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20 MIÉRCOLES 3 8 2005 ABC Internacional El Rey Fahd es enterrado en una ceremonia austera según los cánones del wahabismo Bush envía a Cheney a Riad y evita ofrecer su pésame en primera persona b Jefes de Estado musulmanes y occidentales se dieron cita en la mezquita de Al Oud y en el Palacio Real para mostrar su respeto al nuevo y continuista Monarca JUAN CIERCO. CORRESPONSAL JERUSALÉN. No hubo funeral de Estado pese a tratarse de un Rey absoluto que dirigió con mano de hierro y puño cerrado su país durante 23 años de reinado compartido con su hermanastro. La estricta escuela fundamentalista islámica del wahabismo lo impide. No hubo banderas a media asta sino a palo entero, con la inscripción de siempre bajo fondo verde No hay más Dios que Alá No se cerraron los comercios, ni se aplazaron las reuniones de trabajo, ni se aparcaron los negocios, ni se encerraron los ciudadanos en sus viviendas. No habrá días de duelo, ni luto prolongado. Sólo las televisiones, con sus lecturas continuadas del Corán, daban la nota pintoresca. La estricta escuela fundamentalista islámica del wahabismo lo impide. No hubo más actos que una ceremonia austera, presidida por su hermanastro, el nuevo Monarca Abdalá, y celebrada en dos actos en la mezquita del imán Turki bin Abdalá y en el cementerio de Al Oud. Tal y como mandan los cánones de la estricta escuela fundamentalista islámica del wahabismo. No hubo grandes palabras, ni pequeñas, sólo las del jeque Abdelaziz al Sheij, quien pronunció la oración de la muerte en presencia de los jefes de Estado y de gobierno árabes y musulmanes, que no de los occidentales, que esperaron turno en el Palacio Real hasta el final del rezo de la tarde. Lo impone la estricta escuela fundamentalista islámica del wahabismo. No hubo grandes concentraciones populares ni particulares muestras de emoción, tampoco en el cementerio público de Al Oud, donde el cuerpo del Rey Fahd llegó en ambulancia envuelto en un sudario blanco, cubierto con una tradicional abaya (capa) marrón, tendido sobre una modesta tabla de madera con inscripciones coránicas. Lo dicta la estricta escuela fundamentalista islámica del wahabismo. No hubo nombres en lápidas, ni siquiera hubo lápidas sino unos pilares situados a la altura de pies y cabeza; ni otra cosa que no fuera tierra revuelta y anónima ante la única representación familiar, que no de autoridades extranjeras o locales. Todos los musulmanes regresan del mismo modo al polvo, con Talabani, Abbas y Karzai (de izquierda a derecha) antes del entierro en Riad AP Don Juan Carlos viajará a la capital de Arabia Saudí a finales de semana A. MARTÍNEZ- FORNÉS P. DE MALLORCA. Su Majestad el Rey tiene previsto trasladarse a Riad en las próximas horas para transmitir personalmente a las autoridades saudíes sus condolencias por la muerte del Rey Fahd, con quien mantenía una vieja y estrecha amistad. La Casa del Rey no ha confirmado todavía la fecha oficial del viaje, ya que se está a la espera de la respuesta del gobierno saudí, que previsiblemente se conocerá hoy, pero lo más probable es que Don Juan Carlos se traslade el viernes a Arabia Saudí y que regrese a España el mismo día. En principio, el Rey viajaría a la capital saudí desde Palma de Mallorca, donde se encuentra actualmente en su residencia estival del Palacio de Marivent, y después regresaría a la isla para reanudar sus vacaciones de verano. En cuanto se enteró de la noticia de la muerte del Rey Fahd, Don Juan Carlos trans- mitió por teléfono y por telegrama su pésame a las autoridades saudíes, pero su intención es poder hacerlo personalmente en las próximas horas. Asimismo, el Rey decidió no salir a navegar el día del fallecimiento y ordenó que las banderas del Real Club Náutico de Palma, donde se disputa en estos días la regata de la Copa del Rey, ondearan a media asta. Además, Don Juan Carlos vistió, en señal de duelo, una corbata de color negro independencia de cómo haya sido su paso por el mundo terrenal, según estipula la estricta escuela fundamentalista islámica del wahabismo. Así fue enterrado ayer, después de la oración de la tarde, el Rey Fahd bin Abdelaziz, fundador de la moderna Arabia Saudí; guardián de las dos mezquitas santas (La Meca y Medina) y de las reservas de oro negro más importantes del mundo, e intérprete supremo de la estricta escuela fundamentalista islámica del wahabismo. Un entierro austero, sencillo, recoleto, sin el boato, ni el lujo ni el esplendor de una vida nada austera, nada sencilla, nada recoleta a lo largo de un reinado envuelto en guerras regionales; tardías batallas contra el terrorismo de Al Qai- Un reinado bajo sospecha J. C. JERUSALÉN. No estuvieron, sin duda, los derechos humanos entre los principios a defender por el fallecido Rey Fahd de Arabia Saudí durante sus 23 años de ordeno y mando. Tanto el Departamento de Estado norteamericano, el Congreso de los Estados Unidos e incluso la Casa Blanca, más aún en los últimos tiempos donde la fluidez en las relaciones entre Washington y Riad no es la misma que hace años a raíz de los atentados suicidas del 11- S, han denunciado en más de una ocasión las violaciones sistemáticas y tozudas de los derechos humanos en el reino wahabí. También lo han hecho, y lo hacen año tras año sin descanso, las más prestigiosas organizaciones internacionales de derechos humanos, caso de Human Rights Watch y Amnistía Internacional. Entre las lindezas que denuncian en sus informes aparecen casos probados de torturas; detenciones arbitrarias; abuso de los presos; agresiones a los emigrantes, quienes tienen que entregar a sus señores sus pasaportes al entrar en un país donde realizan los trabajos sucios en condiciones que rayan la esclavitud; aplicación de la pena de muerte en ejecuciones públicas; intolerancia religiosa; discriminación de las mujeres, que andan varios pasos por detrás de sus maridos, y de las minorías... Todo bajo la estricta supervisión y vigilancia de la temida mutawa la Policía religiosa, que vara en mano, golpea ahí donde más duele a emigrantes y extranjeros, también a miembros del cuerpo diplomático, que no respetan las estrictas reglas fundamentalistas del wahabismo.