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ABC MIÉRCOLES 3 8 2005 47 FESTIVAL DE BAYREUTH LOHENGRIN: LA DESMITIFICACIÓN DEL HÉROE OVIDIO GARCÍA PRADA ABC l montaje del inglés Keith Warner, después de cinco años de revisión y pulido en el taller de Bayreuth alcanza su clímax como una puesta en escena densamente simbólica, la más consistente de cuantas se presentan este año en el festival wagneriano. Hay una depurada composición escénica con pulcro equilibrio de formas y de masas, más la luz como elemento plástico. Escénicamente, el primer acto es el mejor resuelto. Es la producción de mayor carga política. En ella se desmitifica radicalmente la figura del caballero del cisne la figura del héroe, que aquí no se presenta como el salvador personaje resplandeciente de punta en blanco, sino con el negro de la desesperanza y resignada fatalidad. Tampoco hay gloriosos desfiles de guerreros, ni cuadros ensalzadores del poderío, sino una sucesión de colages en un ambiente general de tenebrosidad, negrura y desolación escénica y anímica, que desenmascaran la legitimación numinosa del poder y subrayan la imposibilidad del amor. La BBC estaba muy interesada en grabar en DVD esta puesta en escena, pero canceló ahora el proyecto, debi- E do a los altos costos de producción en Alemania. La crisis discográfica de la música clásica ha llegado a Bayreuth. Con ello, este montaje redondo redondo pasará definitivamente a la historia. En cambio, prosigue el proyecto de restaurar y editar cada año oficialmente en CD durante el Festival, con la colaboración del sello muniqués Orfeo, una de las grabaciones originales realizadas en vivo por Radio Baviera en los Festivales de Bayreuth de los años 50. Las ediciones piratas existentes están prohibidas en Alemania. Así se hizo hace días con el legendario Anillo del Nibelungo de 1956, dirigido por Hans Kpnappertsbusch. En su elenco canoro figuran casi todas las supervoces del Nuevo Bayreuth (Hotter, Varnay, Windgassen, Neidlinger, Greindl, Uhde, etc. y una orquesta fogosa, creadora de terrorífica tensión dramática, como un volcán eruptivo, por ejemplo en el preludio de La Valquiria Una excitante buena nueva para el mundillo wagneriano. Resulta ya tópico tener que hacer referencia, salvo honrosas excepciones, a los déficits vocales. P. Seiffert (Lohengrin) y Petra- Maria Schneider (Elsa) forman pareja en las tablas y Hay una depurada composición escénica equilibrada de formas y masas, más la luz como elemento plástico están también casados en la vida real. Él, que sigue siendo aún uno de los mejores tenores wagnerianos, con fraseo perfecto en el tercer acto, el propiamente suyo, y ella, aunque insegura en los agudos y propensa a forzar, plasmó en la tesitura media y los pianísimos la inocente fragilidad del personaje. R. Trekel, único superviviente del elenco vocal original y otrora sólido Heraldo, flaqueante. A un nivel discreto, el resto: R. Hagen (rey Enrique) ahora con algo más hondura y volumen; H. Welker (Telramund) con canto sincopado y floja articulación, y Linda Watson, una Ortrud penetrante, pero poco versátil, estridente en los agudos, un molesto vibrato incluso en los registros medios e inaudible en los bajos. Imponente y explosivo el coro, como siempre una constante en todas las veladas. En esta ópera es omnipresente; Wagner nunca le concedería tal preponderancia en sus obras posteriores. En sus seis años de historia la producción ha tenido tres directores musicales: A. Pappano, A. Davis y ahora Peter Schneider, que ya dirigió la obra en la producción precedente del cineasta Werner Herzog. Una dirección recatada y, en el buen sentido de la palabra, rutinaria. Al final, repetidas tandas de aplausos para todos los intérpretes, especialmente con fuertes ovaciones para P. Seiffert, la escenografía y el coro.