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ABC VIERNES 5 8 2005 Opinión 3 LA TERCERA DE ABC LOS PROBLEMAS FUNDAMENTALES, ¡POR FAVOR! POR JUAN VELARDE FUERTES Es urgentísimo plantear una nueva política rural. El abandono del problema energético clama al cielo. Y todo ello precisa de un mantenimiento de la estabilidad del sector financiero que en algunos de sus aspectos aun puede provocar más de un sobresalto... A llegado el verano sin que la atención haya recaído sobre ellos, aunque son fundamentales para nuestra vida. Se trata de los problemas clave de nuestra economía. Por supuesto que es muy preocupante la actual situación política, pero no lo es menos la económica. Además, si a graves problemas políticos les añadimos el ácido corrosivo de una recesión, todo se puede complicar de modo muy serio. No es preciso hablar de lo que llevó de la Alemania de Weimar a la de Hitler. Recordemos lo sucedido en España de 1931 a 1936, cuando a pesar de la lúcida advertencia de Ortega y Gasset, en las Cortes Constituyentes el 30 de julio de 1931, en la que señaló cómo un régimen político que no triunfe en la economía, no tiene franco el porvenir no hubo respuesta alguna. Nadie atinó a comprender entonces que crisis económica y cambios políticos radicales son una mezcla explosiva. ¿Lo comprende hoy nuestro Gobierno? H superficial análisis publicado por Financial Times sobre la alta reputación de la economía española con los últimos datos macroeconómicos, vamos a tener un agrio despertar. Que no estoy ahora refiriéndome a entelequias lo prueban dos datos muy serios, que se interrelacionan amenazadoramente. El primero, el déficit alarmante y creciente de las balanzas exteriores, en coincidencia con una caída fortísima de las inversiones extranjeras en España, y el segundo, un continuo y fuerte diferencial de nuestros precios comparados con los extranjeros. Aceptemos la siempre seria proyección de Morgan Stanley para 2005 y 2006 del IPC español y del europeo. Al contemplar lo sucedido desde 2001, -primeros balbuceos del euro- -a 2006- -o sea todo el reinado de esta nueva moneda- nuestro IPC habrá crecido un 16 5 por ciento y el conjunto europeo, un 9 5 por ciento. Además, en abril, hemos sabido que nuestros precios industriales han crecido en tasa anual un 5 por ciento. Entre los quince países industriales más importantes del mundo sólo nos supera, con el 6 por ciento, Australia. Claro que en ambos casos se observa una caída en la producción industrial. Esta inflación y un sector comercial exterior con un déficit que ronda el 5 popr ciento del Producto Interior Bruto son síntomas de una dolencia severa en lo económico. Con este panorama alarmante, es evidente que es preciso eliminar dolencias estructurales muy serias que reinan en nuestra economía. Éstas, además, conviene recordarlo, se entrelazan íntimamente entre sí y con lo que se acaba de indicar. En economía es mucha verdad lo que sostenía nuestro gran economista Flores de Lemus, sobre la no existencia de relaciones de causalidad, sino de funcionalidad. Todo se relaciona con todo. Como recogió un gran economista inglés, Hicks, en economía hay que aceptar unas estrofas del poeta Francis Thompson: No se puede arrancar una flor sin conmover una estrella Esa conmoción, ahora ha comenzado a generarse. Su final, es claro: la consolidación de los llamados índices miseria inflación, desempleo y caída en la producción. Si nos quedamos en el muy El primer motivo de alarma deriva de la cuestión de las balanzas fiscales, que equivale a aquella expresión de que siempre apetece divertirse disparando con pólvora del rey esto es, no a nuestra costa. Lo acaba de denunciar, de modo impecable, Dolores Dizy en su espléndida nota Balanzas fiscales regionales y solidaridad financiera internacional en Revista de Libros mayo 2005. Ya había indicado el profesor Zubiri, cuando comenzó a subir la tensión en torno a este asunto, el año pasado, que el saldo fiscal negativo de una región de renta elevada no es indicativo de que las demás estén creciendo a sus expensas, sino que las ganancias deben medirse por la parte de crecimiento regional imputable por pertenecer a la nación Pero, ¿cómo explicar a los conciudadanos que se administran mal los recursos si no se dispone del chivo expiatorio de que los fondos se han ido a otro lado por coacción del Estado central? Todo esto ha de enlazarse con la necesidad de plantear seriamente, como sostuvo Julio Segura