya parecen inevitables? Pues, a tenor de lo que dicen los educados pilotos españoles, una vez es por la llegada tarde del avión de procedencia- -que ellos mismos pilotaban- otra vez es por la congestión de tráfico aéreo, otra vez por una avería excepcional que esperamos solventar en pocos minutos y otras menos veces por inapelables cuestiones meteorológicas. No se trata de CARLOS una compañía en concreto ni de una HERRERA línea en particular: todos los vuelos que tocan Madrid o Barcelona, por ejemplo, están condenados a salir a las tantas. Sus horarios son meramente orientativos. La pista de aterrizaje del Prat está tan lejos de la terminal como la Gran Vía, y el rodaje se hace eterno- -y causa de retraso, claro, ya que no se agiliza el embarque- la de Barajas, ese desastre, tres cuartos de lo mismo. Cuando uno está pacientemente esperando frente a la puerta de embarque de su vuelo y ve que faltan, en teoría, diez minutos para despegar y aún no le han abierto la puerta a la larga cola de pasajeros, se sorprende de que le contesten que el avión no va a tener prácticamente retraso. Tal vez no sea retraso para ellos y lo consideren normal. Efectivamente, el embarque dura media hora y el rodaje hasta el despegue otra media: total, unos tres cuartos de hora y el comandante diciendo otra vez lo que dice durante los vuelos de todo el día. B A las compañías, ni que decir, les sale gratis, a excepción del combustible extra que gastan para intentar recuperar tiempo si ven que la cosa está complicada. Si usted o yo le decimos al amable empleado de la ventanilla que le pagaremos mañana porque excepcionalmente hemos tenido un problema con la tarjeta de crédito o bien éste expele una ventosidad o bien le da la risa, como por otra parte parece lógico. Sin embargo, a usted le cuesta igual el viaje, llegue a tiempo o no. A las compañías habría que pagarles a la llegada, no a la salida: ustedes me han traído, cierto, pero hemos llegado una hora después del tiempo pactado; comprenderá que no le pagaré lo mismo que si me hubiera traído a tiempo. Le descontaré un quince por ciento. Luego que la aviadora se entienda con AENA o con quien haya sido el causante del retraso, pero a usted o a mí que no nos cuenten cuentos, de la misma manera que nosotros no los contamos cuando vamos a pagar. Esta semana, sin ir más lejos, siete vuelos que un servidor ha tomado para desplazarse desde Jerez hasta Nueva Orleáns y la vuelta desde Pensacola pasando por Madrid, todos retrasados al menos una hora. No digamos el que une Madrid y Miami, que creo que ninguna de las compañías que vuelan ha salido puntual en su larga historia. En esta ocasión, la consabida hora hacia allá y una hora y tres cuartos hacia acá. Puede que ahora, querido lector, me esté leyendo en un avión, que ya sabemos es un transporte incómodo, angosto, sacrificado en aras a la seguridad, y, salvo los casos de air- chollo caro. Si el vuelo va retrasado, muéstreles el artículo a los eficientes y amables trabajadores de la aerolínea, que suelen serlo y están cargados de paciencia. Será lo único que se va a llevar. Porque pagar, que lo sepa, va a pagar lo mismo. Vengo quemadito, lo reconozco. www. carlosherrera. com