en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas el 24 de mayo de 2005, la cuestión de la eficacia del gasto público. Por otro lado, el alivio de ciertos impuestos parece muy necesario. ¿Y qué decir del extraño planteamiento, harto diferente del habitual en la Unión Europea, de las contribuciones empresariales para la Seguridad Social? Pero esto ¿no debe enmarcarse, a su vez, en un equilibrio estricto presupuestario del Sector Público? Todo conduce, pues, a la necesidad de estructurar, con la base, naturalmente, del sistema fiscal Fuentes Quintana- Fernández Ordoñez, un nuevo sistema tributario. Simultáneamente, es preciso abordar el tema de la inseguridad jurídica, que altera de modo continuo el orden del mercado, sin lo que nada cabe hacer. Late, por igual, detrás de los contratos de arrendamiento; del asunto de la rigidez laboral, por cierto fundamental para disminuir nuestra tasa de desempleo sin acelerar la inflación, llamado por los economistas NAIRU; del excesivo intervencionismo, que una y otra vez asoma su fea cara, como sucede ahora mismo en relación con el sector inmobiliario; también del corporativismo, siempre con tremenda influencia, que podría explicar la inacción del Tribunal de Defensa de la Competencia. Existe, desde luego, una mejoría en el Índice de Percepción de la Corrupción de 1995 a 2005, pero no en el grado deseable. Todo esto ha de ir acompañado de dosis notables de paz social, que una y otra vez intentarán alterarse por todos aquellos para los que el mantenimiento de estructuras alejadas del orden del mercado es fuente de beneficios notables. Un tercer planteamiento se liga a la aceptación del fenómeno de la globalización. Todos esos lloriqueos, como los de Stiglitz, sólo sirven en España de pretexto para mantener viejas estructuras y ataques a los consumidores. Pero esto obliga a otra cultura empresarial. Nuestros dirigentes del sector privado han de comprender que necesitan actuar, no ya desde la perspectiva del nacionalismo económico español o, exclusivamente, con una peligrosísima atracción hacia Iberoamérica, sino que deben saber actuar en Europa. El abandono en el que se ha dejado a nuestro continente, y desde luego a su zona oriental- -las honrosas excepciones, son eso, excepciones- es lamentable. Nuestra competitividad cae, por los motivos expuestos más arriba- -inflación, esclerosis en el sector público, mantenimiento de prácticas de restricción de la competencia- de modo tal que es preciso el plantearnos cómo tener una industria muy nueva. Nuestra manufactura basa su eficacia, demasiado exclusivamente, en las multinacionales extranjeras afincadas en España. Para esto último es preciso acertar en el triple mundo de la innovación, la investigación y la tecnología. Con esto nos asomamos al mundo de los sectores productivos. Es urgentísimo plantear una nueva política rural. El abandono del problema energético clama al cielo. Y todo ello precisa de un mantenimiento de la estabilidad del sector financiero que en algunos de sus aspectos- -no el bancario- -aun puede provocar más de un sobresalto. ¿Y cómo dejar a un lado las consecuencias económicas de la intensa revolución demográfica que vive España con considerable inmigración, envejecimiento y caída fortísima en la natalidad? Ignorar que, grosso modo dentro de veinte años pueden existir 30 millones de españoles nacidos en España y unos 20 millones de inmigrantes, podría ser una locura. Es preciso convertir a esos 20 millones de personas en tan españoles como las otros y comenzar ya a ello. ¿Y cómo dejar a un lado la financiación de una defensa que ha de garantizar que el Mediterráneo sea un lago apacible, por mucho que apetezcan otra cosa integristas o salafistas? Sin paz en este mar se originarían, en el turismo y en ese tráfico mercantil de Europa con Extremo Oriente que progresa con una rapidez que asombra, crisis grandes que se proyectarían hacia nuestra economía. Todo esto ha de encajarse en la Unión Europea. De otro modo el proceso español de convergencia con el mundo rico, después de todo lo avanzado, se vendría al suelo. Los problemas están ahí. Pueden organizar, si no se resuelven, como dice Myrdal, una situación de causación acumulativa negativa de la que, luego, es muy difícil salir. España tiene como espejo lo que sucede ahora mismo en Francia por haberse negado reiteradamente a cambiar a fondo su economía. Recalquémoslo: sin abordar las reformas estructurales mencionadas, se detendrá nuestro progreso.